El mapa físico de España, oficialmente Reino de España, se caracteriza por su forma maciza y compacta. Bañado por el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, cuenta con un litoral poco recortado a excepción de las rías gallegas y, al mismo tiempo, con una elevada altitud media marcada por archipiélagos montañosos y la extensa meseta Central.
El mapa físico de España está delimitado por el mar Mediterráneo en su parte este y sureste; por el océano Atlántico en el norte y el suroeste; por Portugal en el oeste; y por Francia al norte. Además, cuenta con dos archipiélagos —Canarias y Baleares— y dos enclaves —Ceuta y Melilla— bordeados por Marruecos en el norte de África.
La altitud media del mapa físico español es de 660 metros en su parte peninsular. La principal unidad del relieve del mapa de España es la meseta Central, que ocupa la mayor parte del interior y que se encuentra subdividida en dos —submeseta Norte y submeseta Sur— por el sistema Central. Esta meseta se encuentra rodeada por los conocidos como rebordes montañosos, como el macizo Galaico-Leonés, la cordillera Cantábrica, el sistema Ibérico y Sierra Morena.
Esta disposición periférica de unidades del relieve, rodeando la meseta Central, condiciona también el mapa de los ríos de España, puesto que permite caudales cortos y rápidos en la periferia y más largos y lentos en el interior.
Más allá de estos sistemas montañosos encontramos las mayores cordilleras de España y las mayores alturas de la España continental: los Pirineos y los sistemas Béticos, geológicamente jóvenes y que surgieron durante la orogénesis alpina. En este grupo de cordilleras periféricas se encontraría también la cordillera Costero-Catalana y los Montes Vascos. Entre los rebordes montañosos y las cordilleras periféricas del mapa físico de España encontramos las extensas depresiones triangulares de los ríos Ebro y Guadalquivir, unas antiguas áreas marinas colmatadas con los sedimentos procedentes de los macizos montañosos circundantes.
El río Ebro no solo es vestigio de antigüedad marina sino también un enclave pionero en cuanto a gestión del agua a nivel mundial, pues en 1926 se creó la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro, el primer organismo de cuenca hidrográfica del mundo, un modelo que con el tiempo se ha ido replicando en diversos países. A partir de la del Ebro se crearon otras 13 cuencas hidrográficas, la mayoría de ellas ocupando más de una comunidad autónoma y situadas torno a las principales reservas de agua así como a los ríos Duero, Tajo, Guadiana, Guadalquivir, Segura, Júcar y Miño.
En cuanto a los archipiélagos, hay que diferenciar entre el relieve canario y el balear. Baleares está geológicamente unida a la península ibérica, siendo sus islas fragmentos de las montañas peninsulares. Mallorca, Ibiza y Formentera forman parte (geológicamente) de los sistemas Béticos, que se extienden desde el cabo de la Nao bajo el mar, siendo las islas las cimas orientales de la cordillera sumergida. Por su parte, Menorca es un fragmento desgajado de la cordillera Costero-Catalana atrapado en el surgimiento de las Béticas.
Ya en el Atlántico y frente a las costas africanas, Canarias tiene un relieve claramente diferenciado, aunque similar al de otros archipiélagos macaronésicos como Azores o Madeira, pertenecientes a Portugal. Son islas volcánicas, de antigüedad variable, en general abruptas y accidentadas, con predominio de los acantilados sobre las playas. Asimismo, es aquí donde se encuentra la mayor altura de España: el Teide, con 3.718 metros de altitud, uno de los 175 volcanes que salpican Europa.
Comprender el mapa físico de España resulta fundamental para entender la historia, las dinámicas del país y su actual geopolítica interna, ya que el relieve abrupto y montañoso ha facilitado la fragmentación de España en numerosas regiones más o menos bien definidas y ha dificultado las comunicaciones y ha favorecido los regionalismos y nacionalismos periféricos a la vez que la macrocefalia de Madrid sobre la meseta.
El relieve también ha condicionado la economía y la distribución de la población, favoreciendo el dinamismo de las costas y los grandes valles, donde se ha concentrado la población española, y lastrando al mismo tiempo la actividad económica y la permanencia de la población en regiones montañosas. No obstante, España posee en el sistema Ibérico el área escasamente poblada más extensa de la UE fuera de los países nórdicos, aunque esto no se explica únicamente por el relieve ya que hay cordilleras más extensas y hostiles en la Unión Europea.







