Aunque apenas representan un 8% de la población, los musulmanes franceses han vuelto a ser protagonistas de la campaña electoral. Con la inmigración y la identidad en el centro del debate, los discursos en torno al islam se han normalizado, y con ellos la islamofobia. Mientras la inmigración es uno de los problemas que más preocupa a los franceses, la candidata ultraderechista Marine Le Pen llega a la segunda vuelta de las presidenciales con un 45% de los apoyos. El presidente Macron, el otro candidato, también ha perdido apoyo entre la comunidad musulmana por sus polémicas medidas y declaraciones contra el islamismo.
Francia es uno de los países de la Unión Europea donde las discriminaciones relacionadas con el color de piel o los orígenes se perciben con mayor intensidad. Un 11% de la población declara haber sido discriminado debido a su origen en los últimos cinco años, y esta es ya la segunda mayor causa de discriminación en el país después del género. Injurias racistas, agresiones físicas y discriminación en el acceso a la educación y al empleo son ejemplos cada vez más comunes de un clima de intolerancia hacia los musulmanes y la comunidad árabe francesa. Muchos musulmanes franceses incluso están abandonando el país.
La vieja “cuestión musulmana”
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