El mapa político del golfo Pérsico

La región está marcada por el creciente protagonismo internacional de las monarquías árabes y por las rivalidades con Irán
CartografíaGeopolíticaOriente Próximo y Magreb

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El golfo Pérsico es una región geopolítica estratégica del sistema internacional y un espacio central en el equilibrio de poder de Oriente Próximo. Con casi mil kilómetros de longitud y apenas 56 kilómetros de ancho en su punto más estrecho, esta masa de agua conecta algunas de las principales rutas energéticas del mundo. A través del estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, transita cerca del 20% del petróleo y gas del mundo, siendo uno en uno de los principales cuellos de botella energéticos del planeta.

Este espacio geográfico, marcado por tierras áridas y una fuerte dependencia de los recursos energéticos, alberga a ocho países: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Baréin, Omán, Irak e Irán. Menos los dos últimos, todos forman parte del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), una organización regional creada para coordinar políticas económicas, energéticas y de seguridad entre las monarquías árabes de la región.

El golfo Pérsico, de Irán a las monarquías árabes

La población de los países del golfo Pérsico ronda los doscientos millones de habitantes, siendo Irán el Estado más poblado, con más de noventa millones de personas. Sin embargo, la estructura demográfica de la región es singular. En países como Catar y Emiratos, los trabajadores extranjeros residentes representan cerca del 76% de la población total. Esta mano de obra resulta fundamental para el desarrollo de grandes proyectos de infraestructuras y crecimiento urbano. Sin embargo, muchos de estos residentes están vinculados al sistema kafala, un sistema laboral de patrocinio criticado como un sistema de explotación.

En el plano religioso, el islam es el principal elemento cultural compartido en el golfo Pérsico. La mayoría de la población es suní, aunque existen comunidades chiíes importantes en Baréin, Kuwait y Arabia Saudí. Por su parte, Irán e Irak son países de mayoría chií, en el segundo caso con una gran minoría suní. A su vez, algunos Gobiernos del CCG perciben a las comunidades chiíes como posibles canales de influencia de Irán, la principal potencia chií de la región e histórica rival de Arabia Saudí. Al mismo tiempo, la presencia masiva de trabajadores extranjeros ha creado sociedades culturalmente diversas.

¿Cuál es la diferencia entre suníes y chiíes?

A diferencia de Irán (una república islámica) e Irak (una república federal), las naciones que integran el CCG están regidas por familias reales. Estas concentran una parte sustancial del poder político, aunque existen diferencias institucionales existentes entre ellas. Arabia Saudí representa el modelo de monarquía absoluta encabezada por la familia Al Saud, donde el poder se ha concentrado en los últimos años en torno al príncipe heredero Mohamed bin Salmán. En Catar, gobernado por la familia Al Thani, el sistema sigue siendo fuertemente monárquico pese a algunas reformas limitadas.

Emiratos Árabes Unidos funciona como una federación de siete emiratos liderada políticamente por Abu Dabi. En contraste, Kuwait cuenta con el sistema político más pluralista de la región gracias a un Parlamento electo con capacidad de fiscalizar al Gobierno. Baréin, por su parte, mantiene una monarquía con Parlamento bicameral, marcada por tensiones entre la élite gobernante suní y la mayoría chií. Omán combina una monarquía fuerte con instituciones consultivas.

La proyección internacional de las petromonarquías

Tras el estallido de las revueltas árabes a finales de 2010, el comportamiento exterior de los países del golfo Pérsico cambió de forma significativa. La desestabilización regional llevó a Catar o Emiratos a adoptar políticas más activas, interviniendo en los conflictos de Libia, Egipto o Siria para ampliar su influencia. Este activismo provocó tensiones internas, reflejadas en la crisis diplomática de 2017, cuando Arabia Saudí y sus aliados impusieron un bloqueo a Catar que duraría hasta 2021.

En los últimos años, sin embargo, la región ha adoptado una diplomacia más pragmática. Los países del Golfo han actuado como mediadores en conflictos internacionales como las guerras de Ucrania y Gaza, manteniendo relaciones simultáneas con Occidente, Rusia y China. Estas acciones proyectan una imagen de resolución pacífica de conflictos, mitigando las críticas a su historial de derechos humanos. La mediación, además, les permite posicionarse como centros de diálogo internacional, una estrategia que contribuye a sus objetivos nacionales de diversificación económica y promoción del turismo de alto nivel.

