Ramzán Kadírov es el jefe de la República de Chechenia. Gobierna este territorio ruso desde 2007 con apoyo de Vladímir Putin a cambio de mantenerlo favorable a sus intereses y en paz después de dos guerras previas contra Moscú. Kadírov se ha vuelto más conocido desde la guerra en Ucrania por sus publicaciones en Telegram con posiciones radicales y por la participación de su ejército, conocido por sus abusos.
Una región conflictiva
La relación entre chechenos y rusos ha sido históricamente compleja. Chechenia es una región montañosa ubicada en el Cáucaso que comenzó a formar parte del Imperio ruso en 1864. Desde entonces se ha diferenciado al estar habitada por musulmanes suníes con una cultura y lengua propias. Tras la caída de los zares, la región pasó a formar parte de la Unión Soviética. Se trata de un territorio rico en gas y petróleo, y con una ubicación privilegiada para Moscú.
Con la disolución de la URSS en 1991, los chechenos autoproclamaron la República Chechena de Ichkeria. Su líder, Dzhojar Dudáyev, armó milicias para asegurarla, dando paso a una guerra de guerrillas contra rusos, prorrusos y mercenarios. La primera guerra chechena fue desde 1994 hasta 1996, pero la firma de la paz no evitó que estallara la segunda en 1999. Al conflicto le siguieron operaciones antiterroristas rusas contra los islamistas chechenos que invadieron la república rusa de Daguestán en 1999 y cometieron el atentado del Teatro de Moscú en 2002 o la masacre de la escuela de Beslán en 2004. El conflicto dejó acusaciones de crímenes de guerra para ambos bandos y decenas de miles de muertos. Rusia finalmente retomó el control y sofocó el separatismo con ayuda del líder checheno Ajmat Kadírov, padre de Ramzán.
Los caudillos de Chechenia
Los rusos habían asesinado a Dudáyev en 1996. Desprovistos de un líder claro y ante la llamada a la yihad, islamistas chechenos y extranjeros formaron milicias ante la intervención rusa de Chechenia. El Kremlin buscaba entonces a un líder afín que estabilizara la región. Ajmat Kadírov, quien había sido gran mufti y líder independentista durante la primera guerra chechena, pasó en la segunda al bando ruso ante la violencia e inestabilidad junto con su hijo Ramzán. Desde entonces se volvió un aliado de Vladímir Putin.
Ajmat Kadírov fue nombrado jefe del Gobierno checheno en el año 2000. Ordenó extorsionar a las familias de los rebeldes y arrestar, secuestrar, torturar o asesinar a personas sospechosas de conspirar contra Rusia o el Gobierno checheno. Sin embargo, fue asesinado en 2004, acusado de traición por terroristas rebeldes. El Kremlin nombró a un sucesor ruso que dimitió tras varios intentos de asesinato, y después puso en el cargo a Ramzán Kadírov. Desde entonces, el líder checheno ha mantenido el orden con el apoyo económico de Rusia, una presencia mediática en defensa de los musulmanes y los métodos represivos de su padre contra sus detractores. En particular, ha continuado la persecución, represión y asesinatos de personas LGTBI.
Putin y Kadírov se necesitan
Putin apoya y mantiene en el poder a Kadírov, que responde con lealtad: conserva Chechenia para el Kremlin y envía sus tropas a conflictos en los que Rusia ha participado, como la guerra en Siria. Ajmat Kadírov creó un ejército checheno, los llamados kadírovtsi, que han vuelto a combatir bajo el mando de Ramzán como un grupo paramilitar. Diversas organizaciones de derechos humanos han denunciado sus métodos violentos en Chechenia y en otros conflictos. Para la invasión rusa de Ucrania, Ramzán Kadírov pudo haber enviado unos 12.000 hombres que habrían participado por lo menos en la masacre de Bucha.
Kadírov forma parte del “partido de la guerra”, una facción radical en el Kremlin. Ha destacado por su presencia mediática con posiciones radicales sobre lo que Rusia debería hacer en el conflicto. Por ejemplo, declaró que tomaría medidas más drásticas para restablecer el orden en Ucrania, aseguró que enviaría a sus hijos menores a combatir e incluso hombres suyos habrían intentado matar al presidente ucraniano Volodímir Zelenski. No obstante, Kadírov ha procurado mantener a sus fuerzas leales al Ejército ruso. El desenlace de la guerra definirá su futuro, aunque ya ha planteado crear su propia compañía militar privada.