Tras años de intensas negociaciones, Estados Unidos e Irán, junto con otros cinco países y la Unión Europea, firmaron en 2015 el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC, o JCPOA por las siglas en inglés), que busca limitar el desarrollo nuclear iraní. La comunidad internacional alabó esta proeza diplomática y se llegó a proponer a los titulares de Exteriores de Irán y Estados Unidos al Premio Nobel de la Paz. A cambio de renunciar a un programa nuclear militar, Irán vería retiradas las sanciones estadounidenses y mejoraría su imagen exterior. El expresidente Donald Trump, sin embargo, siempre rechazó el acuerdo negociado por su antecesor, Barack Obama, y lo rompió poco después de llegar al cargo, amenazando con sancionar a los países que no le siguieran. Irán respondió a la ruptura retomando los niveles altos de enriquecimiento de uranio.
Ahora, la promesa electoral de Joe Biden de volver al PAIC parece estar cerca de materializarse. El Gobierno estadounidense asegura estar dispuesto a dar el paso si Irán permite que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) retome las inspecciones pactadas, pero Teherán, receloso, recuerda que no fueron ellos quienes rompieron el acuerdo y exige que antes se levanten las sanciones. La intermediación de la UE y la voluntad de los Estados parte hacen posible un entendimiento, aunque el giro diplomático ha provocado reacciones contrarias de Israel y países del golfo Pérsico, y también dentro de Irán y entre parte de la oposición republicana en Estados Unidos.
Posiciones de partida muy alejadas
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