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Geopolítica del Mar de China

El mapa de la geopolítica del mar de China

La región, centro de conflictos territoriales, está dividida en dos grandes mares separados por Taiwán: el mar Meridional y el Oriental
CartografíaGeopolíticaNuevas fronteras

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Hablar del mar de China es hacerlo de una vasta extensión marítima de casi cinco millones de kilómetros que suele dividirse en dos grandes regiones marítimas. Al norte, el mar de la China Oriental, que se abre al océano Pacífico y cuenta con dos mares interiores —el mar de Bohai, el más pequeño, y el mar Amarillo—; al sur, el mar de la China Meridional, que con 3,5 millones de kilómetros cuadrados es el más grande y el de​ mayor relevancia geopolítica y estratégica. En sus aguas se acumulan numerosas reclamaciones territoriales y recursos clave para la economía de la mayoría de los países ribereños, especialmente de China, la gran potencia de la región.

El mar Oriental y el Meridional están separados por la isla de Taiwán, con la que China mantiene una disputa histórica desde la guerra civil china de 1949, momento desde el cual Pekín considera a la isla una provincia rebelde que debe ser reunificada, incluso por la fuerza si es necesario. Al sur, el límite del mar Meridional lo marca el estrecho de Malaca, uno de los principales cuellos de botella del mundo, por el que transita el 30% del comercio mundial.

Para China, el control sobre sus mares es fundamental tanto desde el punto de vista estratégico como desde el de la seguridad nacional. Rodeada de potenciales adversarios y países con los que mantiene disputas territoriales, como Japón, Filipinas o Vietnam, una de las grandes prioridades de Pekín pasa por asegurar su influencia en los mares de la región. A pesar de su vasta superficie terrestre, China es una potencia encerrada a nivel marítimo: la geografía del Pacífico, con dos cadenas de islas controladas por otros Estados, restringe el acceso chino al océano abierto y dificulta su proyección naval.

En este contexto, China cuenta en la actualidad con una zona económica exclusiva (ZEE) menor que la de países como España o Perú. Esta situación se debe, en parte, a las decisiones tomadas durante la dinastía Ming (siglos XIV-XVII), cuando el país adoptó una política de aislamiento que redujo su presencia marítima y permitió el avance de potencias extranjeras en la región. El cierre al exterior dejó a China rezagada en la expansión naval y comercial, un error histórico que el país ha intentado subsanar desde su reapertura al exterior por medio de una política expansionista, especialmente en el mar Meridional.

El Pacífico visto desde China, una potencia encerrada en búsqueda del mar

En la actualidad, China busca dominar sus mares cercanos para garantizar su seguridad frente a la presencia de potencias como Estados Unidos, que mantiene una fuerte influencia en la región a través de bases navales como las de Okinawa o Singapur, y potentes alianzas militares con países clave de la zona, como Corea del Sur o Japón.

De esta forma, el despliegue de influencias de China no solo se organiza mediante su presencia militar en los mares de la región, sino también a través de una extensísima red de puertos controlados por empresas estratégicas chinas o directamente por el Estado. Esta red abarca importantes enclaves en el sudeste asiático como Vietnam, Singapur o incluso en Taiwán. 

El control chino de esta cadena de puertos en el extranjero se enmarca en la estrategia del llamado collar de perlas, que busca mantener una red de bases logísticas y acuerdos estratégicos para garantizar la seguridad de las rutas marítimas, especialmente las que atraviesan el estrecho de Malaca, vital para el comercio y suministro energético de China.

El collar de perlas se suma al resto de inversiones en infraestructuras que lleva a cabo el gigante asiático en la la Nueva Ruta de la Seda, un ambicioso proyecto geoeconómico y geopolítico para conectar Asia, África y Europa mediante corredores terrestres y marítimos. Su objetivo principal es fortalecer las conexiones comerciales, aumentar la influencia económica de China y asegurar el acceso a mercados y recursos estratégicos.

Además de la compleja relación con Taiwán, China mantiene otras disputas marítimas frente a sus costas. Las más destacadas se sitúan en el mar Meridional, donde la potencia asiática reclama tres cuartas partes de las aguas en base a la conocida como línea de los nueve puntos. Esta demarcación, que aparece en mapas antiguos, es la base de la mayor reclamación china, e incluye varios atolones e islotes disputados en dicho mar, entre ellos las islas Paracelso y las Spratly.

Esta reclamación, no reconocida a nivel internacional, se superpone con la del resto de los Estados ribereños, como Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi o incluso Taiwán, que buscan ampliar sus zonas económicas exclusivas en base al derecho del mar, lo que les permitiría explotar las mismas aguas que China considera suyas.

En las Spratly, hasta 70 islotes están actualmente ocupados por China, Vietnam, Malasia o Taiwán, y muchos de ellos han sido ampliados artificialmente con el fin de ser reconocidos como islas y generar así derechos marítimos, aunque el derecho del mar no reconozca la legitimidad que estas formaciones generan sobre las aguas adyacentes.

En el mar Oriental, por su parte, la disputa más relevante es la que concierne a las islas Senkaku, que administra Japón desde 1972, pero que tanto China como Taiwán reclaman para sí.

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