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Los Acuerdos de Oslo fueron los pactos entre Israel y Palestina para terminar el conflicto entre ambas partes a partir de 1993. Su nombre oficial es Declaración de Principios sobre las Disposiciones relacionadas con un Gobierno Autónomo Provisional. Establecían cinco años para negociar un acuerdo de paz permanente y la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) como gobierno autónomo provisional, con instituciones como el Consejo Legislativo Palestino.
Los orígenes de los Acuerdos de Oslo fueron los de Camp David en 1978 entre Israel y Egipto, y la conferencia de Madrid de 1991, que sentó las bases del diálogo. La negociación se dio en Oslo y la firma en Washington en presencia del primer ministro israelí, Isaac Rabin, del presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Yasir Arafat, y del presidente estadounidense, Bill Clinton. Los Acuerdos de Oslo significaron el reconocimiento de la OLP a Israel y de Israel a la ANP. Se complementaron con el tratado de paz entre Israel y Jordania en 1994, los acuerdos Gaza-Jericó en 1994 y Oslo II en 1995, que detallaron la autonomía palestina, y las cumbres de Camp David en el 2000 y Taba en 2001.
Competencias, territorios y negociaciones
Además del límite de cinco años para llegar a un acuerdo permanente, los Acuerdos de Oslo establecían la retirada de las fuerzas israelíes y el traspaso de soberanía de las zonas ocupadas a la ANP. Así, la ANP pasaba a gestionar la educación, cultura, salud, bienestar social, los impuestos y el turismo en la Franja de Gaza y en parte de Cisjordania. También se creaba un cuerpo de policía palestino.
Por su parte, Israel seguiría controlando los asuntos exteriores, la defensa, las fronteras y los puntos de cruce con Egipto y Jordania. Además, era responsable de la seguridad de los asentamientos israelíes en Gaza y Cisjordania, y de la libertad de movimiento de las carreteras. El territorio de Cisjordania se dividió en tres zonas administrativas, en las cuales Israel tendría la mayoría del control. Ambas partes también tomarían las medidas necesarias para luchar contra el terrorismo y frenar las hostilidades.
Así, Israel se comprometía a devolver la Franja de Gaza y Cisjordania a los palestinos, que podrían consolidar su autogobierno. La OLP, por su parte, reconocía al Estado de Israel y renunciaba a la violencia terrorista. Sin embargo, cuestiones de estatus permanente como Jerusalén, los refugiados palestinos, los asentamientos israelíes, la seguridad y la delimitación de las fronteras quedaban excluidos de estos acuerdos provisionales. La posibilidad de los dos Estados tampoco se planteó.
El fracaso de los Acuerdos de Oslo
Pese a los avances provisionales, Israel y Palestina nunca firmaron un tratado de paz permanente. Los Acuerdos de Oslo recibieron una gran oposición de grupos extremistas de ambas partes. Isaac Rabin fue asesinado en 1995 por un ultranacionalista israelí. Las elecciones del año siguiente las ganó el nacionalista conservador Benjamín Netanyahu, actual primer ministro, que se oponía a los acuerdos de paz y propició su suspensión. Entretanto, la organización islamista Hamás llevó a cabo una serie de atentados en Israel durante esos años. El principio del fin del proceso fue la visita del líder opositor israelí, Ariel Sharón, a la Explanada de las Mezquitas en el año 2000. La provocación desencadenó la segunda intifada palestina.
A esto se sumó el incumplimiento de las obligaciones de las partes. Israel se negó a retirar sus fuerzas armadas de los territorios palestinos, sigue haciendo incursiones y aumenta la colonización ilegal año a año. Además, cuestiona la fiabilidad de la OLP alegando que no hace lo suficiente para frenar el terrorismo. Por su parte, la ANP que en teoría es provisional sigue operando y la corrupción le ha quitado legitimidad ante la población. A ello ha contribuido su falta de iniciativas para frenar la colonización israelí y su tendencia a la autocracia. Ha perdido el control administrativo de la Franja de Gaza, ostentado por Hamás, que ha ganado militantes junto con la Yihad Islámica Palestina, organización más radical.
Por su parte, los palestinos ven cada vez más improbable un Estado propio a treinta años de los Acuerdos de Oslo. Según una encuesta del Centro Palestino de Investigación sobre Políticas y Encuestas publicada en septiembre de 2023, el 64% de la población describe las condiciones actuales como peores que antes de los acuerdos, y el 63% apoya abandonarlos. Respecto a la ANP, el 87% cree que hay corrupción en las instituciones de la organización y el 62% piensa que es una carga para el pueblo palestino.