El brutal ataque de Hamás contra varias poblaciones israelíes del pasado 7 de octubre supuso el comienzo de una nueva guerra a gran escala en Gaza, la quinta en apenas 15 años pero sin duda la más devastadora. Cuatro meses después de la masacre terrorista, el Ejército israelí (IDF) ya ha arrasado o dañado al menos el 50% de los edificios de la Franja, ha obligado a desplazarse a 1,9 millones de personas y ha matado a casi 28.000 personas, entre los que hay al menos 10.000 niños.
Pero mientras que la escalada de violencia y destrucción en la Franja se mantiene en niveles aterradores, el conflicto ha superado las fronteras de Palestina e Israel y se ha extendido por gran parte de Oriente Próximo, implicando a Estados Unidos y potencias europeas. De Líbano a Irak, pasando por el mar Rojo, la internacionalización de la guerra amenaza con desatar un conflicto a gran escala en una región con grandes tensiones geopolíticas.
Crisis en el mar Rojo
Si bien ya quedan pocos países y zonas de Oriente Próximo que permanezcan ajenos a la nueva guerra en Gaza, pocos focos se han vuelto tan relevantes como el mar Rojo, una de las principales rutas de navegación del comercio global. Los ataques hutíes contra barcos mercantes en el estrecho de Bab al Mandeb, que en una interpretación algo libre podría traducirse como Puerta de las Lamentaciones, han puesto en jaque el tráfico marítimo en un cuello de botella por el que circula el 30% de los contenedores que se mueven en el mundo y el 12% del petróleo.
Como respuesta a los ataques del grupo rebelde yemení, Estados Unidos y Reino Unido han emprendido bombardeos contra objetivos hutíes en el país arábigo. Pero la primera intervención militar abierta de Occidente en la región durante esta crisis va más allá de proteger el comercio marítimo: los hutíes, que llevan en guerra contra el Gobierno suní de Yemen desde 2014, son aliados cercanos de Hamás y el resto grupos afines a Irán. Una alianza informal, conocida como el Eje de Resistencia, que es la principal línea de choque contra Israel en la nueva guerra de Gaza, pero también contra la presencia y el intervencionismo de Estados Unidos en la región.
Irán y la guerra proxy
Desde la Revolución de 1979 y la instauración del régimen teocrático de los ayatolás, Irán se ha convertido en el baluarte del chiísmo en Oriente Próximo y en una de las potencias regionales. También en el principal rival de Israel.
Con una política basada en el antiimperialismo y el antioccidentalismo, el país, rico en recursos energéticos y un gran músculo militar, ha tejido una maraña de alianzas en la región con actores como Hezbolá, Hamás, el régimen de los Asad en Siria o los propios hutíes en Yemen, todos ellos involucrados en mayor o menor medida en el conflicto que asola Gaza.
Líbano, Hezbolá y una frontera en llamas
La frontera entre Líbano e Israel es uno de los puntos de conflicto históricos en el enfrentamiento que mantienen desde hace décadas el mundo árabe y el Estado de Israel. En los últimos 75 años, la línea que separa ambos países ha vivido tres conflictos a gran escala, aunque ninguno tan importante como la invasión israelí del país en el marco de la guerra civil libanesa (1975-1990).
Tras retirarse de Beirut en 1985, el Ejército israelí mantuvo ocupado el sur de Líbano hasta el año 2000 mientras luchaba contra la milicia chií Hezbolá, un actor esencial para entender la geopolítica del país y uno de los más activos en la respuesta contra Israel por la nueva guerra de Gaza. Desde el 8 de octubre, la frontera entre ambos países ha registrado numerosas escaramuzas y bombardeos desde ambos lados y amenaza con escalar a una guerra abierta.
Irak, Jordania y Siria
A finales de diciembre, las autoridades militares israelíes ya aseguraban abiertamente que estaban librando un conflicto en siete frentes, incluyendo en su lista a países con los que el Estado hebreo ni siquiera hace frontera, como Irak. Las milicias proiraníes de este país han atacado al Estado hebreo y sus aliados en distintos puntos de la región, incluyendo el lanzamiento de un dron contra una base estadounidense en Jordania en el que murieron varios soldados norteamericanos.
En Siria, las facciones alineadas con Hezbolá e Irán también han intercambiado ataques con Israel en los Altos del Golán, territorio sirio ocupado ilegalmente por Tel Aviv desde 1967.
Liga Árabe
En un contexto en el que el conflicto se ha internacionalizado y escalado a distintas zonas de Oriente Próximo, los sistemas de alianzas y de presión diplomática también se encuentran en plena ebullición. El Gobierno de Netanyahu, que ya no esconde la retórica que llama a la limpieza étnica de Gaza, mantiene el apoyo del mundo occidental, aunque cada vez es más endeble.
En el otro lado, la Liga Árabe aparece como uno de los puntos oficiales de apoyo regional de Palestina —el Eje de Resistencia tiene carácter informal—. La organización ha pedido sistemáticamente un alto el fuego y ha criticado la cancelación de la financiación de la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos, aunque también ha demostrado división y poca proactividad a la hora de acordar algún tipo de sanción contra Israel.



