Política y Sociedad Oriente Próximo y Magreb

Salafismo, historia de una ideología islamista radical

Salafismo, historia de una ideología islamista radical
Hombre leyendo el Corán. Fuente: Pixabay

El salafismo es una corriente del islam suní que llama a la más estricta obediencia del Corán y el resto de escrituras sagradas. Aunque posee unos principios fundamentales compartidos de manera general, tres facciones principales aparecen dentro del salafismo, cada una con sus particularidades, y todas ellas defienden ser el único islam verdadero: los quietistas, el salafismo político y el yihadismo.

El salafismo es una de las corrientes más divulgadas y mediatizadas del islam en la actualidad. A pesar de la atención que ha atraído en los últimos años —especialmente tras los ataques terroristas del 11 de septiembre—, esta ideología continúa siendo para muchos una gran desconocida. Esto se debe, en muchas ocasiones, al uso erróneo que los medios de comunicación hacen de ella, a menudo refiriéndose a los salafistas como un grupo homogéneo de personas que comparten los mismos principios e ideales. Sin embargo, esta creencia no puede estar más alejada de la realidad, ya que existen diferentes tendencias dentro del salafismo, cada una con sus particularidades. El objetivo de este artículo es, por lo tanto, dar a conocer las características generales del salafismo y subrayar las principales diferencias de sus tendencias más importantes. Conocer los distintos grupos que se hacen llamar a sí mismos salafistas ayuda a entender las dinámicas actuales en Oriente Próximo y el norte de África y las distintas esferas de influencia en los ámbitos religioso y político. 

La palabra “salafismo” tiene su origen en la expresión árabe al salaf al salih (‘los antepasados devotos’), en referencia a las tres primeras generaciones de musulmanes. La primera expresión del credo salafista tuvo lugar en el siglo IX, momento en que surgió el movimiento Ahl al Hadith (‘los seguidores de las narraciones proféticas’), que aboga por la interpretación textual de las escrituras y enseñanzas del profeta Mahoma. Entre los autores más influyentes de este período se encuentra Ahmad bin Hanbal, teólogo y jurista iraquí fundador del hanbalismo, la más rigorista y literalista de las cuatro escuelas de interpretación coránica del islam suní, que se caracteriza principalmente por su rechazo a las opiniones personales en la interpretación de los textos religiosos. En los siglos XIII y XIV, Ibn Taymiya, también teólogo y jurista islámico, y miembro de la escuela hanbalí, continuó sentando las bases del salafismo desarrollando interpretaciones muy estrictas de las escrituras sagradas. Este es considerado uno de los principales autores en los que Muhamad ibn Abd al Wahab se inspiró para fundar el wahabismo, que surgió en la península arábiga en el siglo XVIII y supuso una reforma del hanbalismo en la que se establecieron prohibiciones como las visitas a las tumbas y mausoleos o el uso del rosario islámico, entre otros. Todas estas corrientes y aportaciones sentaron las bases para la forma actual del salafismo, que surgió en el siglo XX.

Mahoma viaja hacia la Meca rodeado de los arcángeles Gabriel, Miguel, Rafael y Azrael, en un manuscrito otomano del siglo XVI. Fuente: Wikipedia

En este punto, es importante diferenciar los términos “salafismo” y “salafiya”, que a menudo han dado lugar a confusión. Entre los siglos XIX y XX, autores como Jamal al Din al Afghani y Muhamad Abduh eran conocidos como los salafiya, miembros de un movimiento reformista que buscaba reconciliar el islam con la modernidad política. En el modernismo islámico, uno de los principios más importantes es el uso de la razón humana en la interpretación de fuentes religiosas, al contrario de lo que predica el salafismo. Por otro lado, la palabra “salafismo”, tal y como se entiende hoy en día, se basa en los precedentes mencionados anteriormente, pero no empezó a ser empleada como tal hasta principios del siglo XX. Es en este término en el que se centra el presente artículo. 

