Atacar las refinerías de Irán no provocará una crisis del petróleo

Un posible ataque de Israel al petróleo iraní subiría aún más los precios del crudo y alteraría el mercado global. Pero, aunque hubiera países ganadores y perdedores, en el fondo habría alternativas para el suministro. El verdadero peligro sería que después Teherán bloqueara el estrecho de Ormuz.
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Atacar las refinerías de Irán no provocará una crisis del petróleo
Gasolinera sin servicio en Seattle, Estados Unidos, en 1976. Fuente: Archivo Municipal de Seattle (Flickr)

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Por estas mismas fechas empezó la crisis del petróleo que marcaría el año 1973 y los siguientes. Cuando los países árabes atacaron a Israel en la guerra del Yom Kipur, una de sus acciones para castigar a los aliados del Estado hebreo fue bloquear las exportaciones de crudo. El resultado fue un desabastecimiento que tensionó gravemente la economía global. Hoy en día la comunidad internacional teme una nueva crisis energética, especialmente desde que las refinerías de petróleo iraníes están en el punto de mira de Israel.

El pasado 1 de octubre, Irán lanzó un ataque con misiles balísticos sobre Israel como parte de su escalada de los últimos meses. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró que habría una respuesta contundente, el gabinete de seguridad ya se reunió para determinarla y el ministro de Defensa, Yoav Gallant, aseguró que sería “mortal, precisa y sorprendente”. Una de las opciones que se barajan es un ataque a la producción de petróleo iraní, incluso a su terminal más importante en la isla de Kharg. Esta inestabilidad llegó a encarecer el crudo un 10% en una semana, haciendo saltar las alarmas internacionales.

Un contexto diferente

Pese a ello, si Israel ataca el petróleo de Irán no habrá una crisis como la de 1973. De entrada, porque la República Islámica tiene mucho menos peso en el mercado que los países árabes entonces. Aquel año, el embargo de los productores árabes paralizó un 25% de la producción global y cuadruplicó los precios en sólo seis meses. El desabastecimiento provocó una crisis económica en Estados Unidos, Europa o Japón, que dependían en más de un 40% del petróleo producido por estos países. Ahora el escenario es otro. Aunque la falta de petróleo iraní alteraría los mercados, ya que representa el 2% del suministro global, existen otros productores capaces de sustituir esa demanda.

El resto de países de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) tienen petróleo en reserva y podrían reforzar la producción para compensar los barriles iraníes perdidos. De hecho, la organización ya se comprometió a aumentar la producción desde diciembre durante un año, independientemente de si Israel ataca o no las refinerías iraníes. Esto no impediría una subida del precio de la gasolina a corto plazo, pero sí permitiría frenar la inflación de otras áreas en el medio y largo, sobre todo en economías más débiles.

Además, hoy en día la producción es mucho más amplia. En 1973 se concentraba en Oriente Próximo, Estados Unidos y la Unión Soviética, pero en las décadas siguientes aumentó tanto en cantidad de barriles como en países productores. Por el camino, si bien el petróleo ha seguido siendo un bien energético central, el gas, la nuclear o las renovables han ganado cada vez más importancia en el mix energético global.

El contexto de los últimos años también ha cambiado. Más allá de la crisis de 1973, la comparativa inmediata es la crisis energética a raíz del corte de suministro de gas por parte de Rusia en 2022. En ese momento, las economías todavía demandaban mucha energía para recuperarse del parón provocado por la pandemia de la covid-19. Ahora existe un contexto algo más sólido, en el que la economía global es más resiliente aunque se tensionen los mercados y los precios suban de forma irremediable. 

Ganadores y perdedores

Con todo, un ataque de Israel contra las refinerías iraníes tendría países perjudicados y beneficiados. Obviamente el principal perjudicado sería Irán, para el que las exportaciones de petróleo representan más del 3% de su PIB y cuya economía está duramente sancionada por la comunidad internacional. Si las fuerzas israelíes atacan una refinería de menor peso, la República Islámica se vería afectada pero podría salir del paso. Pero si atacan una instalación clave como la terminal de la isla de Kharg, de donde sale el 95% del crudo del país, supondría una verdadera disrupción a la producción petrolera iraní. 

