El origen de Arabia Saudí: wahabismo, guerras y petróleo

La dinastía Al Saúd aglutinó varias tribus y clanes arábigas bajo un mismo reino en 1932 gracias al expansionismo del wahabismo islámico. En sus inicios, Arabia Saudí tenía una estructura política y económica débil, pero el descubrimiento de petróleo en 1938 permitió modernizar el Estado
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El origen de Arabia Saudí: wahabismo, guerras y petróleo
Bandera de Arabia Saudí, con la profesión de fe 'No hay más dios que Alá, [y] Mahoma es su profeta'. Fuente: Wikimedia Commons

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Arabia Saudí es el país más extenso de Oriente Próximo y tiene las dos ciudades más sagradas del islam, La Meca y Medina. Es clave en la región porque contiene la segunda reserva de petróleo más grande del mundo y es el principal exportador de crudo. Se fundó en 1932 y desde entonces es una monarquía absoluta en la que el rey, de la dominante casa de Saúd, es la máxima autoridad política y religiosa. La religión oficial es el islam en su vertiente wahabí, una rama del sunismo que interpreta el Corán literalmente y considera las prácticas chiíes o contrarias a lo islámico como delitos graves.

El vínculo saudí-wahabí

La historia de Arabia Saudí está ligada a un acuerdo entre dos hombres. Por un lado, Mohamed bin Abdul Wahab, un reformador que en el siglo XVIII defendió la necesidad de recuperar la forma original del islam y fue perseguido por ello. Buscando protección llegó hasta Mohamed bin Saúd, gobernador de la ciudad de Diriyah. Bin Saúd le daría protección a Abdul Wahab, quien así podría extender su movimiento religioso, el wahabismo. Esta rama suní interpreta el Corán con literalidad, sin adaptarlo a la época o el contexto. Bajo el pretexto de enseñarla, Bin Saúd fue conquistando territorios hasta crear el Primer Estado saudí, que a principios del siglo XIX extendió su dominio por la península arábiga, incluidas La Meca y Medina.

El avance de los Al Saúd enfureció a la potencia regional, el Imperio otomano, que en 1818 tomó Diriyah. La dinastía, sin embargo, recuperó la mayor parte de las tierras perdidas para 1824 y movió la capital a Riad, donde estableció el Segundo Estado saudí. Los otomanos volvieron a combatir a la casa de Saúd en 1865 con ayuda de los Rashid, una dinastía rival que conquistó la nueva capital. Ante la inferioridad de su ejército, el rey Abderramán bin Faisal al Saúd abandonó la lucha en 1891 y se refugió en Kuwait.

Esta derrota favoreció el avance del emirato de la dinastía Rashid, que ocupaba la mayor parte de la península. En 1902, el entonces rey saudí Abdulaziz bin Saúd lanzó un ataque para recuperar Riad y, tras el fin del Imperio otomano en 1922, capturó el oeste de la península a finales de los años veinte, incluidas La Meca y Medina, con el apoyo del Reino Unido. Finalmente, el 23 de septiembre de 1932, Abdulaziz unió a las tribus arábigas bajo el Reino de Arabia Saudí, un Estado islámico con el árabe como idioma y el Corán como constitución.

Una Arabia Saudí fuerte, con aliados por petróleo y religión

El nuevo Estado no contaba con un sistema político sólido y apenas tenía recursos económicos, pero todo cambió en 1938, cuando la multinacional estadounidense Standard Oil encontró petróleo en el país. El hallazgo convirtió a Arabia Saudí en un foco de interés geopolítico. En plena Segunda Guerra Mundial el combustible era crucial, y Washington tomó ventaja en la región.

En 1945, el presidente estadounidense Franklin Roosevelt y Abdulaziz bin Saúd firmaron un acuerdo que autorizaba a Estados Unidos a construir una base aérea en el Reino, usar sus puertos y construir el oleoducto transarábigo, que conecta el país con el Mediterráneo. A cambio, el país obtenía beneficios económicos y la tecnología para desarrollar la industria extractiva del crudo en una alianza que perdura.

La revolución petrolera también cambió la sociedad saudí. En el país entraron ingenieros estadounidenses, británicos y neerlandeses que vivían mejor que los trabajadores locales, reclutados para trabajar en los pozos petrolíferos. La explotación generó un sentimiento de identidad en los obreros saudíes por encima de las distinciones tribales. Entre ellos la única ley era la interpretación estricta del islam que defendía el wahabismo, y el sentimiento se extendió a toda la sociedad.

El dinero del petróleo permitió modernizar el Estado, que es hoy la vigésima economía del mundo. La alianza de Arabia Saudí con países occidentales le ha aventajado en Oriente Próximo, donde lidera el bloque dividido de los países suníes, integrado por Baréin, Catar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait y Turquía. La prioridad del Reino es frenar el expansionismo chií de Irán y, como otros vecinos de la región, ha pasado de tener tensiones a relacionarse con Israel. Al mismo tiempo, el fundamentalismo wahabí ha contribuido al salafismo yihadista, la ideología de grupos terroristas como Dáesh, y su rigor impide que en el país se respeten los derechos humanos, en especial los de las mujeres.

Ana Montes

Madrid, 1998. Máster en Relaciones Internacionales y Diplomacia en la Escuela Diplomática. Política e intrahistoria.