En términos generales, el salafismo rechaza la innovación religiosa (bid’a) y aboga por la vuelta a los principios del islam del profeta Mahoma, es decir, pone especial énfasis en la afirmación de que Dios es único (tawhid, el aspecto más fundamental del credo salafista), y rechaza la lógica y el deseo humano. Esto significa que los musulmanes deben seguir estrictamente los principios del Corán, la colección de enseñanzas de Mahoma (los hadices) y de las tres primeras generaciones de seguidores del profeta (los salaf). El objetivo de esto es volver a las maneras de los salaf, eliminando la subjetividad humana y el pluralismo religioso, pues solo hay un islam verdadero y nunca ha estado el hombre más cerca de alcanzarlo que con las primeras generaciones de creyentes. Los salafistas rechazan toda interpretación humana de los textos sagrados y se caracterizan por la interpretación estrictamente literal de las fuentes religiosas.

Aunque todos los salafistas comparten las cuestiones generales del credo, diversas facciones discrepan en cuanto a la interpretación de los distintos mandatos del islam, es decir, aplican métodos diferentes a las distintas problemáticas que van surgiendo con el paso del tiempo. Tres tendencias del salafismo han aparecido a lo largo de la historia: el salafismo quietista, el salafismo político y el salafismo yihadista. Cada uno de estos grupos se considera a sí mismo el único salafismo real, y por lo tanto no reconoce a las otras facciones. 

Salafismo quietista: purismo y predicación

Los quietistas son la facción mayoritaria dentro del salafismo. Ponen especial énfasis en mantener la pureza del islam de acuerdo con las enseñanzas del Corán y las escrituras del profeta Mahoma y de sus primeras generaciones de seguidores. La otra característica fundamental de este grupo es que no participan en política. De acuerdo con ellos, la involucración en política da lugar a corrupción, injusticias, división de la comunidad religiosa (la umma) e incluso guerras civiles. Todo esto llevaría a una situación de caos (fitna), por lo que es rechazado. Sin embargo este rechazo no es algo permanente: los quietistas defienden la creación de Estados islámicos, pero advierten que esto solo deberá darse cuando la sociedad esté preparada, lo que no ocurrirá en un futuro cercano. Por lo tanto, las figuras quietistas abogan de momento por soluciones religiosas para conflictos políticos. Dichas soluciones tienen tres componentes clave: la educación religiosa, la predicación y las actividades misioneras, y la purificación

Ya que los salafistas quietistas evitan la participación política activa, dichos líderes religiosos se limitan a asesorar a sus respectivos Gobiernos. Aunque la relación entre ambas partes varía entre países, a menudo los quietistas han seguido una política de escuchar y obedecer. Un ejemplo de esto es el rechazo general de los salafistas quietistas a las revueltas árabes de 2011

Muhammad Nasir al Din al Albani, de nacionalidad albanesa y fallecido en 1999, es considerado uno de los salafistas quietistas más prominentes del siglo XX. Fuente: howiyapress

Otro aspecto importante a tener en consideración es la relación de los distintos grupos con Occidente. Aunque en general todos los salafistas creen que este quiere destruir el islam con sus valores y estilo de vida, los quietistas en concreto llevan a cabo un programa ideológico pacífico que busca prevenir los comportamientos y valores occidentales. Los musulmanes no deben pensar o actuar como Occidente porque si lo hacen se desviarán del camino correcto. Como resultado de su ímpetu por alejarse y diferenciarse de Occidente, los quietistas han tendido a aislarse y a limitar sus interacciones, no solo con Occidente sino también con otras facciones musulmanas por considerarlas igualmente erróneas en su forma de actuar. En este aspecto, no es el credo de los salafistas políticos y yihadistas lo que critican los quietistas, sino su método, entendido como la manera de poner en práctica las creencias compartidas por las tres variantes. Para un quietista, tanto el credo como el método deben ser respetados por un buen musulmán. 