El segundo gran afectado sería China, principal comprador del petróleo iraní: el 90% de esas exportaciones van dirigidas al gigante asiático. Al mismo tiempo, el petróleo iraní supone 15% de toda la demanda china, por lo que una disrupción en esta cadena de suministro impactaría en su economía, muy demandante de energía, lo que forzaría a Pekín a buscar alternativas a medio plazo. Esa demanda china sin resolver tensionaría los mercados, provocando desajustes con la oferta disponible. Con todo, el mix energético chino está muy diversificado, tanto en fuentes de energía como de importación. Así que, de nuevo, las economías más débiles serían las más afectadas por la inflación derivada de los desajustes del mercado.

Por el otro lado, los principales beneficiados de un ataque de Israel al petróleo de Irán serían los otros países productores. La subida de precios favorece a sus economías, en especial si no aumentan la producción. Es la lógica que han seguido países como Arabia Saudí, reticentes a cooperar para bajar los precios de la energía, como se vio durante la crisis energética de 2022. Lo mismo podría ocurrir con las empresas petroleras estadounidenses, que aumentarían su margen de ganancias. Estados Unidos es el principal productor global gracias al fracking, lo que lo convierte en una garantía para estabilizar el mercado. No obstante, ni Washington ni las monarquías del Golfo desean el ataque israelí, ya que la inestabilidad económica y la conflictividad regional puede acabar afectando igualmente a sus economías.

Otro gran beneficiado sería Rusia. No sólo porque el aumento de los precios favorece a una economía dedicada a sostener la guerra en Ucrania, sino porque le ganaría terreno a Irán en el mercado negro del petróleo a través de las flotas fantasma: barcos que transportan el petróleo de forma oculta y que ya plantean retos económicos y medioambientales. Los dos son países sancionados, y Rusia podría aumentar el peso de sus prominentes exportaciones de contrabando a China.

Habría crisis del petróleo si Irán bloquea Ormuz

El escenario más peligroso sería que Irán bloquease el estrecho de Ormuz. Este enclave entre las costas de Irán y Omán es la puerta al mar del golfo Pérsico y por donde pasa el 30% del comercio global de petróleo y el 20% del de gas. Es la principal carta geopolítica de Irán, que podría bloquearlo si Israel ataca sus refinerías. El cierre de Ormuz paralizaría el comercio global de hidrocarburos, dejando sin salida a la producción iraní, pero también a la de otros grandes productores como Arabia Saudí, Catar o Emiratos Árabes Unidos. Los precios de la energía se dispararían, arrastrando a otros productos, y varios países enfrentarían desabastecimiento. Un escenario tan grave como para que Israel se piense dos veces atacar el petróleo iraní.

Las consecuencias también serían geopolíticas. El bloqueo de Ormuz agravaría la escalada que vive Oriente Próximo desde el comienzo de la guerra en Gaza hace un año. Para empezar, porque Irán podría ser objeto de nuevos ataques, tanto de Israel como del resto de países afectados. Arabia Saudí, Catar o Emiratos se han mantenido fuera del conflicto, pero podrían dar el paso si sus economías se ven afectadas. Esto abriría un nuevo foco de violencia en la región y empeoraría los de Gaza, Líbano, Siria o Bab al Mandeb, otro estrecho clave para el comercio global que se encuentra bajo el fuego de los hutíes de Yemen.

Al igual que en este último caso, Estados Unidos podría lanzar una operación para contener a Irán y desbloquear el estrecho. Incluso podría contar con el apoyo de China, a la que también le afectaría la crisis. Así, si bien el bloqueo de Ormuz no es descartable, sería una medida desesperada que Teherán no tardaría en levantar. Si un ataque a sus refinerías es un problema, enfrentar el enfado de enemigos como Estados Unidos y aliados como China por el bloqueo al petróleo pone aún más en riesgo al régimen de la República Islámica. Por tanto, incluso con el petróleo, Israel tiene la sartén por el mango en el conflicto con Irán.

Alba Leiva

Madrid, 1997. Redactora en El Orden Mundial. Graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos por la Universidad Carlos III. Me interesa la política internacional, la geopolítica de los recursos, las nuevas tecnologías y la cultura.