Cómo la islamofobia se ha normalizado en la política francesa

El debate político en Francia está impregnado de discursos en torno a la identidad nacional, la “cuestión musulmana” y la inmigración. La islamofobia, difundida por la extrema derecha y las medidas antiislamistas de Macron, está generando discriminación y agresiones contra los musulmanes franceses.
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Cómo la islamofobia se ha normalizado en la política francesa
Fuente: elaboración propia

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Aunque apenas representan un 8% de la población, los musulmanes franceses han vuelto a ser protagonistas de la campaña electoral. Con la inmigración y la identidad en el centro del debate, los discursos en torno al islam se han normalizado, y con ellos la islamofobia. Mientras la inmigración es uno de los problemas que más preocupa a los franceses, la candidata ultraderechista Marine Le Pen llega a la segunda vuelta de las presidenciales con un 45% de los apoyos. El presidente Macron, el otro candidato, también ha perdido apoyo entre la comunidad musulmana por sus polémicas medidas y declaraciones contra el islamismo.

Francia es uno de los países de la Unión Europea donde las discriminaciones relacionadas con el color de piel o los orígenes se perciben con mayor intensidad. Un 11% de la población declara haber sido discriminado debido a su origen en los últimos cinco años, y esta es ya la segunda mayor causa de discriminación en el país después del género. Injurias racistas, agresiones físicas y discriminación en el acceso a la educación y al empleo son ejemplos cada vez más comunes de un clima de intolerancia hacia los musulmanes y la comunidad árabe francesa. Muchos musulmanes franceses incluso están abandonando el país.

La vieja “cuestión musulmana”

¿Por qué el islam es tan polémico en Francia? Debido a su pasado colonial, el país galo ha recibido durante las últimas décadas una numerosa inmigración musulmana. Muchos de estos inmigrantes se han establecido en barrios marginalizados, conocidos como banlieues. Algunos de los yihadistas de los atentados de 2015 y 2016, que traumatizaron a la sociedad francesa, eran miembros de segundas o terceras generaciones de inmigrantes. 

En ese contexto, el islam se ha presentado cada vez más como una amenaza a la identidad francesa, a los valores de la República y a la seguridad nacional. Se han normalizado discursos islamófobos y racistas, además de términos corrosivos como “islamoizquierdismo”, la supuesta unión entre islamismo y extrema izquierda. A consecuencia de ello, según una encuesta de 2020, el “robo de identidad” encabezaba la lista de preocupaciones de los franceses.

Algunos políticos se han aprovechado de ello. El candidato presidencial de extrema derecha Éric Zemmour ha declarado que pretende “salvar a Francia y al pueblo francés del islam” y ha propuesto prohibir que se pongan nombres musulmanes a los recién nacidos. Zemmour, que no ha pasado a la segunda vuelta pero quedó cuarto con el 7% de los votos, ha sido condenado hasta en tres ocasiones por provocación al odio en sus discursos. El nombre de su partido, Reconquête, hace referencia a la época en la que los cristianos españoles expulsaron a los musulmanes y judíos de la península ibérica. La formación defiende la teoría conspirativa del “gran reemplazo”, según la cual una élite planea sustituir a la civilización europea, blanca y cristiana promoviendo la inmigración musulmana masiva. 

Por el contrario, Le Pen, ha sabido reducir los discursos islamófobos para moderar su imagen de cara a la segunda vuelta. Sin embargo, no ha dejado de tener el islam en su punto de mira y lo ha relacionado con la delincuencia, otra de las principales preocupaciones de los franceses. En esta campaña Le Pen ha afirmado que hay una relación evidente entre la “explosión de inseguridad y las olas de inmigración” que el país está “sufriendo”. Macron, por su parte, ha tratado de parecer firme contra el islamismo, impulsando medidas polémicas como la ley contra el “separatismo islamista”, a menudo calificada de liberticida, la disolución del Colectivo Contra la Islamofobia en 2020 o el cierre de mezquitas y asociaciones. 

Un discurso de odio normalizado

La omnipresencia de la inmigración en el debate público francés tiene consecuencias. Los incidentes contra personas árabomusulmanas, en especial mujeres, se han multiplicado en la última década. Solo en 2020 aumentaron un 52% respecto al año anterior. En 2019, por ejemplo, un hombre apuñaló a una mujer y le arrancó el velo delante de sus hijas. A inicios de 2022 un comercio halal cerca de Agen fue incendiado y marcado con esvásticas y un cadáver de jabalí apareció en una funeraria musulmana en Toulouse. Recientemente se ha viralizado un vídeo en el que un hombre intentaba estrangular a dos mujeres y le arrancaba el velo a una de ellas mientras decía que el islam era “la religión más tonta del mundo”.

Pero las fobias van más allá. En Francia, los jóvenes árabes o negros tienen veinte veces más probabilidades de ser sometidos a un control policial. Es un 32% menos probable que las personas de nombre árabe sean contactadas para una entrevista de trabajo. También sufren discriminación en el acceso a másteres académicos y a la vivienda.

Con todo, Francia no es el único país europeo donde la islamofobia va en aumento. Ocurre en Austria, Suecia, Hungría o Italia, espoleada por partidos de extrema derecha. Además, la presidencia francesa del Consejo de la Unión Europea, durante la primera mitad de 2022, ha hecho a muchos musulmanes europeos temer que el discurso islamófobo francés se infiltre en la UE, mientras que la guerra en Ucrania ha evidenciado la empatía selectiva de Europa hacia los refugiados.

Los musulmanes franceses no han quedado indiferentes ante esta situación. Algunos incluso han iniciado una fuga silenciosa del país, en especial de jóvenes con estudios. “Fueron los atentados de 2015 los que me hicieron marcharme: me di cuenta de que no nos iban a perdonar”, lamenta el escritor Sabri Louatah, de origen argelino, desde su exilio en Estados Unidos.

¿A quién vota un musulmán francés?

Por si fuera poco, los candidatos que rechazan la islamofobia, como el izquierdista Jean-Luc Mélenchon, la socialista Anne Hidalgo o el ecologista Yannik Jadot, no han pasado a segunda vuelta. Mélenchon era el favorito de los musulmanes para estas elecciones. En 2012 la mayoría votó por el socialista François Hollande frente al conservador Nicolas Sarkozy, y en 2017 optó, aunque con menos entusiasmo, por la propuesta centrista de Macron contra Marine Le Pen. Ahora Macron ha perdido apoyos entre esta comunidad por su deriva derechista. Sin embargo, la Gran Mezquita de París y la federación musulmana RMF han pedido el voto para él ante el ascenso de Le Pen.

Al respecto, el economista francés Thomas Piketty afirma en su último libro que “el debate político se convierte cada vez más en una histeria identitaria y en una obsesión por los orígenes”. Según Piketty, “la lucha contra las discriminaciones etno-raciales pasa por la invención de nuevas formas de neutralidad religiosa”. Sin embargo, tal y como se concibe ahora la laicidad francesa, desde la obsesión por una identidad nacional etnocentrista, es no solo peligrosa sino también inalcanzable.

Magali Botella

Barcelona, 1998. Hispanofrancesa. Doble titulación en Derecho español y francés por la Universitat Autònoma de Barcelona. Máster en Derecho Internacional y Europeo Comparado por la Université Toulouse Capitole. Especializada en derechos humanos.