Chechenia, de enemigo de Putin a su secuaz más fiel

Chechenia ha pasado del separatismo al centro de la vida política rusa. El Kremlin le permite al líder Ramzán Kadírov gobernar la región con puño de hierro a cambio de su lealtad política y de reclutar a miles de combatientes para las campañas militares rusas.
GeopolíticaRusia y espacio postsoviético
Chechenia, de enemigo de Putin a su secuaz más fiel
Fuente: Wikimedia

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Los chechenos son las estrellas mediáticas de la guerra de Rusia en Ucrania tanto como los combatientes del Grupo Wagner. Redes sociales como VK o Telegram están repletas de vídeos de las fuerzas kadirovitas, con sus barbas y características boinas, llamando a la guerra santa y a aniquilar a sus enemigos. Su líder, Ramzán Kadírov, aparece con frecuencia en internet pidiendo usar armas nucleares contra Kiev. 

Los críticos aseguran que la presencia de los chechenos es solo propagandística, y algunos de sus vídeos parecen grabados lejos del campo de batalla. Pero las fuerzas de Kadírov han demostrado ser expertas en atemorizar y doblegar ciudades enemigas, desde Alepo, en Siria, hasta Mariúpol, en Ucrania. Dentro de Rusia, la propaganda incesante del líder checheno a favor de Vladímir Putin le ha convertido en un modelo a exportar para otros líderes regionales mientras se garantiza autonomía y poder en el Kremlin.

Chechenia, la primera guerra de Putin 

La llegada de Putin al poder no puede entenderse sin Chechenia. Aunque hoy se vea a los chechenos como fieles combatientes del Kremlin, hace dos décadas eran una grave amenaza para Rusia. Los chechenos son un grupo étnico del Cáucaso, con una lengua propia y de mayoría musulmana, al que Rusia gobierna desde mediados del siglo XIX. Con la caída de la Unión Soviética, aprovecharon para proclamar una república que ningún país reconoció.

Tras un primer intento de recuperar el control de la región entre 1994 y 1996 que acabó con la victoria de las fuerzas separatistas, Rusia lanzó una segunda ofensiva entre 1999 y el 2000. Esta sí triunfó y culminó con la reincorporación de Chechenia a la Federación. El logro catapultó la popularidad de Putin, entonces presidente en funciones, allanando su camino para las elecciones de marzo del 2000. 

Uno de los principales artífices del triunfo ruso en Chechenia fue el líder miliciano Ajmat Kadírov. Durante la primera guerra chechena había dirigido un importante grupo insurgente, pero en 1999 desertó para respaldar al Kremlin. Gracias al apoyo de Kadírov el Ejército ruso pudo tomar el control de la capital chechena, Grozni, después de un mes de asedio. Como recompensa, Putin nombró a Kadírov presidente de la nueva república de Chechenia dentro de la Federación Rusa. Desde entonces, el poder ha permanecido en su familia: cuando Adjmad fue asesinado en 2004, pronto le sucedió su hijo Ramzán.

Una fachada para el Kremlin

Ramzán Kadírov gobierna Chechenia como un auténtico señor feudal. Mantiene su lealtad a Putin a nivel nacional, pero en su región manda él. Pese a los recelos de los servicios de seguridad rusos, Putin ha consentido este margen de maniobra. Por un lado, necesita a Kadírov para gobernar un territorio con etnia y lengua distintas a las del resto de Rusia. Por otro, se beneficia de las campañas propagandísticas del líder checheno a favor suyo. Kadírov ha construido una imagen de fiel servidor de Putin y de Rusia que los rusos en general aprueban, y el Kremlin aspira a replicar este modelo de caudillo feudal en otras regiones.

A cambio de su lealtad, Putin permite que Kadírov gobierne la región de forma casi independiente. El líder checheno lo hace con puño de hierro y cometiendo incontables episodios de violencia contra la población. Según la ONG Human Rights Watch, la tortura, el secuestro y el asesinato de figuras de la oposición y de la sociedad civil son tan comunes que podrían alcanzar la categoría de crímenes contra la humanidad. Kadírov también ha sabido encontrar puntos de encuentro entre el conservadurismo ortodoxo de Putin y una versión extremista del islam, por ejemplo, persiguiendo con violencia a la población LGTB local.

La seguridad en Chechenia sigue en manos de los kadirovitas, que superan los 70.000 combatientes, según datos de Rusia. Con los años, sin embargo, las fuerzas chechenas se han visto semiformalizadas como una unidad de la Guardia Nacional rusa, que responde directamente a Putin. El propio Kadírov ha ascendido a coronel general, el tercer rango más alto dentro de las Fuerzas Armadas de Rusia. Al mismo tiempo, el grupo se ha modernizado con vehículos de guerra y artillería pesada enviados desde Moscú. 

Los chechenos, un arma de guerra psicológica para Putin

Putin no solo ha usado a las fuerzas de Kadírov para controlar Chechenia. También las ha desplegado en el extranjero. Tras demostrar su capacidad de someter grandes núcleos urbanos, como Grozni, Rusia los envió en 2016 a Siria para proteger a su aliado Bashar al Asad de su propia población. El Ejército ruso quiso que su presencia en el terreno fuera mínima y recurrió a este y a otros grupos, como Wagner. Los hombres de Kadírov mantuvieron el control en las ciudades, e incluso muchos formaban parte de la policía militar rusa.

De cara a la invasión de Ucrania, Putin volvió a convocar a los kadirovitas para mantener el control del territorio. Los chechenos han estado en las batallas más cruentas, como las de Mariúpol o Bucha. Pero a diferencia de la presencia en Siria, donde se aprovechó que los chechenos son musulmanes para que fueran más tolerables que los soldados rusos, el Kremlin estaría usando este mismo rasgo para atemorizar a la población ucraniana. El uso de los chechenos como arma de guerra psicológica también se ve en plataformas como Telegram o VK, donde el propio Kadírov sube vídeos con frecuencia.

La efectividad de estos combatientes sobre el terreno también se ha cuestionado y tildado de propagandística más que militar. Por ejemplo, algunos vídeos de Kadírov y sus hombres parecen filmados a kilómetros del frente. Propaganda o no, Kadírov sí que ha enviado a miles de combatientes a Ucrania. Con ello se ha vuelto una de las principales voces del “Partido de la Guerra”, el ala dura que anima a Putin a aumentar su compromiso con la invasión y critica una supuesta tibieza de los militares.

La estrategia mediática busca elevar a Kadírov frente a la cúpula militar rusa y consolidarlo ante la población chechena. No en vano, algunos sectores siguen sin respaldar a la familia Kadírov más de veinte años después de la guerra con Rusia, e incluso algunos batallones se han unido al bando ucraniano. Aun así, Kadírov es uno de los actores más poderosos del Kremlin. Putin le da rienda suelta por su lealtad, su control sobre Chechenia y su capacidad para movilizar combatientes con experiencia. Por ahora la alianza beneficia a ambos líderes, pero podría cambiar si el presidente ruso llega a verse internamente amenazado, o si la ambición de Kadírov le lleva a desafiar a su jefe para ascender en el Kremlin.