Escucha este artículo
Se cumple un año de los ataques de Hamás en suelo israelí que dejó el mayor número de víctimas judías desde el Holocausto. La “Inundación de Al Aqsa”, como la organización palestina denominó a su incursión, mató a unas 1.200 personas, la mayoría civiles. Como respuesta, las Fuerzas de Defensa de Israel asediaron y siguen ocupando la Franja de Gaza, donde han provocado una crisis humanitaria con más de 40.000 muertos que para numerosos organismos internacionales podría constituir un genocidio.
Hoy sabemos que el relato oficial de los acontecimientos estuvo parcialmente sesgado, de forma que contribuyó a legitimar la invasión de Gaza. El Gobierno de Benjamín Netanyahu favoreció una narración de los acontecimientos agravada con elementos ficticios, como las supuestas decapitaciones de bebés. Y, sobre todo, ocultó información importante, como la responsabilidad del Ejército israelí en la muerte de varios civiles o los ofrecimientos de Hamás de liberar a los rehenes en los días posteriores al atentado.
A lo anterior se añaden las denuncias de que el Ejército israelí conocía los planes de Hamás. De ser ciertas, estas acusaciones apuntarían a una crisis facilitada por Israel para legitimar un nuevo capítulo en el proyecto histórico de eliminar al pueblo palestino. La inacción deliberada no ha sido probada de manera irrefutable, pero los detalles que han trascendido señalan al menos una imprudencia culpable por parte de Netanyahu.
Israel conocía los planes del ataque
Las primeras denuncias hacia Israel por no haber actuado a tiempo para impedir el ataque de Hamás llegaron semanas después del 7 de octubre y venían de los propios militares israelíes. En concreto, varios integrantes de la unidad que vigila la frontera manifestaron que durante meses habían recogido pruebas de que Hamás estaba entrenando para cruzar la línea defensiva que separa Gaza de Israel. Los miembros de esta unidad avisaron varias veces a sus superiores, pero estos no hicieron nada al respecto.
Ya en noviembre, el New York Times informó que la inteligencia israelí había obtenido un documento elaborado por Hamás que detallaba los planes del ataque. El texto recogía punto por punto la hoja de ruta y, aunque no identificaba una fecha exacta, era lo suficientemente metódico como para que el Ejército hubiera podido tomar medidas al respecto. Por si fuera poco, en junio de este 2024 el medio estatal Kan tuvo acceso a un informe interno israelí elaborado por la División de Gaza en septiembre del año anterior, menos de veinte días antes del 7 de octubre. El documento demuestra que esta unidad de las Fuerzas de Defensa también conocía los entrenamientos de Hamás para asaltar puestos militares y kibutz en suelo israelí, así como planes para la toma de entre doscientos y 250 rehenes.
La preparación del ataque de Hamás estaba siendo tan poco discreta que incluso otros países se habían enterado de ella. De acuerdo con el Comité de Asuntos Exteriores del Congreso de Estados Unidos, el Ejército egipcio alertó de la incursión a las autoridades israelíes, pero tampoco reaccionaron. Sorprende que el aviso de El Cairo fuera ignorado, en especial porque habría tenido lugar el 4 de octubre.
Israel tergiversó un ataque ya de por sí grave
Las primeras estimaciones tras los ataques Hamás hablaban de cerca de 1.400 bajas, una cifra que después fue revisada a casi 1.200: 796 (67%) civiles, incluyendo 36 menores de edad, y el resto militares y policías. Casi tres cuartas partes del total eran hombres. Sin embargo, las autoridades israelíes pronto agravaron la masacre con detalles ficticios que contribuyeron a legitimar una fuerte respuesta militar.
Israel favoreció el rumor de que los atacantes habían decapitado a decenas de bebés, un bulo que sería desmentido y del que incluso la Casa Blanca tuvo que retractarse. También aseguró que miembros de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados palestinos, habían participado en el ataque, lo que sirvió como pretexto para dejar a cientos de miles de palestinos sin acceso a alimentos. La agencia denunció que Israel había ejercido coerción sobre sus empleados para que confesaran supuestos vínculos.
Ahora bien, la ONU sí está investigando la posible violencia sexual atribuida a miembros de Hamás. El patrón de muchas víctimas, cuyos cadáveres fueron encontrados sin ropa, apunta a violaciones, pero no se han podido realizar autopsias ya que los cuerpos fueron rápidamente enterrados conforme al rito judío. El informe de Naciones Unidas también señala que no se ha podido reunir con supervivientes —apunta que quizá por trauma o miedo al estigma— y que las interrogaciones de autoridades israelíes a sospechosos no pueden considerarse debido a denuncias de torturas. La veracidad de algunas noticias sobre violaciones también se ha cuestionado: el New York Times, por ejemplo, eliminó un episodio de su pódcast sobre el tema al desvelarse que uno de los autores era un veterano israelí sin experiencia periodística.
