Un año después de que estallara la guerra de Gaza, Israel ha vuelto a invadir Líbano. Tras días de bombardeos y ataques selectivos que han descabezado a la milicia chií Hezbolá, las tropas de Israel han penetrado en el sur del Líbano y puesto en marcha su cuarta invasión de Líbano desde 1978.
La operación militar a gran escala iniciada por Israel en la Franja de Gaza tras los atentados de Hamás del 7 de octubre nunca ha sido un conflicto local y aislado. Prácticamente desde su comienzo, la nueva guerra, donde ya han muerto más de 41.600 personas, superó las fronteras del pequeño territorio, y solo constituye un episodio más de un conflicto regional mucho más amplio y duradero: el histórico enfrentamiento que mantienen Israel y el mundo árabe-musulmán desde la misma fundación del Estado judío hace 75 años.
En este contexto, y a pesar de su pequeño tamaño y reducida población, pocos países han tenido un protagonismo mayor a lo largo de todo el conflicto como Líbano. El Estado mediterráneo formó parte de hecho de la primera coalición de países árabes que declaró la guerra al recién nacido Estado de Israel en 1948, acoge desde hace décadas a cientos de miles de refugiados palestinos y es el centro de operaciones de Hezbolá. La milicia, la más poderosa del mundo, es a la vez uno de los grandes enemigos de Israel y uno de los apoyos más importantes de la causa palestina.
Un lugar de guerra….y de refugio
Líbano, como muchos otros países del entorno, se convirtió en uno de los principales lugares de refugio para los más de 750.000 palestinos que fueron expulsados de sus hogares entre 1947 y 1949 en el contexto de la primera guerra árabe-israelí. Un evento conocido como la Nakba (‘desastre’ en árabe) y que se convirtió con el paso de los años en un exilio permanente al que se unirían decenas de miles de personas más tras el nuevo éxodo masivo provocado por la Guerra de los Seis Días de 1967 y la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania.
La guerra civil y el surgimiento de Hezbolá
Aunque Líbano consiguió mantenerse ajeno a las tres siguientes guerras entre Israel y los Estados árabes, la llegada de decenas de miles de desplazados y la consolidación de los campos de refugiados —convertidos con el paso de los años en barrios o ciudades informales— no solo supuso un reto institucional enorme para el Estado libanés, sino que también modificó el tradicional equilibrio de poder y demográfico que mantenían los cristinos maronitas y los musulmanes sunníes y chiíes en el país.
De hecho, la población palestina llegada a Líbano jugó un papel crucial en la primera guerra civil que vivió el país entre 1975 y 1990. La Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que había situado su sede en Beirut en 1967, luchó del lado del Movimiento Nacional Libanés, formado por musulmanes, drusos y otros sectores sociales del país.
La actividad de la OLP durante el conflicto condujo a su vez a la intervención de Israel en la guerra. El Estado hebreo lanzó una primera incursión en el sur de Líbano en 1978 y se involucró plenamente en la guerra a partir de 1982. Ese mismo año sitió y bombardeó la capital del país (Beirut) hasta que la OLP abandonó la ciudad, permitiendo por el camino el genocidio de palestinos y libaneses chiíes a manos de cristianos en Sabra y Chatlia.
Una frontera en conflicto constante
Tras abandonar Beirut en 1985, Israel mantuvo ocupada durante tres lustros una gran franja de territorio en el sur de Líbano. Sería precisamente allí donde surgiría y se haría fuerte la organización paramilitar Hezbolá, que desde su nacimiento en 1982 mantiene un conflicto constante con Israel en la frontera entre ambos países. En 2006, las escaramuzas y la guerra de guerrillas escalaron hasta un nuevo conflicto de alta intensidad, la conocida como segunda guerra del Líbano.
Integrantes de Hezbolá atacaron Israel, secuestraron a dos de sus soldados y asesinaron a otros ocho, a lo que Israel respondió bombardeando masivamente el sur del Líbano. La guerra en esta ocasión duró 34 días, en los que murieron 1.100 libaneses y 43 israelíes y la infraestructura civil de Líbano sufrió grandes desperfectos.
El resto del mapa de la geopolítica de Líbano bebe igualmente de su convulsa historia reciente y de la de los países de su entorno. La guerra civil siria, sin ir más lejos, ha provocado que Líbano acoja a un millón y medio de refugiados del país vecino. Mientras tanto, la ONU calcula que hay casi 500.000 palestinos registrados en alguno de los doce campos de refugiados que siguen activos en Líbano.
Internamente, además, la explosión del puerto de Beirut en 2020 terminó por romper la frágil situación económica del país, donde también se vive una importante crisis política desde hace años.
Líbano y el Eje de la Resistencia
A nivel regional, la presencia casi omnipresente de Hezbolá en Líbano ha hecho que el país quede ligado a la órbita de influencia del llamado Eje de la Resistencia, un alianza militar y política de carácter informal que aúna a regímenes gubernamentales como los de Siria e Irán con organizaciones paramilitares como los hutíes de Yemen, Hamás, la Yihad Islámica Palestina o las milicias chiíes de Irak.
Aunque hay importantes diferencias internas, el grupo se caracteriza por su enfrentamiento con Israel y su principal aliado, Estados Unidos, así como con otros países de la región como Arabia Saudí.
Hezbolá, un Estado dentro de Estado
Desde su aparición a mediados de los años ochenta, en plena ocupación israelí en el sur de Líbano, Hezbolá ha expandido su influencia por gran parte del mapa de país, donde gestiona amplias zonas del territorio —sobre todo al sur y el este— en las que ha tejido una fuerte red clientelar que ha penetrado en prácticamente todos los niveles del Estado.
Por una lado, la organización mantiene abierta su participación en la vida política del país desde su legalización como partido en 1992. Desde entonces, de hecho, ha conseguido representación en el Parlamento de forma sistemática e incluso ha ocupado varios ministerios.
Por otra parte, Hezbolá también actúa como un grupo armado paramilitar enfrentado con Israel y que ha llegado a ganarse la etiqueta de milicia más poderosa del mundo. No se sabe con certeza el número de combatientes que tiene, pero se estima en decenas de miles, de la misma que su arsenal de misiles y cohetes —muchos de ellos suministrado por Irán— cuenta con capacidad para alcanzar casi cualquier lugar de Israel.
Desde que Hamás perpetró su ataque terrorista contra Israel el 7 de octubre de 2023, los enfrentamientos entre el Estado hebreo y la milicia chií han ido en aumento en la frontera que separa ambos países hasta convertirse en un conflicto de alta intensidad, aunque también claramente asimétrico. Entre octubre de 2023 y julio de 2024, el número de ataques que el ejército israelí ha lanzado contra el Líbano (6.093) quintuplica el de las operaciones de Hezbolá en suelo israelí.








