Por qué la guerra en Gaza no provocará otra oleada terrorista en Europa

Al Qaeda y Dáesh no han atentado en Occidente en apoyo a Hamás contra Israel. No son aliados, ambas organizaciones están debilitadas y tienen su foco en otras regiones. Sin embargo, con el auge del antisemitismo y la islamofobia, la principal amenaza terrorista en Europa siguen siendo los lobos solitarios.
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Por qué la guerra en Gaza no provocará otra oleada terrorista en Europa
Miembros de Al Qaeda. Fuente: GagogaSus (Wikimedia Commons)

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“La creación y continuación de Israel es uno de los mayores crímenes, y vosotros [Estados Unidos] sois los líderes de sus criminales”. La carta que Osama bin Laden había escrito en 2002 para justificar el 11S se viralizó el pasado noviembre, un mes después del ataque de Hamás a Israel. La causa palestina ha sido habitual en la propaganda de Al Qaeda y en menor medida de Dáesh, aunque ninguna de estas dos organizaciones yihadistas está presente en la Franja de Gaza.

Ambas tienen una relación complicada con Hamás. Las tres organizaciones son islamistas radicales y usan la violencia para sus fines, pero el grupo palestino tiene su foco en la emancipación nacional. Esto ha forzado a Al Qaeda y Dáesh a minimizar la relevancia de los ataques del 7 de octubre. Sin embargo, y pese a que las protestas alrededor del mundo contra la invasión israelí han sido pacíficas, en los últimos meses han aumentado tanto la actividad policial como los incidentes antisemitas e islamófobos en Europa. La impunidad de Israel en Gaza y el papel de Estados Unidos y la Unión Europea en el conflicto podrían legitimar una nueva generación de lobos solitarios.

Al Qaeda y Dáesh minimizan los ataques de octubre

La causa palestina siempre ha estado presente en la propaganda yihadista. Las menciones a la mezquita de Al Aqsa en Jerusalén y a la alianza de “sionistas y cruzados” son habituales en los vídeos de Al Qaeda, que sin embargo nunca ha atacado a Israel. En su carta de 2002, Bin Laden hacía referencia a la creación del Estado hebreo como el motivo detrás del 11S. La organización justificó los atentados como una medida defensiva: como Estados Unidos es el principal socio militar de Israel, era válido llevarlos a cabo.

Pese a ello, Al Qaeda y Hamás también tienen rivalidad. Tanto Al Qaeda como Dáesh achacan a la organización palestina haber participado en las elecciones de 2007, algo que consideran una forma de idolatría. Para ambas, el objetivo es vivir bajo la ley islámica, de forma que las elecciones y normas democráticas serían una innovación contraria a la religión. Incluso Dáesh ha declarado a los miembros de Hamas como apóstatas. Hamas, por su parte, ha mantenido a ambas organizaciones fuera de Gaza.

Al Qaeda minimizó la relevancia de los ataques de octubre y sus ramificaciones en la región. Su primer comunicado llegó una semana después, el 13 de octubre, y no mencionó a Hamás sino a los “hermanos de Palestina”. Las filiales de la organización que lideró Bin Laden sí mencionaron al brazo armado del grupo, las Brigadas Qassam, pero también ignoraron a Hamás. El mensaje llamaba a atacar a los judíos en los países árabes que habían normalizado relaciones con Israel: Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

Dáesh prestó aún menos atención a los ataques. Ya antes había denunciado que los yihadistas han sobredimensionado la importancia de Palestina frente a otros conflictos. Su comunicado del 19 de octubre no mencionó expresamente los eventos del día 7, y describía a Hamás como un títere de Irán, con el que Dáesh también está enfrentado. La declaración sí llamaba a atentar contra judíos, pero, a difernecia de Al Qaeda, ponía el foco en Estados Unidos y Europa.

