Oriente Próximo y Magreb en 2022

Oriente Próximo y el norte de África se encuentran en pleno cambio de ciclo. El fin del pulso del cuarteto árabe con Turquía y Catar, la retirada estadounidense y la normalización de relaciones con Israel han empujado a las potencias regionales a apostar por una política exterior más pragmática.
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Oriente Próximo y Magreb en 2022

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El Mundo en 2022

Los países de Oriente Próximo y el norte de África pueden tener un 2022 de cambios políticos y en sus relaciones diplomáticas. Desde el aparente fin de la guerra fría entre Arabia Saudí e Irán hasta las agitaciones e incluso tambores de guerra en el Magreb, pasando por otros posibles reconocimientos árabes de Israel o el tambaleo de la hegemonía de Erdoğan en Turquía, a la región le espera un año entre dinámico y convulso.

Deshielo entre Arabia Saudí e Irán

El fin de la era Trump y la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca cambió las dinámicas de los últimos años en Oriente Próximo. Con un perfil más dialogante, Biden ha propuesto el regreso de Estados Unidos al acuerdo nuclear con Irán. También se ha enfriado la relación con el príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salmán, con Washington intentando posicionarse contra el país respecto al asesinato del periodista Jamal Khashoggi. A esto se añade la retirada estadounidense de la región, cada vez más evidente desde el abandono de Afganistán.

En este contexto, Arabia Saudí e Irán han empezado a apostar por el diálogo para aliviar el pulso que mantienen por dominar Oriente Próximo. Este movimiento puede provocar un terremoto que sacudiría décadas de equilibrios regionales. Por un lado, podría facilitar una solución a la guerra que vive Yemen desde 2014, una de las mayores catástrofes humanitarias del mundo, en la que participan ambas potencias. Conflictos como los de Siria, Líbano e Irak también podrían verse favorecidos si las conversaciones fructifican.

Por otro lado, pese a tener un Gobierno más conservador tras las elecciones de junio de 2021, mostrarse dialogante con Arabia Saudí puede ayudar a Irán a encauzar las negociaciones del acuerdo nuclear con Estados Unidos. Aunque cabría esperar una posición más dura de Teherán en este aspecto, las dificultades internas del país se aliviarán si se firma un nuevo pacto y Estados Unidos retira sus sanciones en 2022.

Egipto, Siria y Afganistán: el regreso a Oriente Próximo

2022 puede ser el año en que Egipto consolide su retorno a la arena internacional, después de casi una década con perfil bajo, centrado en su estabilidad política y económica. Este último año, El Cairo ha llevado a cabo una estrategia de política exterior más activa que puede intuirse como preludio de lo que está por llegar en 2022. En noviembre Egipto acogerá en la ciudad de Sharm el-Sheij la Conferencia del Clima, un evento internacional de primer orden que expondrá al país al mundo, y cuyo éxito también puede significar su retorno a la primera línea regional.

El regreso de Egipto también puede coincidir con el fin del destierro del Gobierno de Bashar al Asad en la comunidad de países árabes. La evolución de la guerra civil siria apunta a una victoria de las fuerzas gubernamentales, y las voces que piden el retorno de Damasco son cada vez más fuertes. Siria ya ha sido invitada a la próxima cumbre de la Liga Árabe en Argelia que se celebrará en marzo, lo que puede llevar a un retorno de Siria a la organización tras diez años suspendida.

Mientras tanto, el Gobierno islamista radical de los talibanes se ha puesto al frente de Afganistán. Los talibanes buscan reconocimiento internacional mientras el país se hunde en una crisis humanitaria, pero sus esfuerzos han tenido pocos resultados: Naciones Unidas, por ejemplo, rechazó su petición de participar en la próxima Asamblea General, prevista para septiembre. Sin embargo, cada vez más países aceptan la existencia del Gobierno talibán y se están organizando para enviar ayuda al país. 2022 podría ser el año en que los talibanes ocupen el asiento de Afganistán en la ONU.

