“El roce hace el cariño” es un refrán que no termina de cumplirse en el Magreb, una de las regiones menos integradas del mundo. El historial entre Argelia y Marruecos, donde las malas relaciones se remontan a su independencia, es un ejemplo de ello. La primera disputa fue territorial y desencadenó la breve guerra de las Arenas en 1963, pero no ha sido la única. En la Guerra Fría, Marruecos se alineó con Estados Unidos y Argelia con la Unión Soviética, y desde entonces Argel también ha apoyado la independencia del Sáhara Occidental y al Frente Polisario, el movimiento de liberación nacional del pueblo saharaui que está en guerra contra Marruecos.
La relación ahora pasa por uno de sus peores momentos, más aún desde el reconocimiento en 2020 de Marruecos al Estado de Israel a cambio de que Estados Unidos reconociera el Sáhara Occidental como territorio marroquí. A raíz del supuesto espionaje de Rabat a través del software israelí Pegasus a funcionarios y ciudadanos argelinos, y su apoyo a dos grupos independentistas que Argel tilda de terroristas, ambos países terminaron rompiendo relaciones diplomáticas el pasado 24 de agosto.
Tras esa decisión, Argelia ha aumentado la presión sobre Marruecos. El 31 de octubre cerró el gasoducto Magreb-Europa, que conectaba Argelia con la península ibérica a través del reino alauí, y tres días después denunció el supuesto asesinato con un dron marroquí de tres civiles argelinos que viajaban por una carretera del Sáhara. Rabat ha negado la acusación, asegurando que no quiere entrar en un conflicto, pero Argel advirtió que el supuesto ataque “no quedará sin castigo”.
Esto llega, además, un año después del regreso a las armas entre marroquíes y saharauis en el Sáhara Occidental, lo que aumenta las posibilidades de un conflicto armado entre Argelia y Marruecos. Los dirigentes saharauis, respaldados por Argelia, podrían ver en esta disputa una oportunidad para elevar la presión sobre Marruecos, y los argelinos podrían utilizar este conflicto para debilitar a su enemigo regional.
Dos de las mayores potencias militares de África
Argelia y Marruecos han aprovechado cualquier oportunidad para desestabilizar a su enemigo. En estos años, por ejemplo, han afirmado que el otro usa terrorismo de Estado o han apoyado movimientos que puedan perturbarle, como el de la Cabilia en Argelia o los saharauis para Marruecos. Incluso el presidente de la Cámara de Consejeros marroquí llegó a acusar a Argelia de fomentar “planes estratégico-diabólicos”.
Ya en 1994 se había vivido una situación parecida a la actual. En agosto de ese año, la participación de argelinos en un atentado yihadista a un hotel en Marrakech provocó que el Gobierno marroquí acusara a los servicios secretos de Argelia de organizar el ataque. Desde entonces, impuso un visado a los argelinos que quisieran entrar en sus fronteras. Después de varios años de distensión política en la región a principios de los años noventa, con la creación incluso de la Unión del Magreb Árabe, Argelia decidió cerrar sus fronteras tras ese incidente, una decisión que todavía perdura.
Aunque no se han enfrentado directamente en las últimas décadas, los dos países están inmersos en una sólida carrera armamentística. Argelia es el país africano con mayor gasto militar respecto al PIB, con un 6,6%, seguido por el 4,3% de Marruecos, que cada año reduce su diferencia. Argelia también es el sexto mayor importador de armas del mundo. En conjunto, ambos países supusieron el 70% de las importaciones africanas de armamento entre 2016 y 2020.
Como parte de esta escalada militar, Argelia y Marruecos también han hecho gala de sus apoyos. Marruecos celebró unas maniobras militares en junio de este año que reunieron a casi 8.000 efectivos de más de diez países, entre ellos Estados Unidos, Francia, el Reino Unido o Canadá. Argelia, por su parte, mostró su armamento comprado a Rusia en enero en unas maniobras en solitario en Tinduf, cerca de la frontera marroquí y donde se ubican los campos de refugiados saharauis. Además, tres unidades de la Armada rusa llegaron al puerto de Argel el pasado 13 de noviembre para participar en unas maniobras navales conjuntas.