Debilitadas y con otras prioridades

Pese a los llamamientos a la violencia, Al Qaeda y Dáesh no tienen la capacidad para cometer atentados como en el pasado. Tras la muerte del sucesor de Bin Laden en 2022, el actual líder de la organización reside en Irán, lo que supedita las acciones a sus intereses. Los persas llevan meses intentando forzar a Estados Unidos y a Israel a poner fin a la invasión de Gaza sin provocar una guerra directa. Al Qaeda tampoco ha sabido aprovechar la toma de poder de los talibanes en Afganistán, a diferencia de Dáesh.

Desde hace años, Al Qaeda ha priorizado la lucha contra el “enemigo cercano”, dejando atrás atentados como los del 11S o el 11M. Por su parte, Estados Unidos ha querido desentenderse de Oriente Próximo y África para girar hacia Asia, priorizando su rivalidad con China. Así, la organización yihadista ha entendido que no tiene que temer a Washington si no actúa directamente contra sus intereses. Su prioridad ahora es enquistarse en conflictos civiles de media y baja intensidad como los de Mali, Somalia y Yemen.

Dáesh también ha perdido a sus cuatro últimos califas, y la última vez que se supo del actual líder fue en agosto de 2023. El grupo perdió sus bastiones en Siria e Irak, pero también se ha hecho fuerte en conflictos del Sahel y, sobre todo, en el subcontinente indio. Los ataques en Occidente han sido marginales con respecto a Asia y África. Desde su creación en 2013, el grupo sólo ha promovido siete atentados en Estados Unidos, que dejaron 83 muertos, menos que los de grupos de extrema derecha. En Europa sí ha habido grandes atentados, como los de París en 2015 o los de Barcelona en 2017, pero no tras la caída de Raqqa y Mosul y la desaparición del califato. Ahora predominan ataques menores, a menudo con armas blancas.

Tampoco cabe esperar atentados de grupos palestinos en Occidente. En el pasado llevaron a cabo crímenes como la masacre de atletas israelíes en los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972, pero estaban vinculados a organizaciones nacionalistas como Septiembre Negro o el Frente Popular para la Liberación de Palestina. El régimen libio de Muamar el Gadafi fue uno de sus principales promotores, pero las sanciones en los años noventa le obligaron a abandonar esa vía. En cualquier caso, los organizadores de Eurovisión de este año en Suecia ya han anunciado más medidas de seguridad para evitar un atentado similar al de Alemania.

Preocupan los lobos solitarios

Prácticamente descartada la acción directa de grupos yihadistas, sí hay temor a ataques de lobos solitarios inspirados en ellos. El pasado 13 de octubre, un inmigrante checheno que juró lealtad a Dáesh acuchilló a un profesor en Francia, y el 3 de noviembre una mujer judía fue apuñalada en Lyon. En Egipto, un policía mató a dos turistas israelíes y a su guía el día después de los atentados. La policía sueca también ha prevenido varios incidentes por la respuesta de militantes islamistas a la quema de coranes.

No son casos aislados: en Europa han aumentado los ataques contra judíos y musulmanes. Sólo en Francia hubo más de 1.500 incidentes antisemitas en octubre, desde amenazas e insultos hasta vandalismo contra escuelas y sinagogas. Además de los ataques contra musulmanes, varias formas de solidaridad con Palestina han sido boicoteadas. Asimismo, en España fueron arrestados 54 presuntos yihadistas en octubre y noviembre, la cifra más alta desde 2004, año del 11M. En diciembre, Países Bajos elevó la posibilidad de un atentado a “sustancial”, y Alemania y Dinamarca desarticularon una presunta célula de Hamás.

El terrorismo en Europa ahora es marginal, pero no puede darse por erradicado. Se ha adaptado a la presión internacional, por ejemplo, a través de las criptomonedas y teléfonos encriptados. Además, las barreras al desplazamiento de yihadistas hacia Oriente Próximo deja en el continente a potenciales lobos solitarios, paradójicamente, incentivando su actuación por cuenta propia. También perduran las causas profundas que legitiman su discurso: la pobreza y la marginalidad en Europa, y el rol de Occidente en la crisis de Oriente Próximo. Ahora los miles de muertos y desplazados por la invasión israelí de Gaza pueden evidenciar el atractivo de la lucha armada frente a la debilidad y las contradicciones del sistema internacional.