Japón salió derrotado y ocupado de la II Guerra Mundial. El Imperio colonial japonés había sido breve, pero había entrado en conflicto con numerosos Estados y dejaba tras su caída un mapa con importantes disputas territoriales entre la potencia asiática y los países de su entorno.
En 1951, el Tratado de San Francisco, o Tratado de Paz con Japón, cerró el capítulo de las Guerras Mundiales, estableciendo la retirada de la ocupación aliada sobre la mayor parte de Japón (las islas Ryukyu continuaron parcialmente ocupadas hasta 1972) y el desmantelamiento de los territorios de ultramar japonés, reconociendo la renuncia nipona sobre Corea, Formosa (Taiwán) y las islas de Pescadores, Hong Kong, las islas Kuriles, Sajalín, las islas Spatly, la Antártida y los derechos del Protocolo Bóxer de 1901 sobre China.
Japón quedaba convertido por la fuerza en un país pacifista que solo podía mantener fuerzas armadas para la defensa propia, y sobre el papel, en un país sin disputas territoriales, aunque algunos vacíos en el mapa dibujado durante el Tratado de San Francisco han permitido al país mantener tres grandes disputas territoriales con sus vecinos.
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