El Sáhara Occidental: ¿un posible campo de batalla?
Aunque un conflicto entre Argelia y Marruecos sigue siendo poco probable, la tensión actual aumenta la probabilidad de que suceda. Hay dos factores que han agravado este riesgo desde 2020: la aprobación de una nueva Constitución en Argelia y el regreso de la guerra en el Sáhara Occidental.
La última reforma de la Constitución argelina tocó un elemento sensible de cualquier carta magna: el papel de los militares. El nuevo texto autoriza que el Ejército pueda actuar “en operaciones de paz” en el extranjero. Esta posibilidad, justificada en la inseguridad por el terrorismo en el Sahel, abre las puertas a operaciones conjuntas con aliados, lo que podría servir para apoyar la causa saharaui.
En cuanto a la guerra en el Sáhara, el Frente Polisario ha regresado a las armas desde que el alto el fuego se rompiera en noviembre de 2020. La contienda de momento es de baja intensidad y Marruecos no parece interesado en entrar en una guerra abierta. Aun así, nombró en septiembre al teniente general encargado de las operaciones en el Sáhara Occidental como oficial al mando de las Fuerzas Armadas. Por su parte, las filas saharauis ya han alertado que la guerra se intensificará en los próximos meses.
El Ejército argelino mantiene una relación estrecha con el saharaui, al que le ha facilitado material militar y permite estar en los campos de refugiados al sur del país. En ese sentido, la guerra entre el Polisario y Marruecos podría convertir el conflicto del Sáhara en la guerra proxy o subsidiaria argelino-marroquí. El incremento de las acciones saharauis podría obligar a Marruecos a tomarse en serio el conflicto y entrar en una guerra abierta, en la que Argelia podría adentrarse con apoyo al Polisario, justificando una incursión militar contra su gran enemigo con el apoyo a la causa saharaui.
La guerra como distracción de la crisis interna
Además del Polisario, otros actores internacionales tienen puestas las miradas en un posible conflicto. Dada la importancia estratégica de ambos países para Europa, la Unión Europea presionará para evitar una guerra. Por un lado, el uso de Marruecos como frontera para la inmigración irregular es de vital importancia para países como España, que conoce la situación que podría generar la llegada masiva de personas desde el reino alauí. Por otro lado, y como muestra la crisis del gas y el cierre del gasoducto Magreb-Europa, España, Portugal o Italia podrían sufrir las consecuencias de un conflicto en una región tan sensible para sus intereses.
No obstante, los grandes damnificados de este conflicto volverían a ser los magrebíes. Desde Libia hasta Marruecos, los países del norte de África están inmersos en crisis políticas y en tensiones entre Gobiernos y población. Tanto Marruecos como Argelia tratan de recuperarse de la situación económica que ha provocado la pandemia, y entrar en una guerra podría arruinarles.
La tensión entre población y Gobierno es palpable en ambos países, que podrían agitar el conflicto para camuflar los problemas internos. Los argelinos acusan a su Ejecutivo de pertenecer al mismo régimen que tumbaron en 2019 tras meses de protestas. Mientras, en Marruecos el establecimiento de relaciones con Israel tampoco ha sentado bien a su población, y el país está todavía en una transición de Gobierno tras la debacle electoral de los islamistas en las elecciones de septiembre.
Por el momento, el nuevo episodio de un conflicto histórico se ha quedado en palabras, pero la posible escalada de la guerra del Sáhara Occidental podría llevar a un enfrentamiento entre dos potencias militares. Marruecos y Argelia saben del coste social, político y económico de iniciar una guerra directa en sus territorios, por lo que podrían llevarse un posible conflicto armado al Sáhara.