Oriente Próximo es una región heterogénea y diversa pero con algunos elementos comunes que afectan a gran parte de sus territorios. Uno de ellos es el histórico conflicto árabe-israelí, que ha vuelto a recrudecerse tras el comienzo en octubre de 2023 de una nueva guerra a gran escala en la Franja de Gaza. Yemen y Siria, por su parte, viven desde hace más de un década dos devastadoras guerras civiles que también han impactado profundamente en muchos puntos de la región, con cientos de miles de muertos y refugiados.
El origen de estos conflictos actuales se remonta, sin embargo, al fin de la Primera Guerra Mundial y al reparto de los territorios del desintegrado Imperio otomano, que pasaron a manos de Francia y el Reino Unido a través de los mandatos de la Sociedad de Naciones.
Esta colonización y la imposición de fronteras arbitrarias durante las dos décadas de presencia francobritánica dio lugar un mosaico territorial que no reflejaba las realidades étnicas y religiosas de la región.
La creación del Estado de Israel en 1948 intensificó las disputas territoriales, muchas de las cuales se mantienen activas en la actualidad.
Desde la pugna por el control de estrechos estratégicos, como el de Bab al Mandeb, al acceso a rutas comerciales, pasando por reclamaciones históricas o delimitaciones fronterizas, el mapa de las disputas territoriales de Oriente Próximo implica a prácticamente todos los Estados de la región.
En el mar Rojo, clave para la navegación y el comercio mundial, las islas en disputa son dos: Sanafir y Tirán, situadas en un punto estratégico de la salida del golfo de Aqaba y que comprometen a Egipto, Arabia Saudí e Israel.
En 1950, Arabia Saudí llegó a un acuerdo para ceder el control de Sanafir y Tirán a El Cairo, pero Israel, por su posición estratégica, las ocupó primero en 1956 y después durante la guerra de los Seis Días (1967). Los tratados de paz de 1979 desmilitarizaron las islas, con una fuerza de observación internacional liderada por Estados Unidos que tenía como objetivo proteger los intereses israelíes. En 2017, Egipto ratificó la devolución de ambos territorios a Arabia Saudí, aunque aún no se ha alcanzado un acuerdo definitivo sobre cuestiones económicas y de seguridad.
Israel es de hecho el país de la región que más territorios se disputa con sus vecinos. Además de la colonización de Cisjordania y del cerco sobre la Franja de Gaza, el Estado hebreo también tiene contiendas abiertas por la ocupación de los Altos del Golán, territorio sirio, y las Granjas de Shebaa, internacionalmente reconocidas también como parte de Siria pero cedidas por este país a Líbano, que mantiene una reclamación pendiente en la zona.
Otro territorio en disputa es la provincia de Hatay, incorporada por Turquía en 1939 y reclamada por Siria como parte del antiguo mandato francés. Aunque durante la primera década de los 2000 la disputa parecía resulta gracias a la cooperación entre ambos países, el gobierno de Bashar al-Ássad nunca se pronunció oficialmente sobre la cuestión y el estallido de la guerra civil siria reflotó la disputa por la soberanía del territorio, que también reclaman las fuerzas de oposición sirias.
También en esa zona, la reclamación histórica del pueblo kurdo colisiona con las fronteras actuales de Turquía, Irán, Irak y Siria. Los kurdos constituyen la minoría más numerosa del mundo sin un Estado propio y cuentan con quince millones de personas en Turquía, ocho millones en Irán, cinco en Irak, un millón en Siria y medio millón entre Armenia y Azerbaiyán, sin contar con la diáspora. Aunque en 1920 estuvieron cerca de conseguir la creación del Kurdistán gracias al Tratado de Sèvres, esta esperanza fue efímera y las perspectivas de la existencia de un Estado kurdo en el futuro son escasas, siendo la autonomía regional la principal reclamación, como ya ocurre con el Kurdistán iraquí.
Por su parte, la única disputa territorial resuelta de manera exitosa por la Corte Internacional de Justicia en Oriente Próximo ha sido la que mantenían Baréin y Catar sobre los islotes de Fasht ad Dibal y Qit’at Jaradah. La resolución de este conflicto se sustentó en el reparto de incentivos geoestratégicos y beneficios económicos para ambos países, que acordaron la explotación conjunta de los recursos de la zona, especialmente el petróleo y el gas natural.
Entre Irán y los Emiratos Árabes también hay una disputa territorial por resolver en torno a las islas Tunb y Abu Musa, cerca del estrecho de Ormuz, ocupadas por Irán desde 1971. Además, otras pequeñas islas disputadas en la región son las del archipiélago de Socotra, que involucra a Somalia, Yemen y Emiratos Árabes Unidos, y las islas Kuria Muria, ambas en el mar Arábigo.
Por último, la isla de Chipre se mantiene dividida desde la guerra civil de 1974: en la parte suroeste se sitúa la República de Chipre, miembro de la Unión Europea desde 2004, mientras que la parte noreste corresponde a la República Turca del Norte de Chipre, de facto independiente aunque sólo está reconocida por Turquía, que tutela el territorio.