El CCG, creado en 1981, constituye el principal marco de coordinación política, económica y de seguridad entre las monarquías de la región. Aunque su cohesión se ha visto puesta a prueba por crisis como el bloqueo a Catar, sigue siendo la principal plataforma institucional que articula la política regional del Golfo.

Del petróleo a la diversificación energética y económica

La base de la influencia internacional de los países del golfo Pérsico sigue siendo el petróleo y el gas. Oriente Próximo produce alrededor del 31% del petróleo mundial, lo que convierte a la región en uno de los pilares del sistema energético global. En este espacio energético más amplio, el Golfo concentra algunos de los mayores productores del mundo, entre ellos Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y también Irak, cuyas exportaciones se realizan principalmente desde terminales situadas en el sur del país.

El mapa del petróleo en Oriente Próximo

Sin embargo, el modelo económico del Golfo está en plena transformación hacia una etapa post-petróleo. Arabia Saudí y Emiratos han lanzado estrategias para diversificar sus economías y reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Emiratos aspira a liderar esta transición mediante el desarrollo tecnológico y la inteligencia artificial. Según su estrategia nacional de IA 2031, esta tecnología podría aportar hasta el 45% del PIB.

La transición energética global también tiene implicaciones geopolíticas para el Golfo. El avance de los vehículos eléctricos y las políticas climáticas están moderando el crecimiento de la demanda de petróleo. Esto obliga a las economías de la región, altamente dependientes de las exportaciones energéticas, a acelerar su diversificación económica. Algunos cambios ya son visibles: según el informe MENA Energy Outlook 2026, la capacidad renovable de la región aumentó en 2025 un 44% respecto a 2024.

Una región vulnerable y con disputas territoriales

La arquitectura de seguridad del golfo Pérsico está condicionada por la rivalidad estratégica entre Irán y varias monarquías árabes del CCG, especialmente Arabia Saudí. Al mismo tiempo, Irak ocupa una posición intermedia, actuando como espacio de competencia entre potencias regionales. Este contexto se combina además con varias vulnerabilidades estructurales que afectan a los Estados del Golfo.

Una de las principales vulnerabilidades es la escasez de agua dulce. Para abastecer a sus ciudades, los países del Golfo dependen en gran medida de la desalinización, un proceso costoso y energéticamente intensivo. En particular, los países del CCG producen cerca del 40% del agua desalinizada del mundo. En Kuwait, Omán y Arabia Saudí, entre el 70% y el 90% del suministro procede de estas plantas.

Esta dependencia convierte a las infraestructuras desalinizadoras en objetivos vulnerables. Su interrupción podría provocar graves impactos económicos y demográficos al poner en riesgo el suministro de agua en las principales ciudades del Golfo. Por ello, el control y la protección de estas infraestructuras se han convertido en una cuestión de seguridad nacional para los Estados de la región.

El golfo Pérsico también mantiene varias disputas territoriales. Una de las más relevantes enfrenta a Irán y Emiratos Árabes Unidos por las islas Abu Musa, Tunb Mayor y Tunb Menor. La República Islámica controla estas islas estratégicas situadas cerca del estrecho de Ormuz desde 1971, mientras que Emiratos continúa reclamando su soberanía. 

A esta disputa se suma el conflicto energético en torno al campo de gas Dorra —denominado Arash en Irán—, cuya explotación es reclamada tanto por Irán como por Kuwait y Arabia Saudí debido a desacuerdos sobre la delimitación marítima. Además, otro elemento crítico para Teherán es la isla de Kharg, donde maneja casi la totalidad de sus petroleros hacia Asia. Esto le convierte en un activo económico vital y en un potencial objetivo estratégico por parte de rivales regionales.

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1 comentario

  1. Expandir comentario
    Daniel Navarro

    Quizás la frase «mitigando las críticas a su historial de derechos humanos» sea confusa. Tal vez «… a su historial de vulneración de derechos humanos» sea más clara.