Taiwán, pese a su reducido tamaño y ser reconocido por apenas catorce Estados, es el país que sostiene las reclamaciones territoriales más extensas del mundo y el que mantiene disputas con un mayor número países. En concreto, la República de China demanda el control de más de once millones de kilómetros cuadrados —lo que le convertiría en el segundo país más grande del planeta y multiplicaría por 317 sus fronteras actuales— y rivaliza en su delimitación con hasta 18 naciones.
Tras el final de la guerra civil china y la proclamación en 1949 de la República Popular de China en Pekín, el ejército nacional se retiró a la isla de Taiwán y estableció la República de China con capital provisional en Taipéi. Sin embargo, no renunció al territorio que controlaba antes del estallido del conflicto y en su Constitución de 1947 —aún vigente— ya dejó por escrito que "el territorio de la República de China de acuerdo con sus fronteras nacionales existentes no se modificará excepto por resolución de la Asamblea Nacional".
El término "existentes" es una traducción del vocablo chino gùyǒu, que en una interpretación más libre también puede equivaler a "inherentes". Por eso, teniendo en cuenta el momento de redacción del texto, el artículo cuatro de la Constitución de la República de China continúa hoy en día reclamando el territorio del Imperio Qing, aquel que derribó en 1912 y del cual Taiwán se considera heredera.
Precisamente por esta última razón las aspiraciones continentales de Formosa incluyen Hong Kong pero no Macao: la primera guerra del opio y la derrota de los Qing dieron lugar a la cesión de la isla de Hong Kong al dominio británico en 1842, una ocupación que en 1898 se sustituyó por un contrato de arrendamiento por 99 años. China por tanto siempre fue su legítima poseedora. Macao, sin embargo, fue transferida a Portugal de forma perpetua en el Tratado Sino-Portugués de Pekín de 1887, después de que los lusos aprovecharan la debilidad de China tras la guerra, por lo que no...