Un ejemplo de salafismo quietista lo conforman las autoridades religiosas de Arabia Saudí. El salafismo quietista —la forma tradicional de salafismo— nació en Arabia y como tal ayudó a configurar el territorio que en 1932 se convertiría en el Reino de Arabia Saudí. En este caso, las autoridades quietistas representan un claro ejemplo de relación entre religión y Estado, y tradicionalmente han ejercido considerable influencia sobre las políticas del Gobierno. Se apoyan en su conocimiento religioso para justificar su autoridad, siendo la mayor de estas el Consejo Superior de Ulemas. En el país, el clero salafista juega un papel importante en el ajuste de las estrictas y ultraconservadoras normas sociales y culturales saudíes. Además, promueve la obediencia al Gobierno, ya que defiende que cualquier forma de oposición daría lugar a una situación de caos. El salafismo quietista de Arabia Saudí difunde ideas religiosas a la sociedad pero no mediante actividad política directa. 

Para ampliar: “Arabia Saudí, el reino del Corán y la espada”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2016

Salafismo político: acción política y social

El salafismo político tiene su raíz en los Hermanos Musulmanes, organización islamista originada en Egipto. En la década de 1950, tras un fallido intento de atentado contra el presidente egipcio Gamal Abdel Náser, miembros de la organización —muy involucrados en cuestiones políticas y sociales— comenzaron a ser perseguidos y encarcelados. Como resultado, muchos de los hermanos se exiliaron a Arabia Saudí en los años posteriores, donde comenzaron a introducir una agenda más enfocada en la política, en contraste con la tradición quietista que predominaba en el país. A partir de los años 1980 y 1990, la autoridad de los salafistas quietistas comenzó a verse comprometida cuando un grupo de jóvenes académicos, simpatizantes del salafismo político, comenzó a salir de las universidades y a ganar popularidad en Arabia Saudí y otros países como Kuwait o Argelia.

Un punto de inflexión en la fractura entre las corrientes quietista y política del salafismo fue la fetua de la guerra del Golfo, un pronunciamiento legal del islam en la cual las autoridades quietistas saudíes aceptaban el despliegue de tropas estadounidenses en suelo saudí, a modo de protección contra el ejército iraquí de Sadam Huseín. Al contrario de los quietistas, los salafistas políticos rechazaron dicha fetua argumentando que las autoridades quietistas no habían logrado ver la verdadera motivación de Estados Unidos para querer defender el territorio saudí, siendo esta el deseo de lograr mayor control sobre Oriente Próximo. Este ejemplo ilustra una de las principales diferencias entre quietistas y políticos: los políticos respetan y no cuestionan a los salafistas quietistas en términos de conocimiento religioso, pero les critican por ser una facción obsoleta y aislada del mundo actual, lo que les lleva a cometer errores en cuestiones de política nacional e internacional, así como a emitir fetuas mal informadas.

Restos de automóviles bombardeados durante la guerra del Golfo. Fuente: Samer

Los salafistas políticos aceptan la importancia de proteger la pureza del islam, pero defienden que para ello es imprescindible involucrarse y participar en política. Esto lo hacen mediante la creación de partidos políticos y la participación en elecciones, debates, manifestaciones y protestas. Es decir, los políticos no cuestionan el credo de los quietistas, sino las interpretaciones que hacen del contexto. Los salafistas políticos argumentan tener una mayor comprensión y conocimiento de los asuntos nacionales e internacionales actuales, y por lo tanto estar mejor preparados para aplicar el credo salafista en el contexto moderno. Por otro lado, rechazan la actividad violenta del salafismo yihadista, porque defienden los medios pacíficos de acceso al poder, como a través de la creación de sindicatos y otras asociaciones.

Diferencias en método aparte, los salafistas políticos comparten la misma base ideológica que los quietistas: el aspecto más central de su credo es la unidad de Dios, rechazan el politeísmo, predican un estricto seguimiento de los principios del Corán y las enseñanzas del profeta Mahoma y sus primeros seguidores, y rechazan aquellas influencias procedentes de culturas y religiones enemigas del islam. 

