Argelia y Marruecos llevan décadas enfrentados. Los ataques y acusaciones son continuos entre dos países que luchan por el liderazgo político, económico e incluso militar en la región. En diciembre de 2020 la situación empeoró tras conseguir Marruecos que Estados Unidos declarara su soberanía sobre el Sáhara Occidental a cambio de que Rabat reconociera al Estado de Israel. El acuerdo era infame para Argelia, defensora de las causas saharaui y palestina. Finalmente, Argel anunció el pasado 25 de agosto la ruptura de relaciones diplomáticas con Marruecos. Al mismo tiempo, le cerró su espacio aéreo y celebró la resolución —sin efecto— del Tribunal General de la Unión Europea de anular los acuerdos comerciales y pesqueros del bloque con Marruecos por no contar con el consentimiento del pueblo saharaui.
La tensión entre ambos países, además, se ha cobrado otra víctima: el gasoducto Magreb-Europa (GME). Tras romper relaciones con Marruecos, Argelia anunció que no renovaría el contrato de explotación de este gasoducto que traslada gas argelino a España y Portugal a través de Marruecos. Pese a que no se prevé un desabastecimiento de gas en Europa ni en España tras el cierre del GME, aunque sí una subida de precios, el anuncio generó pánico en un mercado energético europeo que ya estaba en crisis.
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