La China Ming, el periodo de la historia del Imperio tardío gobernado por la dinastía del mismo nombre, duró desde 1368 a 1644. Tres siglos en los que China pasó a la Edad Moderna y se consiguieron algunos de los grandes logros de su historia, como la construcción del Gran Canal, la Ciudad Prohibida o la expedición de la flota de Zheng He.
La dinastía Ming fue la última dinastía de la etnia han, la mayoritaria de China, sucesora a la dinastía Yue (mongoles) y predecesora a la dinastía Qing (manchúes), y su gobierno se ha convertido en un período histórico glorioso para el nacionalismo chino contemporáneo.
Y aunque la base de la actual organización territorial de China bebe en gran mediada de este periodo, con muchas provincias y capitales que se fijaron entonces, la China actual es mucho más extensa que durante la dinastía Ming y debe su expansión, sobre todo, al periodo Qing (1644-1912).
No obstante, la China propia o China interior -un concepto controvertido- coincide en general con la China Ming, donde las áreas más densamente pobladas de China y las que concentran la población de la etnia han confrontan con una periferia mucho menos poblada y con importantes minorías étnicas.
El mapa de la China Ming fue bastante estable, con pequeños cambios fronterizos que no hicieron cambiar sustancialmente las fronteras, ni importantes ni duraderas operaciones expansionistas. La China Ming quedó encajonada así entre el mar al este, la montañosa Indochina al sur, la meseta del Tíbet al oeste y el desierto del Gobi al norte, de cuyos pueblos nómadas intentaron protegerse mediante la ampliación de la Gran Muralla.
La principal expansión se produjo en 1381, a inicios del periodo dinástico, cuando China sumó a su mapa Yunnan. A partir de ese momento se produjo un proceso de colonización del territorio de Yunnan y Guizhou por parte de población han, que pretendía sinizar las regiones meridionales, cambiando la composición étnica del sur de China.
Durante el primer tercio del periodo Ming la capital estuvo en Nankín, en el centro de China, pero en 1421 la capital se trasladó a Pekín, la antigua capital mongola y feudo militar del nuevo emperador Yongle, que se había alzado contra su sobrino por el trono. Este será el origen de la actual Ciudad Prohibida de Pekín.
Yongle también restauró y amplió el Gran Canal, que permitió unir los ríos Amarillo y Yangtzé y las capitales de Nankín y Pekín a través de las grandes llanuras del norte de China, que de paso pudieron ser irrigadas. Esto trasladó el peso comercial de Nankín a Suzhóu, cerca de la actual Shanghái.
Otro de los grandes proyectos de Yongle fue la Flota de Tesoros, dirigida por el almirante Zheng He, y que abrió nuevas rutas comerciales y diplomáticas con el sur de Asia y África oriental.
Este periodo dorado terminó con la muerte del emperador Yongle (1424). La necesidad de destinar recursos a defender la frontera norte y la nueva capital acabó con las expediciones, y el país se empezó a cerrar sobre sí mismo poco a poco hasta las guerras del opio (siglo XIX).
El contacto con los portugueses en la costa sur a principios del siglo XVI llevó a la cesión de Macao para la construcción de un nuevo polo comercial en 1557. China esperaba con ello que Portugal sirviese de escudo contra otras potencias marítimas como España y, sobre todo, Países Bajos.
El giro comercial hacia Cantón, en el sur de China, y el cierre del país llevaron al final de la milenaria ruta de la seda, que no se recuperaría hasta tiempos modernos. A su vez, China quedó estancada y aislada de las innovaciones del resto del mundo mientras que su papel moneda perdía valor y volvía a recurrir a la plata, lo que acabó generando una fuerte dependencia de la plata del Imperio español y provocando una burbuja de la que no se recuperaría. Finalmente, los gobernadores manchúes de Liaodong fundarían una nueva dinastía.