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Una unión aduanera es el acuerdo entre dos o más países para eliminar los aranceles y barreras comerciales entre ellos, y fijar un arancel externo común para importaciones de países terceros. Con ella se establece la libre circulación de mercancías dentro de las fronteras del área y una política comercial común. Por lo tanto, los países miembros no pueden decidir de manera individual sobre su política arancelaria con países externos, pero aumentan el comercio entre sí al reducir los procesos administrativos.
La unión aduanera es la tercera etapa del proceso de integración económica, tras la etapa de zona de libre comercio y antes de la creación del mercado común. Mientras que en el área de libre comercio los países mantienen su independencia para establecer políticas aduaneras con terceros países, en la unión aduanera pierden esa capacidad en favor del arancel externo común. Asimismo, la unión aduanera sólo establece el libre movimiento de mercancías, mientras que el mercado común lo amplía al de personas o capitales.
Más comercio, pero con riesgos
En las últimas décadas se ha investigado si las uniones aduaneras son beneficiosas o perjudiciales para los países. Se sabe que establecer una unión aduanera supone modificar los precios relativos de los productos y la estructura del consumo, pero no se puede determinar el efecto final del proceso en general, pues para ello sería necesario cuantificar las consecuencias. Eso implica ir caso a caso.
Por un lado, el aumento del mercado al crear una unión aduanera conlleva una serie de beneficios para los países. Al unir diferentes mercados se impulsan las economías de escala, es decir, aumenta la producción, se reducen costes y pueden reducirse los precios. En este caso, también pueden aumentar la demanda y las rentas reales. Por otro lado, se reducen los impuestos y barreras burocráticas, lo que favorece el comercio. Los consumidores, a su vez, acceden a más oferta de productos. Si aumenta la competencia, la ventaja comparativa y las mejoras en la eficiencia impulsan la especialización. Todo ello favorece la integración económica de los países de la unión aduanera, los avances tecnológicos y el crecimiento económico.
Sin embargo, con las uniones aduaneras también surgen inconvenientes. De entrada, se produce una desviación del comercio: la sustitución de importaciones y exportaciones entre un país del bloque y otro externo por otro también miembro de la unión. Esto se debe a que el producto del país externo se encarece por el arancel externo común, mientras que el del tercer país se abarata. Esto es perjudicial en tanto que sustituye el intercambio de un producto por otro menos eficiente. A su vez, los países miembros de la unión aduanera pierden soberanía económica, pues ya no pueden decidir en materia aduanera con terceros países.
La unión aduanera está cada vez más extendida
Existen numerosas uniones aduaneras en el mundo. La más avanzada en cuanto a su integración es la Unión Aduanera de la Unión Europea (EUCU), que se estableció en 1968. A su vez, forma otras con Andorra, San Marino y Turquía. En América, la unión aduanera más conocida es el Mercado Común del Sur (Mercosur). Otras son la Comunidad Andina, la Comunidad del Caribe y el Mercado Común Centroamericano. Asimismo, en África están la Comunidad Africana Oriental, la Comunidad Económica y Monetaria de África Central, la Unión Aduanera de África Meridional y la Unión Económica y Monetaria del África Occidental. Otras son la Unión Aduanera Euroasiática y el Consejo de Cooperación del Golfo.
Sin embargo, no todas las uniones aduaneras benefician a todas las partes. Un ejemplo es la unión entre Israel y Palestina, que se estableció en 1994 con el Protocolo de París. Desde entonces Israel es el principal socio comercial de Palestina en cuanto a importaciones y exportaciones. Pero la diferencia en el nivel de desarrollo de ambas partes, la falta de cooperación y las restricciones que impone Israel al territorio palestino ocupado perjudican a una economía ya de por sí frágil y le impiden a Palestina desarrollarse.