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Las banlieues son las periferias de las grandes ciudades en Francia. Son suburbios más acomodados o desfavorecidos, pero el término en español suele hacer referencia a los segundos. Se extendieron a partir de los años sesenta ante la llegada de inmigrantes de las antiguas colonias francesas, y su ubicación y la falta de servicios las han convertido en núcleos marginados en tensión con los centros urbanos. Las banlieues se han conocido por su situación marginal, la pobreza, el desempleo o el fracaso escolar, y por ser foco de protestas. Los Gobiernos han tratado de mejorar su situación, pero no han tenido los resultados esperados.
Periferias para obreros y migrantes
Como otras grandes ciudades europeas, París vio aumentar su tamaño y población a raíz de la industrialización de los siglos XIX y XX. En ese marco, las banlieues primero representaron la tranquilidad para quienes podían trabajar o jubilarse viviendo a las afueras. El éxodo rural francés y la descolonización provocaron a partir de los años cincuenta y sesenta del siglo XX una mayor migración hacia las ciudades del país, tanto interna como de las antiguas colonias francesas. Por tanto, fue necesario construir zonas residenciales para albergar a toda esa población. La masificación de las ciudades y la redistribución de la población en distintas zonas hizo que la mayoría de los inmigrantes tuvieran que asentarse en las periferias.
La construcción de viviendas públicas en los años sesenta y setenta apuntó a solucionar la falta de acceso a la vivienda en las ciudades francesas. Sin embargo, creó zonas marginadas con edificios y zonas comunes mal mantenidas. Los inmigrantes quedaron alojados en esas banlieues, separadas de los centros urbanos y sin escuelas, centros sanitarios o transportes. Desde entonces, la ubicación y esa escasez de servicios ha marcado el cinturón urbano alrededor de París. El fenómeno también se da en Lyon o Marsella.
Esa brecha entre los centros urbanos y las periferias ha sido una fuente de tensiones en la sociedad francesa. El departamento de Sena-San Denís, al noreste de París, es uno de los núcleos periféricos en tensión constante. Allí se concentran las viviendas públicas, que suelen ser grandes bloques donde vive la mayoría de la población. El Gobierno francés ha invertido millones de euros en las banlieues para mejorar sus edificios, zonas verdes y el transporte hacia el centro de París, en especial en lo que va de siglo. Sin embargo, siguen siendo zonas con elevadas tasas de desempleo, fracaso escolar, drogadicción, pobreza y delincuencia. Por ejemplo, en Clichy-sous-Bois, en la región metropolitana de París, siete de cada diez habitantes vivían bajo el umbral de la pobreza y había un 40% de paro juvenil en 2013.
Racismo, protestas y violencia en las banlieues
Las banlieues han sido conocidas por sus protestas, choques culturales y la oposición a la presencia y actuación policial. Ya en 1981 hubo revueltas y episodios de vandalismo de población de origen árabe en las banlieues de Lyon, que continuaron en esa década y la siguiente en más ciudades. Sin embargo, fueron a más en octubre de 2005. Dos adolescentes murieron electrocutados y un tercero quedó en estado muy grave al intentar esconderse de agentes policiales que investigaban un robo en una construcción. Los disturbios empezaron en Clichy-sous-Bois, liderados por franceses de origen magrebí y subsahariano. Las protestas pronto se extendieron a otras ciudades y acabaron con miles de detenidos, varios muertos y cientos de vehículos incendiados. Tuvo que declararse el estado de emergencia, que duró tres semanas.
Las banlieues han vuelto a ser foco de protestas en los últimos años. En 2020 hubo enfrentamientos entre la policía y residentes locales a raíz del confinamiento por la pandemia de la covid-19. Actualmente, las banlieues son noticia después de que un policía disparase y matase el pasado 27 de junio a un adolescente de ascendencia marroquí y argelina en Nanterre, al noroeste de París. Este hecho desató protestas por todo el país, que llevaron al Ministro del Interior a movilizar un dispositivo de seguridad sin precedentes en la historia francesa reciente. A su vez, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU ha pedido a Francia que aborde los “problemas profundos” de racismo en la policía.