España, oficialmente Reino de España, es un país soberano del sur de Europa que ocupa gran parte de la península ibérica y los archipiélagos de las islas Canarias y Baleares, además de dos enclaves —Ceuta y Melilla— en el norte de África. El mapa político de España está marcado por su complicada orografía, que lo ha dividido a lo largo de la historia en numerosas regiones físico-políticas donde las cordilleras marcan frecuentemente el límite entre las principales divisiones administrativas del país, entre ellas las comunidades autónomas y las provincias.
La actual división política del Estado español se configuró con la constitución de 1978 y la llegada de la democracia al país. El fuerte movimiento regionalista, que durante los 36 años de dictadura había sido suprimido por una política muy centralista, resurgió. Sus principales impulsoras fueron las regiones con una lengua propia además del español que durante la II República habían contado con algún estatuto de autonomía (aunque fuese brevemente o más teórico que efectivo por la Guerra Civil).
Así, Galicia, Cataluña y País Vasco encabezaron el movimiento autonomista, a las que habría que sumar Navarra, que incluso durante el franquismo había mantenido su autonomía foral. El tira y afloja entre estas regiones y las estructuras políticas centralistas de Madrid dio como resultado el Estado de las autonomías, una organización del mapa político de España que teóricamente estaría a medio camino entre un Estado federal y otro centralizado.
Sin embargo, en la práctica, el Estado de las autonomías español se parece bastante a un sistema federal, que de hecho ha traspasado competencias a las regiones más allá de lo que es habitual entre el resto de Estados federados del mundo. Las autonomías españolas están entre las regiones que con más autonomía gozan del mundo y de Europa, y sin embargo no poseen competencias específicamente federales como una organización judicial diferenciada.
Las diferentes vías que estableció la Constitución para acceder a la autonomía y los mecanismos para conformar regiones autónomas iban encaminadas a generar un estado asimétrico, con regiones autónomas y no autónomas. Sin embargo, todo el mapa de España acabó finalmente por optar a la autonomía en un proceso llamado el “café para todos”.
El resultado fueron 16 comunidades autónomas propiamente dichas, una comunidad foral (Navarra) y dos ciudades autónomas (Ceuta y Melilla). Las mutaciones durante el proceso hicieron cambiar el mapa político de España, con la invención de nuevas regiones o la fusión de otras, lo que dio lugar a un mapa político diferente al que había existido hasta el momento y al que los propios redactores de la constitución habían supuesto que surgiría.
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Mientras que las regiones periféricas mantuvieron su configuración histórica, las regiones centrales, agrupadas en la ambigua Castilla, fueron reconfiguradas completamente. Se escindieron las provincias de Santander y Logroño para crear las nuevas regiones de Cantabria y La Rioja. Los restos de Castilla la Vieja fueron fusionados con la región de León para formar Castilla y León, aún con la oposición de las provincias de Segovia y León, que fue obviada por el parlamento nacional en pro del «interés nacional». Las provincias de Castilla la Nueva se opusieron a mantener Madrid en la región por el peso demográfico de esta, que hubiese impuesto sus políticas al resto, y se sumó Albacete, dando lugar a la actual Castilla-La Mancha.
El resultado es un mapa político de España con regiones histórico-culturales bien definidas, fuertes y con gran sentido de pertenencia en la periferia (Galicia, Asturias, Canarias, País Vasco, Navarra, Cataluña, Baleares…), mientras que el centro geográfico de la península ha quedado dividido por regiones nuevas, más débiles y con poco arraigo popular. Esto ha dado lugar a complicadas políticas y dinámicas entre el centro y la periferia del Estado.
Más allá de las comunidades autónomas, el mapa político de España se divide en 50 provincias y 8.131 municipios, que ocupan una extensión de cerca de 506.000 kilómetros cuadrados. Con 48,6 millones de habitantes, España es el cuarto Estado de la Unión Europea con más población, aunque los desequilibrios territoriales también hacen que tenga algunas de las zonas más densamente pobladas del continente pero también de las más vacías.
En el mapa marcáis Valladolid como capital de la comunidad de Castilla y León. Esta comunidad no tiene capital, es la única de todo el Estado
No habéis corregido la capitalidad de Valladolid