El mapa de las disputas territoriales de China

El mapa de las disputas territoriales de China

El gigante asiático mantiene importantes conflictos fronterizos en Cachemira, el Tíbet, Taiwán o el mar de la China Meridional
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Ser vecino de China no es nada fácil: la agenda expansionista del cuarto país más grande del mundo le lleva a mantener disputas territoriales con la mayoría de Estados con los que comparte frontera. Desde los años setenta, la economía del gigante asiático ha experimentado un crecimiento sin igual en el resto del mundo, y se disputa el título de primera potencia global con Estados Unidos. Este desarrollo vertiginoso, sin embargo, ha ido acompañado de un fuerte nacionalismo interno y reclamaciones sobre aquellos territorios que antaño formaron parte del Imperio chino.

Las disputas territoriales más extensas las mantiene con su gran rival geopolítico en el continente asiático, India, y se concentran en Cachemira y el Tíbet. En el primer caso, el conflicto afecta a los territorios de Aksai Chin y el valle de Shaksgam, ambos en el noreste de la región y bajo control efectivo chino dentro de la región autónoma de Sinkiang. Pakistán reconoce la soberanía de Pekín sobre ambos —de hecho le cedió el valle de Shaksgam en 1963—, pero India considera que ambos territorios están ilegalmente ocupados.

Asimismo, China reclama el estado indio de Arunachal Pradesh o Tíbet Sur —por su nombre chino— como parte de la región autónoma del Tíbet. Por otro lado, si bien no es una disputa entre Estados, al menos reconocidos, la reclamación de autonomía del Tíbet sigue siendo un problema interno para China desde que se lo anexionara en 1952.

También en la zona del Himalaya, China se disputa pequeños enclaves montañosos con India y Bután, aunque hay negociaciones en marcha con este último para acabar de demarcar la frontera que separa a ambos.

Las disputas territoriales en Asia

Además de con India, China tampoco mantiene una buena relación con otros países asiáticos cercanos a Occidente como Japón o Taiwán. Sí que lo hace por el contrario con Rusia, Bangladés, Corea del Norte o Pakistán. En el caso de este último, el gigante asiático apoya a Islamabad en su propia reclamación en Cachemira contra India a cambio de la construcción de infraestructuras relacionadas con la Nueva Ruta de la Seda, un proyecto chino que pretende revitalizar las antiguas rutas comerciales que conectaban China con Europa y otras partes del mundo, por medio de carreteras, ferrocarriles y zonas económicas especiales que benefician también a los demás países asociados.

En paralelo, China ha desarrollado una red de puertos y bases militares en el océano Índico, desde el sudeste asiático hasta el Cuerno de África. Este proyecto, bautizado con el nombre de «collar de perlas chino», resulta problemático para India y sus aliados occidentales por la expansión de la infraestructura alrededor de su perímetro y el aumento de la influencia naval china en el Índico.

En el sudeste asiático las disputas chinas se concentran en el mar de la China Meridional (o mar del Sur de China), donde choca con otros Estados ribereños como Vietnam, Malasia, Brunéi, Filipinas o Taiwán. China reclama como suyas todas las aguas y territorios dentro de la línea de los nueve puntos, entre ellos las islas Paracelso, las Spratly y el arrecife de Scarborough, además de  Taiwán. Los recursos que albergan las islas y las aguas adyacentes y la importancia estratégica por el tráfico comercial del mar de la China Meridional son los principales motivos detrás de dichas reclamaciones.

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A pesar de todo ello, la aspiración territorial más importante de China pesa sobre la isla de Taiwán, tanto por su recorrido histórico como por ser un foco de tensiones geopolíticas internacionales. El conflicto se originó a partir de la guerra civil de 1949, y Taiwán o la República de China —que se considera a sí misma la verdadera China— reclama la totalidad de la República Popular China y otros territorios, entre ellos Mongolia, partes de Rusia o las islas disputadas en el mar de la China Meridional. La pequeña isla asiática no forma parte de la ONU pero sí cuenta con el apoyo militar de Estados Unidos para disuadir a Pekín, si bien este ha amenazado en numerosas ocasiones con usar la fuerza para reunificarla.

De esta forma, en el mapa de las reclamaciones territoriales chinas se entremezclan reivindicaciones históricas como la de Taiwán con incentivos económicos y estratégicos, como puede ser la Nueva Ruta de la Seda o el contrapeso a la influencia occidental en la región.

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