Otro detalle relevante es que Hamás no premeditó muchas de las muertes civiles. De las casi ochocientas personas asesinadas, 347 murieron en el Festival Supernova, pero la policía ha concluido que Hamás no tenía conocimiento previo del festival ni planes para atacar en él. Su objetivo era el cercano kibutz de Reim, mientras que el evento debía haber acabado el día 6, pero los organizadores improvisaron en el último momento alargarlo una jornada más. Los miembros de Hamás aprovecharon la coyuntura para maximizar el daño, pero la cúpula de la organización no había previsto esta masacre. Por otro lado, el Ejército israelí ha reconocido haber matado a al menos un civil en la fiesta, y el diario Haaretz reportó que al menos un helicóptero militar abrió fuego en la zona y que podría haber causado bajas israelíes.
Hamás no planeaba una crisis de rehenes
Aunque Israel tenía información de que Hamás se preparaba para tomar rehenes, los planes de la organización eran muy distintos a los que se materializaron el 7 de octubre. De acuerdo con un manual de instrucciones obtenido por The Atlantic, el grupo quería retener personas temporalmente para usarlas como escudo humanos mientras negociaba las condiciones del repliegue a Gaza y una hipotética resolución del conflicto palestino-israelí. El documento aclara que se debía mantener a los rehenes con vida, salvo aquellos que opusieran resistencia, y siempre dentro del suelo israelí.
Israel, sin embargo, activó la “Directiva Aníbal”, que establece que la toma de rehenes por parte del enemigo debe evitarse a toda costa. Es un protocolo introducido en 1986 después de que varios soldados israelíes fueran capturados durante la invasión de Líbano y usados como moneda de cambio. Las primeras noticias de que Israel había ejecutado este protocolo tras el 7 de octubre vinieron de las propias víctimas. En diciembre, por ejemplo, algunos rehenes liberados aseguraron que durante su captura habían sido bombardeados por helicópteros israelíes. Los supervivientes del kibutz de Beeri también denunciaron que al menos trece civiles habían muerto a causa de un tanque israel y exigían a las autoridades una investigación al respecto. En total, cien civiles fallecieron en esa localidad. El Ejército israelí confirmó incidentes de “fuego amigo”, pero concluyó que no era prudente investigarlos.
En las primeras semanas, Hamás ni siquiera tenía claro cuántos israelíes había secuestrado. Casi una cuarta parte de ellos fueron capturados en la masacre improvisada del Festival Supernova. La activación de la Directiva Aníbal fue lo que llevó a la retirada improvisada de Hamás hacia Gaza y, a su vez, a la invasión de la Franja. Consciente de la situación, el grupo intentó reconducirla y ofreció el 9 de octubre la liberación inmediata de los rehenes a cambio de iniciar las negociaciones con Israel, pero Netanyahu rechazó la propuesta. Hamás también ofreció liberar a los rehenes más débiles en la frontera, pero el Gobierno dijo que si lo hacían entrarían en una “zona de la muerte”, tal y como ha denunciado una de las supervivientes.
Ahora mismo, la condición de Hamás para liberar a los setenta rehenes con vida es que Israel acceda a abandonar Gaza. Los familiares de las víctimas tienen claro que Netanyahu está alargando esta crisis para mantener la presencia en la Franja, una valoración que comparten en la prensa nacional y Washington. Cuatro de ellos han sido arrestados por la policía israelí en las manifestaciones de Tel Aviv. En junio, el ministro Benny Gantz abandonó el Gobierno de unidad como denuncia de la ausencia de un plan de retirada de Gaza, en un contexto en el que los ministros más extremistas hablan abiertamente de limpieza étnica. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, ha criticado la decisión de mantener el control del corredor de Filadelfia entre Gaza y Egipto, calificándola como una “desgracia” que impide la liberación de los rehenes.
Un año después del 7 de octubre, sabemos que las autoridades de Israel tenían detalles suficientes para haber impedido los ataques de Hamás, pero desconocemos por qué no lo hicieron. Sabemos también que los tergiversó y que eso contribuyó a legitimar la invasión de Gaza. Por último, sabemos que Hamás ofreció liberar a los rehenes en los días posteriores al ataque, pero Netanyahu optó por la ocupación de la Franja. Después de un siglo de violencia, Hamás abrió esta última espiral bélica e Israel optó por agravarla.
Lamento el enfoque tendencioso…no se puede hacer ni publicar algo en el cual no se vierte ni una sola critica a Hamas. No quiero decir con esto que Israel este haciendo las cosas bien pero no me gustan los enfoques no neutrales. Gracias
Excelente articulo. Gracias