Israel y Emiratos Árabes Unidos: los frutos del reconocimiento a Tel Aviv

Desde que Emiratos Árabes Unidos firmó los Acuerdos de Abraham, con los que normalizó relaciones con Israel, en septiembre de 2020, Abu Dabi y Tel Aviv viven una luna de miel envidiable a nivel regional. Desde ejercicios militares conjuntos a inversiones millonarias, ambos países han acelerado la cooperación económica, científica y militar, evidenciando las ventajas que ofrece reconocer a Israel frente al apoyo a la causa palestina.

Los beneficios de normalizar relaciones con Israel pueden atraer a más países árabes, especialmente a otras monarquías del Golfo. Aunque Omán y Catar han rechazado dar el paso, no sería extraño que alguno de ellos o Arabia Saudí lo hiciera en 2022. Además, en función de sus dinámicas internas, Túnez o Libia podrían terminar por reconocer al Estado hebreo también en el año entrante.

El reconocimiento emiratí a Israel también ha abierto una nueva pugna por el papel de interlocutor entre palestinos e israelíes, tradicionalmente desempeñado por Egipto y Jordania. Aun cuando no se manifieste de forma clara, puede que a lo largo del próximo año cambien los ejes y alianzas de poder en la región por otros más fluidos.

En Turquía, el imperio de Erdoğan se tambalea

La situación económica y política no le augura un buen 2022 a Turquía. El liderazgo del presidente, Recep Tayyip Erdoğan, ha comenzado a dar señales de agotamiento en un país cuya economía está ligada a las declaraciones públicas de su líder. Con una devaluación histórica de la lira turca y el aumento de la inflación, cada vez más voces piden un adelanto electoral.

Pese a que el dominio del partido de Erdoğan, el AKP, y sus aliados en la Asamblea Nacional puede seguir bloqueando esos intentos, ya hay una crisis política abierta en Ankara. Las encuestas muestran una intención de voto ajustada entre el AKP y el partido opositor centroizquierdista y laico CHP, y aunque no hubiera adelanto las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias serían en 2023, por lo que se espera un año difícil para el presidente.

El norte de África se agita con fuerza

En el norte de África, la fricción entre Marruecos y Argelia amenaza con estallar en un conflicto armado en el Sáhara Occidental. El despliegue diplomático de Marruecos el último año, promoviendo el reconocimiento del Sáhara Occidental como suyo y normalizando relaciones con Israel, no ha sentado bien en Argelia. Ninguno de los dos países está en una posición real de superioridad sobre el otro y la carrera armamentística continúa. La guerra es improbable, pero cabe esperar que la retórica belicista aumente en 2022 sin que baste la mediación de la Liga Árabe para aliviar las tensiones.

En Túnez, el golpe de Estado liderado por el presidente Kaïs Saied en septiembre supuso un batacazo a la experiencia democrática del único país de la región que había logrado adoptar un camino de apertura política desde las revueltas de 2011. Hay dos elecciones convocadas para el año próximo: un referéndum constitucional en junio y legislativas para diciembre, sin saberse con qué grado de libertad se celebrarán.

Libia, por su parte, se aproxima a unas elecciones el 24 de diciembre que pueden retrasarse y que serán clave para avanzar hacia el fin del conflicto. No obstante, se ha cuestionado la legitimidad de los comicios tras la dimisión inesperada del mediador de Naciones Unidas en Libia en noviembre. La fragilidad institucional del país y la presencia de grupos armados de distintos bandos dificulta la previsión de un escenario claro.

Por último, la transición sudanesa iniciada en 2019 sufrió un golpe de Estado militar el pasado 25 de octubre. Las movilizaciones civiles prodemocráticas han sido esenciales para detener las ambiciones del general Abdelfatá al Burhan de tomar el poder. Sin embargo, pese al retorno al Gobierno del primer ministro depuesto, el civil Abdalá Hamdok, las protestas que exigen elecciones y el fin de la tutela militar no han cesado, por lo que el futuro de la democracia en Sudán puede decidirse en 2022.

El Mundo en 2022
Ismael Nour

Graduado en Estudios Internacionales por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Gestión Internacional de la Empresa por la UIMP. Interesado en el mundo árabe y musulmán, el desarrollo y los derechos humanos. Hispanoegipcio.