Israel no parece querer ponerle fin a la guerra en Gaza, al contrario. El Ejército israelí no ha rescatado a los rehenes —incluso ha matado a varios— y la cúpula de Hamás sólo ha perdido al número dos de su rama política, asesinado ayer en Líbano. Cada vez más voces radicales en el Gobierno de Israel llaman a una limpieza étnica en la Franja. Por su parte, los militares hablan de una guerra de hasta dos años y con siete frentes abiertos: Gaza, Cisjordania, Líbano, Irak, Siria, Yemen e Irán.
Netanyahu busca esta escalada para salir del atolladero en el que se ha metido. En Israel es cada vez más impopular. Pese al bloqueo de los hutíes en el mar Rojo, Estados Unidos también le presiona para que el conflicto termine pronto. Washington lleva años tratando de disminuir su presencia en Oriente Próximo y el presidente Joe Biden no quiere perder más apoyo en su país ni empeorar la reputación estadounidense en el mundo. Biden ha advertido a Netanyahu de que se ha quedado aislado por su bombardeo indiscriminado en Gaza. Para el primer ministro israelí, la salida es huir hacia adelante: una guerra regional contra Irán.
El Gobierno israelí necesita la guerra, pero Washington no la quiere
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