Cada vez que estalla una guerra en algún lugar mundo, las oficinas de las grandes multinacionales armamentísticas entran en ebullición. Ya pasó con la invasión rusa de Ucrania, cuando las acciones y la rentabilidad de estos conglomerados empresariales alcanzaron cifras récord, y no podía ser menos con el sangriento conflicto que se inició hace menos de un mes entre Hamás e Israel.
No es el único paralelismo. La agresión contra Ucrania implica directamente a uno de los grandes productores armamentísticos del mundo, Rusia, de la misma forma que sucede en la Franja de Gaza con Israel. Con apenas 9 millones de habitantes, el Estado hebreo fue en 2022 fue el noveno mayor importador de armas del mundo y el décimo exportador. Un negocio que se retrotrae varias décadas —a finales de los ochenta ya era uno de los diez principales productores de armas a nivel global— y que sienta sus bases en la potente industria tecnología del país y en el permanente e incondicional apoyo de Estados Unidos, la principal potencia militar del mundo.
Por si fuera poco, también se trata de un negocio para el que las lealtades geopolíticas y regionales importan bastante menos: países de Oriente Próximo como Jordania o Turquía son algunos con los que Israel ha mantenido negocios armamentísticos, aunque su actividad se extiende por gran parte del mundo, a unos cien países. Uno de sus productos estrella ha sido el software de espionaje Pegasus, que han usado Marruecos o Azerbaiyán.
Espoleada por las urgencias de muchos países europeos que se han volcado con Ucrania, la industria militar israelí también ha hecho negocio con la invasión del país, a pesar de la neutralidad del Estado hebreo en este conflicto. También en el sudeste asiático, Israel vende armamento a multitud de países, pero destaca su relación con India, su principal cliente histórico. En África sobresale Sudáfrica, uno de sus mayores compradores —en tiempos del apartheid, Israel llegó a ofrecerle armas nucleares—, mientras en Latinoamérica es raro el país que alguna vez no ha adquirido armamento israelí.
Este entramado industrial también ha sido la base sobre la que Israel ha construido uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Entre reservistas, Ejército regular y fuerzas de seguridad, cerca de un 10% de la población del país puede llegar a ser movilizada en caso de conflicto. De la misma forma, y aunque nunca lo ha reconocido oficialmente, Israel es uno de los nueve países del mundo que cuenta con armamento nuclear, y sus empresas de armas y vigilancia también se encuentran entre las más potentes del mundo.
En última instancia, todo este complejo entramado se retroalimenta aún más con la potente puerta giratoria que lleva décadas funcionando entre el país hebreo y Estados Unidos: desde el año 2000, más de la mitad de la financiación militar extranjera de Estados Unidos ha ido a parar a Israel, que a su vez ha usado un gran cantidad de estos fondos para comprar armas y tecnología norteamericana.