Una insólita colaboración entre The Guardian, Le Monde y otros quince medios internacionales desveló el pasado mes de julio que al menos 50.000 números de teléfono habían sido atacados por el virus Pegasus. Este programa, desarrollado por la compañía israelí NSO Group, se ha vendido al menos a diez Gobiernos de todo el mundo para espiar a militares, diplomáticos, periodistas, políticos e incluso jefes de Estado. Tres de ellos son Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Marruecos, países árabes que han protagonizado un histórico acercamiento con Israel en los dos últimos años. Sin embargo, esta no es la primera vez que Israel vende servicios de spyware a otros países con la intención de afianzar sus relaciones diplomáticas, incluidos la India o Azerbaiyán.
Además de consagrar nuevas alianzas geopolíticas y conseguir que la cuestión palestina pase a un segundo plano, la venta de esta tecnología ha traído beneficios multimillonarios para Israel. A cambio, numerosos líderes autoritarios, la mayoría asiáticos, cuentan con nuevas herramientas para controlar a su población con una efectividad nunca vista hasta ahora. Desde Nicolás Maduro a Vladímir Putin o Viktor Orbán, todos ansían saber dónde se encuentran y a qué se dedican sus ciudadanos las veinticuatro horas del día.
Herramientas de espionaje, el producto israelí más codiciado
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