Oriente Próximo cuenta con algunos de los países con los presupuestos en defensa más elevados del mundo, pero también es un hervidero de bases militares de potencias extranjeras con fuertes intereses en la región. Este despliegue militar lo lidera Estados Unidos, que mantiene al menos veinte instalaciones en distintos países del Levante y el golfo Pérsico. Tras el país norteamericano, otras potencias —incluidas las regionales— mantienen allí numerosos campos de entrenamiento, misiones, infraestructuras navales o aéreas, batallones, grupos de apoyo y material para maniobras conjuntas.
El motivo para justificar este abanico de bases militares a lo largo de Oriente Próximo es siempre el mismo: la inestabilidad de una volátil y convulsa región azotada por terrorismo, las guerras y las dictaduras. Pero también existen otros objetivos como la proyección de influencia, el acceso a puntos geográficos clave, así como un mayor control de los abundantes recursos naturales de la región.
De hecho, a finales de 2024 Estados Unidos mantenía en torno a 40.000 militares desplegados en todo Oriente Próximo. La base que acoge a más personal permanente está situada en Baréin y es también la sede de la Quinta Flota de la Armada estadounidense. La otra gran instalación del país está en el vecino Qatar, donde se encuentra el cuartel general avanzado del Mando Central norteamericano.
Estos dos son también los países donde Reino Unido ha establecido sus sedes: las fuerzas navales británicas están en Baréin y la sede central de las Fuerzas Aéreas Reales en Catar, además de mantener un importante foco militar en Omán.
Junto a las bases, una sección de la presencia militar estadounidense se concentra en buques de guerra como parte de operaciones marítimas en el mar Rojo y el golfo de Adén, desde los cuales han lanzado varias ofensivas contra regiones de Yemen controladas por los hutíes, la milicia chií alineada con Irán y Hamás.
Aunque ahora se encuadran en el contexto de la nueva guerra en Gaza, las misiones para salvaguardar el comercio internacional y la seguridad en el mar Rojo y han sido relevantes prácticamente desde el inicio de las operaciones contra la piratería en 2008. Sin embargo, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se ha reducido el número de buques operativos en la región para priorizar que estén de vuelta en Estados Unidos.
Las infraestructuras militares en el extranjero, tanto de Estados Unidos como de cualquier otra potencia, no siempre son de conocimiento público. Muchas, a pesar de estar operativas, se mantienen en secreto, por lo que es difícil dar un número exacto de las que países como el propio Estados Unidos o Turquía mantienen realmente en la región. Ocurre lo mismo con otras potencias regionales, como Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí: de acuerdo con fuentes como Carnegie Endowment for International Peace, los dos países del Golfo mantienen bases militares en islas yemeníes —así como en Egipto en el caso emiratí—, pero ninguna está confirmada por sus gobiernos.
En el caso turco, las bases militares que ha extendido fuera de su territorio están estrechamente ligadas con su enfrentamiento con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y el movimiento de resistencia e independencia kurdo. En esa línea, mantiene dos grandes bases en la franja norte de Irak que se complementan con una larga lista de bases más pequeñas rodeadas de cierto secretismo. Este abanico de infraestructura militar en la zona kurda iraquí conforma lo que se conoce como la ‘Zona Prohibida’.
El mapa de la nueva geopolítica de Oriente Próximo: las zonas de influencia de cada potencia
Por su parte, Rusia ha mantenido durante años su presencia en Oriente Próximo gracias a dos bases militares en la costa mediterránea de Siria: una base naval en Tartus y una base aérea en Hmeimin. Tras años de estabilidad para estas instalaciones, la caída de la dictadura de Bashar al Asad ha puesto en la cuerda floja a las tropas rusas, que ya no ven garantizada su permanencia.
Un ejemplo claro de los intereses geopolíticos que se despliegan en Oriente Próximo son las numerosas bases que se han puesto en marcha en Yibuti. Pese a situarse fuera de la región, este pequeño país es el principal puente entre el Cuerno de África y Oriente Próximo, situándose como un enclave ideal para proyectar influencia sobre toda la zona: su territorio cuenta con salida al mar Rojo y ofrece un acceso directo al estrecho de Bab el Mandeb, por el que circula el 12% del comercio mundial marítimo y el 30% del tráfico de contenedores. Con un tamaño similar al de la Comunidad Valencia, Yibuti acoge bases militares de Francia, Italia y Estados Unidos, además de las primeras —y por ahora únicas— bases militares navales de China y Japón en el extranjero.
Esto, unido al hecho de que España y Alemania tengan tropas desplegadas como parte de operaciones europeas, provoca que Yibuti tenga una de las densidades de población militar por kilómetro cuadrado más altas del mundo.
Al margen de las bases militares, la presencia de tropas extranjeras en Orientes Próximo viene de la mano también de misiones de entrenamiento, intercambio de inteligencia o vigilancia por parte de la OTAN. Países como Jordania, Israel y Egipto forman parte del Diálogo Mediterráneo: una alianza que busca proyectar estabilidad en la región pero cuya cooperación es mayoritariamente militar. Por su parte, los países del golfo Pérsico (salvo Arabia Saudí y Omán) forman parte de la Iniciativa de Cooperación de Estambul: una asociación más reciente, con finalidad similar a la del Diálogo Mediterráneo, pero con el foco puesto en el Golfo Pérsico.







