Los drusos son un grupo etnoreligioso surgido en Egipto a principios del siglo XI como una secta del islam. En origen son musulmanes chiíes, pero pronto quisieron ser considerados como religión independiente, monoteísta y endogámica. Con la división territorial entre las potencias del siglo XX quedaron repartidos entre Siria, Líbano, Israel y Jordania, donde participaron en la guerra civil siria y en el conflicto israelí-palestino. Actualmente hay alrededor de un millón de drusos, más de la mitad en Siria.
La Montaña de los Drusos
Los drusos tienen su origen en el Egipto del siglo XI. Su primer líder, el chií Hamza ibn Alí, junto con otros estudiosos islámicos y políticos, se ganaron la confianza del califa chií Al Hakim. Hamza hizo creer al califa que era Dios en persona, lo cual fue visto por el pueblo como una herejía. En el año 1021, Al Hakim desapareció sin dejar rastro, aunque se sospecha que su hermana lo mandó asesinar. Los drusos basaron su fe en que volvería como el mesías. Las nuevas autoridades empezaron a perseguirlos, y aquellos que sobrevivieron huyeron a las montañas fronterizas entre el sur de Líbano y el sureste de Siria. Allí constituyeron un poder autónomo en torno al después llamado Yábal ad Druz, la ‘Montaña de los Drusos’.
Tras la Primera Guerra Mundial, la caída del Imperio otomano en 1922, la división de su territorio entre el Reino Unido y Francia y la creación de los Estados posteriores, los drusos quedaron repartidos entre Líbano, Siria, Israel y Jordania. En estos países son leales a los poderes que les acogen y privilegian, mientras que son contrarios a los que consideran ocupantes. Por ejemplo, en Siria lucharon contra el colonialismo francés, aunque tras la independencia en 1946 fueron considerados una amenaza por el nuevo Gobierno y el presidente sirio Adib Shishakli mandó bombardear sus montañas. Como consecuencia, sufrió un golpe de Estado en 1954 y fue asesinado a manos de un druso cuando estaba en el exilio en 1964.
Guerras y discriminación en Siria e Israel
Los drusos se mantuvieron neutrales con la llegada progresiva de judíos a Palestina cuando aún era colonia británica. Sin embargo, grupos de sionistas se ganaron el apoyo de algunas familias drusas poderosas. Los árabes lo consideraron una traición que llevó a mayores tensiones y ataques al grupo. En 1948 se fundó el Estado de Israel y los drusos acordaron su lealtad y participación en el Ejército a cambio de reconocimiento como comunidad religiosa, aunque no todos estarían de acuerdo. En el Ejército consiguieron su propio batallón, Herev, pero fue disuelto en 2015 para integrar otras minorías étnicas.
La guerra de los Seis Días en 1967 enfrentó a Israel con Siria, Líbano y Jordania y cambió el mapa de la región, afectando a los drusos. Israel se anexionó los Altos del Golán sirios, de mayoría drusa. Muchos se quedaron allí, aunque rechazaron el nuevo poder y el pasaporte israelíes. Décadas después, el estallido de la guerra civil siria en 2011 dividió a los drusos entre defensores y opositores del régimen de Bashar al Asad. Además, el contacto entre los drusos a ambos lados de la frontera se redujo, pues hasta 2011 los drusos del Golán podían exportar sus cosechas a Siria y estudiar en las universidades de ese país.
En Israel, los drusos tienen una posición contradictoria. Son discriminados como minoría en el acceso a la vivienda o los contratos de trabajo, pero están integrados en la vida política y en lo militar. La promulgación de la Ley del Estado-Nación en 2018 que reconoce a Israel como un Estado-nación judío, provocó que muchos drusos, junto a otras minorías, se manifestaran porque se sentían discriminados.
Una secta surgida del islam
La religión drusa surgió del islam, pero incorpora elementos del hinduismo y la filosofía griega clásica. Si bien no se conocen bien sus dogmas, preceptos o ritos porque los ocultan para evitar la persecución, se trata de un pueblo muy espiritual. Sus textos fundamentales son las Epístolas de la Sabiduría y aprenden del Corán, la Torá y el Evangelio. Estos sólo pueden leerlos una minoría, los uqal o espirituales, que suelen llevar la cabeza cubierta y transmiten las escrituras al resto, llamados yuhal o ignorantes.
Además, son monoteístas y, aunque no pueden humanizar a Dios, para ellos se ha reencarnado en personas a las que honran, como Moisés, Jesús, Mahoma, Platón o Aristóteles. También creen que los niños de la comunidad son reencarnaciones de los difuntos, lo que asegura la continuidad de los fieles. Se caracterizan por un fuerte sentimiento comunitario y son endogámicos, por lo que renuncian a difundir su credo, no aceptan conversos ni matrimonios mixtos. Estas características les han hecho pervivir como grupo y ganar influencia desde su territorio.







