La masacre de Sabra y Chatila fue el asesinato de refugiados palestinos y libaneses por parte de las Fuerzas Libanesas del 16 al 18 de septiembre de 1982. Este grupo armado, ala militar del partido cristiano maronita conservador Falanges Libanesas, dejó unos 2.000 muertos en esos campos del sur de Beirut en el marco de la guerra civil que vivía el país, aunque se desconocen las cifras precisas.
Un país que nació dividido
Desde su creación en 1948, Líbano estuvo marcado por la rivalidad entre cristianos maronitas y musulmanes suníes, chiíes y drusos. Francia, la anterior potencia colonial, reservó la Presidencia de la República para los primeros, y les dio el puesto de primer ministro a los suníes y la presidencia del Parlamento a los chiíes. Al puzzle se sumó la llegada masiva de refugiados palestinos debido a la guerra árabe-israelí. Entre 120.000 y 200.000 palestinos fundaron doce campamentos en Líbano desde 1948.
En los años sesenta, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) empezó a organizar el movimiento de resistencia palestino. Distintos grupos guerrilleros se desplazaron a los países fronterizos para atacar desde allí a Israel. En Líbano la resistencia se concentró a partir de 1969, las protestas llegaron a los campamentos de refugiados y la OLP comenzó a armar a sus habitantes. Las facciones palestinas ya controlaban el sur de Líbano para 1969 y, como respuesta, el presidente Charles Helou mandó al ejército a intervenir. Los musulmanes y de izquierdas del país, sin embargo, sintieron la operación como una traición a la causa palestina y un acercamiento a Israel.
Las disputas por liderar el proyecto nacional y el contexto regional volátil dividieron a Líbano en dos bloques: el Frente Libanés, formado milicias cristianas maronitas de derechas, y el Movimiento Nacional Libanés, que reunía a musulmanes libaneses, palestinos, drusos y movimientos de izquierda. La violencia entre ambas partes fue continua desde 1973 hasta que en 1975 se precipitó hacia una auténtica guerra civil.
La masacre de Sabra y Chatila, un genocidio que Israel facilitó
Aprovechando la coyuntura, Israel invadió el sur de Líbano bajo el argumento de que Beirut colaboraba con terroristas. El ministro de Defensa israelí, Ariel Sharon, lanzó la operación Paz en Galilea en 1982 para combatir a la OLP, pero también para controlar el país. En Líbano armó al bando cristiano y apoyó al presidente Bashir Gemayel, maronita, fiel a Tel Aviv y líder de las Falanges Libanesas, un partido cristiano conservador que luchaba contra las milicias palestinas. Como protesta por esa colaboración, un maronita miembro del Partido Social Nacionalista Sirio asesinó a Gemayel el 14 de septiembre de ese año.
Las Fuerzas Libanesas, milicias falangistas, decidieron vengar la muerte de su líder, más aún cuando el asesino se había vinculado con la OLP. El 16 de septiembre de 1982 entraron en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila con autorización del supervisor, Ariel Sharon. El ejército israelí les entregó armas y provisiones a las Falanges y les alumbraron con bengalas durante las operaciones nocturnas. Aunque el ministro de Defensa no estuvo en los campamentos, dio las órdenes por radio.
La Asamblea General de la ONU calificó la masacre de Sabra y Chatila como genocidio y responsabilizó a Israel, ya que era la fuerza ocupante. La Comisión israelí de Investigación de Kahan corroboró el acto de genocidio y concluyó la responsabilidad directa de los falangistas e indirecta de las fuerzas armadas israelíes. Sharon también fue imputado por haber aprobado la entrada de los falangistas en los campamentos y no haber evitado la masacre. Fue retirado del cargo en 1983, aunque sería elegido primer ministro en 2001.
En repulsa a la masacre de Sabra y Chatila, Estados Unidos retiró la mediación en el conflicto a favor de Israel, que se vio forzado a retirarse de Beirut el mismo mes. La OLP de Yasir Arafat también fue expulsada de Líbano en 1982, y el vacío de poder en el Movimiento Nacional Libanés provocó la escisión del bloque en diversas milicias que pasaron a enfrentarse entre sí.
A partir de 1984, la amalgama de grupos, apoyados por Siria, Irán, Libia o Irak, se enfrentaron en batallas como la guerra de los Campos, en los propios campamentos de refugiados. La guerra civil libanesa terminó en 1989 con el Acuerdo de Taif, que restableció el equilibrio de poderes entre las diversas comunidades, pero sin resolver la crisis institucional y política del país.