Para ampliar: “Los Hermanos Musulmanes: islamismo más allá de Egipto”, Airy Domínguez en El Orden Mundial, 2019

Salafismo yihadista: sangre y conquista

El yihadismo es un fenómeno moderno, que incluso a comienzos de la década de los años 90 aparecía de manera marginal en los debates intrasalafistas. Sin embargo, a día de hoy es la facción más conocida y que más aparece en los medios de comunicación. Su característica principal es la defensa del uso de la violencia y las insurrecciones armadas como medio para establecer Estados islámicos y difundir sus ideales. Ideológicamente, se basan en los escritos de pensadores radicales como Sayid Qutb, miembro prominente de los Hermanos Musulmanes que fue condenado a muerte en 1966. El salafismo yihadista comenzó a surgir a partir de los años 70, entre otros motivos debido al rechazo que causó en todo el mundo musulmán la derrota de los Estados árabes frente a Israel en la guerra de los Seis Días en 1967. Sin embargo, no fue hasta la guerra de Afganistán (1979-1989) contra la Unión Soviética cuando la ideología comenzó a ganar protagonismo. 

Al igual que los políticos, los salafistas yihadistas respetan a los quietistas por su alto conocimiento de la religión. Sin embargo, argumentan que, al contrario de lo que piensan los políticos, los quietistas son perfectamente conscientes del entorno y el contexto actual, pero deciden ocultárselo a la población porque actúan como agentes del régimen saudí. Para los yihadistas, los quietistas representan los al ulama al sulta (‘los académicos del poder’), llamados así para enfatizar una relación entre régimen y autoridades religiosas que resulta en una pérdida de independencia y legitimidad de los líderes quietistas. En el lado opuesto del espectro, los yihadistas se ven a sí mismos como los ulemas verdaderos, aquellos dispuestos a sacrificarse por la causa empleando la violencia como instrumento político. Se hacen ver como los únicos incorruptibles y capaces de volver al islam ultraconservador, así como de transmitir el verdadero mensaje de Alá a las distintas poblaciones musulmanas. 

El entonces líder de Al Qaeda Osama Bin Laden (izquierda), junto a su sucesor al frente del grupo terrorista, Ayman al Zawahiri, durante una entrevista en noviembre de 2001, dos meses después del 11S. Fuente: Wikipedia

Sus mayores enemigos son los líderes islámicos que perciben como corruptos, Occidente —principalmente Estados Unidos— e Israel. En este contexto, la guerra de Afganistán fue también importante porque transformó el yihadismo en un fenómeno transnacional: desde ese momento, el salafismo yihadista no solo busca establecer Estados islámicos en países de mayoría musulmana, sino establecer un califato global. El mayor exponente de yihadismo es el grupo terrorista Al Qaeda, que fue creado en los años 90 por Abdulá Azam —profesor y mentor de Bin Laden—, Aymán al Zawahiri —actual líder de la organización desde la muerte de Bin Laden en 2012— y el propio Osama Bin Laden. El grupo ha ido ganando importancia y popularidad a lo largo de los años y desde la década de 1990 han surgido ramas locales en distintas regiones de Oriente Próximo, África y Asia. Además, su filial iraquí derivaría a partir de 2014 en lo que hoy conocemos como Dáesh

En Occidente, el salafismo yihadista a menudo abre telediarios y encabeza portadas de periódicos, recibiendo como norma general una mayor atención de la que reciben las facciones quietista y política. Sin embargo, precisamente las facciones salafistas tradicionales, y principalmente la quietista, las que muestran su rechazo a considerar al yihadismo una facción del salafismo, pues a su juicio este no tiene nada que ver con las primeras generaciones de musulmanes y, por lo tanto, con el salafismo. Si algo queda claro es que no todo puede ser blanco o negro, y aunque las tres principales facciones compartan un credo similar, muchas veces encontramos líneas borrosas en las interpretaciones de contexto que al final del día dan lugar a cruces de acusaciones y a reclamos para identificarse como el único salafismo verdadero. 

Para ampliar: “El origen de Dáesh: entre el conflicto, la fantasía y el caos”, Javier Blanco en El Orden Mundial, 2019

1 comentario

  1. Me ha quedado muy claro cuáles son las diferencias, con un lenguaje común
    Gracias