La prometida de Jamal Khashoggi, Hatice Cengiz, lo esperó varias horas a las puertas del consulado de Arabia Saudí en Estambul hasta que decidió ponerse en contacto con periodistas turcos. Algo estaba ocurriendo. La noche del 2 de octubre la noticia comenzó a circular por las redes sociales: un periodista saudí crítico con el régimen había desaparecido en dependencias consulares. A los pocos días, los principales medios internacionales se hacían eco del suceso y los fiscales turcos comenzaron la investigación. 21 días después, supuestos restos del cuerpo aparecían en el jardín del cónsul saudí.
Todas las sospechas se habían confirmado cuando, después de días de silencio, el Gobierno de Arabia Saudí declaró que Khashoggi había muerto a resultas de una pelea dentro del consulado, aunque desconocían el paradero del cadáver. Los rumores e informaciones desde medios de todo el mundo no han dejado de crecer según pasan los días. Los indicios apuntan a que el periodista fue torturado, desmembrado y asesinado por un equipo especial de oficiales saudíes. Arabia Saudí ha confirmado la detención en su país de 18 sospechosos y la destitución del subdirector de los servicios secretos, Ahmad Asiry, y el miembro del Consejo Real Saad al Qahtany, ambos muy cercanos al príncipe heredero, Mohamed bin Salmán.
La sombra de Khashoggi sobre Bin Salmán
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