Por el enorme peso político que tienen las autonomías dentro de España, el mapa de las elecciones en estos territorios es un recurso valioso para entender las lógicas de voto y de poder que existen en el país, con grandes feudos localizados de una u otra formación política y sus respectivos barones autonómicos, muchos de gran poder. Un mapa que, aunque con semejanzas, guarda también importantes diferencias con el del voto a escala nacional.
El bipartidismo, el tradicional binomio entre Partido Popular (PP) y Partido Socialista (PSOE), ha dominado la mayor parte de las comunidades autónomas españolas desde el regreso de la democracia, ya fuese con mayorías absolutas o con apoyos puntuales para la formación de Gobierno.
Por otro lado, regiones con partidos políticos autonomistas o nacionalistas fuertes también han visto cómo estos han dominado durante muchos años sus respectivos territorios, como es el caso de Canarias, Cataluña, País Vasco o Navarra (donde en la práctica UPN ha funcionado como marca regional del PP).
En gran medida, los patrones de voto en las elecciones autonómicas derivan de la propia Reconquista y las diferentes fases de las repoblaciones. Estas fases marcaron dos sistemas de propiedad de la tierra, que a su vez han influido en las sociedades que los habitan y en su ideología política: en la mitad norte de la península y en las huertas de Levante, por un lado, el dominio del pequeño propietario y abundante minifundismo; en la mitad sur, por su parte, el latifundio y el campesinado sin tierras.
Así, las regiones dominadas por el pequeño propietario se convirtieron en feudos conservadores, donde los pequeños terratenientes tenían que defender sus escasas propiedades y privilegios; mientras que las zonas latifundistas se volvieron feudos socialistas con un campesinado necesitado de un justo reparto de la tierra. Pese a la antigüedad del proceso, y los profundos cambios económicos y sociales vividos desde entonces, estos patrones siguen muy vigentes y con pocos cambios.
Los dos cambios más importantes que se han dado en el mapa de las elecciones autonómicas de España son la industrialización, especialmente en Asturias y sus cuencas mineras, que generaron masas obreras en las ciudades industriales (o en la periferia de estas) y en las propias cuencas, y la inclinación de Madrid hacia la derecha.
De este modo la mitad norte de la Península, los archipiélagos y Murcia son feudos de la derecha, bien del PP o de partidos regionalistas y nacionalistas, mientras que la mitad sur y Asturias son feudos del PSOE. En medio quedan algunos territorios que han cambiado de manos con mayor frecuencia, y donde estas dinámicas se encuentran más equilibradas, como Aragón o la Comunidad Valenciana.
Desde 1983, el PP ha gobernado todas las legislaturas menos una en Castilla y León, haciendo de la región su feudo electoral más fiel. Igual le ha sucedido al PNV en País Vasco en las elecciones autonómicas, aunque este feudo regional no lo ha sido tanto en elecciones nacionales.
En la misma situación se encuentra el PSOE en Extremadura, Castilla-La Mancha y Andalucía. Aunque en esta última comunidad se están viviendo cambios sociales similares a los que ya se vieron en la costa mediterránea francesa, donde grandes zonas muestran una inclinación hacia la extrema derecha en los comicios autonómicos y nacionales.
Además, tantos años en el poder también han generado prácticas nocivas por parte de los partidos en el Gobierno. Muchas de estas autonomías, de uno y otro signo político, han vivido enormes casos de corrupción política, lo que ha evidenciado que la falta de alternancia en el poder suele acabar derivando en prácticas ilegales al patrimonializar el territorio y sus instituciones.
La irrupción de nuevos partidos en la política española durante los últimos años ha afectado a estas tendencias y dinámicas. La fragmentación del voto ha llevado y llevará, siempre que se mantenga, a más Gobiernos en coalición, o incluso a que partidos tradicionales pierdan la capacidad de gobernar algunas autonomías.
Andalucía?