Qué busca Israel con su nuevo ataque y qué sigue ahora para Irán y Oriente Próximo

Israel lanzó un bombardeo masivo sobre Irán para fortalecer su posición en Oriente Próximo. Teherán respondió, pero también ha confirmado su propia debilidad. La escalada amenaza con una guerra directa que Estados Unidos no querría y a la que el Eje de Resistencia apenas podría sumarse
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Qué busca Israel con su nuevo ataque y qué sigue ahora para Irán y Oriente Próximo
Foto de archivo de un avión militar israelí. Fuente: Fuerzas de Defensa de Israel (Flickr)

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El ataque de Israel en la madrugada del viernes 13 de junio contra las infraestructuras militares y nucleares en Irán y la escalada posterior tiene varios objetivos. El más inmediato es acabar con el programa nuclear iraní, otro de fondo es arrastar a Estados Unidos hacia un conflicto regional que haga caer a la República Islámica y uno de paso es desviar la atención del genocidio en Gaza.

La operación León Ascendente, además de dañar infraestructuras, mató al jefe de la Guardia Revolucionaria iraní, Hossein Salami, así como otros mandos militares y hasta seis científicos que se dedicaban al desarrollo del programa nuclear. Irán respondió con el envío de cien drones y un ataque con misiles sobre territorio israelí que ha dejado varios muertos, y desde entonces ambos Estados han llevado a cabo distintas represalias. Según publicó el Wall Street Journal, Israel tendría previsto atacar Irán durante dos semanas. La escalada amenaza la tensa estabilidad regional y si no se reduce puede avanzar hacia una guerra directa. 

Irán e Israel llevan décadas enemistados. Desde que se instauró en 1979, la República Islámica es antisionista y no reconoce el derecho de Israel a existir como Estado. Además, la alianza entre Israel y Estados Unidos, también enemistado con Irán, aumenta todavía más las tensiones. Por su parte, Israel ve a Irán como una amenaza existencial debido a su programa nuclear y su apoyo a las milicias que confirman el Eje de la Resistencia. Estas diferencias y la lucha por la influencia regional han marcado los conflictos entre ambos países. Sin embargo, el último ataque sobre las infraestructuras iraníes ha supuesto la segunda gran escalada de tensión entre estas potencias regionales desde el comienzo de la guerra en Gaza.

Los objetivos de Israel

El objetivo más inmediato de Israel con sus ataques a Irán es acabar con su programa nuclear. Aunque Irán sostiene que es puramente civil, el enriquecimiento de cuatrocientos kilos de uranio al 60% registrado por la Organización Internacional para la Energía Atómica (OIEA) es superior a esas necesidades. Si llega al 90%, podría desarrollar armas nucleares. Esa percepción ya supone un poder de disuasión, e Israel no quiere que se consolide por el peligro que supondría para su propia seguridad.

Para limitar el desarrollo nuclear iraní, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU e Irán firmaron en 2015 un acuerdo nuclear. Con ello Teherán debía limitar su programa nuclear a causas pacíficas y reducir las reservas de uranio enriquecido. Estados Unidos fue el principal impulsor del tratado, pero en 2018 el presidente Donald Trump lo abandonó presionado por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Washington y Teherán retomaron las conversaciones en los últimos meses, pero se vieron interrumpidas por el ataque israelí. Con todo, la escalada aleja la posibilidad de un nuevo acuerdo nuclear.

El segundo objetivo de Israel es arrastrar a Estados Unidos a una guerra en la región que facilite la caída de la República Islámica de Irán. Washington sabía que Israel iba a atacar las infraestructuras iraníes y unas horas antes evacuó al personal no imprescindible de Bagdad, en Irak, por miedo a represalias iraníes. La Administración Trump ha ayudado a la defensa israelí y ha amenazado con represalias si Irán ataca sus intereses en la región. De ser así, Israel habría arrastrado a Estados Unidos hacia una nueva guerra pese a que sus Gobiernos llevan años queriendo retirarse de Oriente Próximo. Con o sin la intervención estadounidense, Irán también busca desestabilizar a Irán para propiciar la caída del régimen.

Las guerras de Irak y Afganistán, así como sus intervenciones en Siria y Yemen, desgastaron a Estados Unidos. Por ello las diferentes Administraciones han buscado retirarse de Oriente Próximo y centrarse en Asia, principalmente en su rivalidad con China. Para que esto fuera posible, Washington buscó un aliado en la región que fuera capaz de mantener la estabilidad, e Israel ha sido el candidato ideal debido a su fuerte desarrollo militar y de inteligencia y a su propio acercamiento con Occidente.

En tercer lugar, Israel busca desviar la atención de las atrocidades que está cometiendo en Gaza. Con las acusaciones de genocidio, la orden de arresto de la Corte Penal Internaciona y los cuestionamientos de países europeos, Netanyahu busca quitar el foco mediático de Gaza. De hecho, Israel ha aprovechado para imponer el asedio total sobre la Franja. Al mismo tiempo, el primer ministro israelí pretende asegurarse no sólo el apoyo estadounidense, sino también el de sus socios de ultraderecha para mantenerse en el poder.

¿Qué opciones tiene Irán y qué implica para Oriente Próximo?

Más allá de las amenazas y represalias, Irán tiene dos opciones principales. La primera, que prefiere evitar, es una guerra con Israel. Si bien las fuerzas iraníes pueden responder a los ataques israelíes, sus aliados del Eje de la Resistencia están debilitados, incluyendo Hezbolá en Líbano y Hamás en Palestina. A ello se suma la caída del régimen sirio a finales del año pasado. A su vez, una guerra con Israel desestabilizaría aún más a la República Islámica: en escenarios extremos, eso podría propiciar su caída o, por el contrario, afianzarla si los iraníes perciben que más que el régimen está en peligro la existencia del país.

La otra opción para Irán es mantener este cruce de misiles, drones y ataques aéreos hasta que pueda ir desescalando junto con Israel. Esta serie de golpes y contragolpes tendría consecuencias menos graves que una guerra directa. Sin embargo, también perjudicaría a la República Islámica tanto por los daños como por la imagen de acorralamiento frente al Estado hebreo. A ello se suma la posibilidad de cerrar el estratégico estrecho de Ormuz, clave para el comercio de petróleo y del gas natural licuado global, pero esa amenaza supondría un mayor rechazo o represalias de la comunidad internacional. También por ello Israel ha lanzado sus ataques: sea cual sea la respuesta, la ofensiva podrá mostrar el debilitamiento de Irán.

Ni a las otras potencias regionales ni a Estados Unidos, Rusia o China les interesa otra guerra en Oriente Próximo, pero una escalada entre Israel e Irán supone una mayor desestabilización regional. Por un lado, Israel añade otro frente de conflicto a los de Gaza y Líbano en los últimos años. Por el otro, tanto Irán como los miembros del Eje de la Resistencia se verán obligados a responder en alguna medida. Asimismo, la rápida condena de Arabia Saudí al ataque inicial de Israel aleja el acuerdo de reconocimiento que estaba encaminado hasta los ataques de Hamás en 2023, así como la estabilización que supondría para la región.

Nerea Seijas

Madrid, 2003. Cursando el doble grado de Estudios Internacionales y Economía en la UC3M. Interesada en la geopolítica y sus efectos sociales.