5 de febrero de 1997

5 de febrero de 1997: se crea Morgan Stanley, la mayor sociedad bursátil de Wall Street

El banco de inversión estadounidense Morgan Stanley nació tras la fusión de dos sociedades previas. Desde entonces se ha convertido en el cuarto banco más grande de Estados Unidos, aunque casi quebró con la crisis financiera de 2008.
5 de febrero de 1997: se crea Morgan Stanley, la mayor sociedad bursátil de Wall Street
Puertas de la sede principal de Morgan Stanley en Nueva York. Fuente: Alex Proimos (Flickr)

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Morgan Stanley es el cuarto banco más grande de Estados Unidos, tan solo por debajo de JP Morgan Chase, Bank of America y Wells Fargo. Sus acciones valen 121.000 millones de dólares y ocupa el puesto número 61 de la lista Fortune 500, un ránking anual de las mayores empresas estadounidenses. Con su sede central en Nueva York, Morgan Stanley cuenta con más de 60.000 empleados y tiene 35 oficinas repartidas por los cinco continentes. 

Este banco de inversión multinacional nació el 5 de febrero de 1997 tras la fusión de las entidades financieras Morgan Stanley Group Inc. y Dean Witter Discover & Co. A partir de 2001 pasó a llamarse solo Morgan Stanley porque como marca era más conocida y prestigiosa gracias a su experiencia en el sector financiero desde finales del siglo XIX. 

Guerras y oportunidades: orígenes y evolución de Morgan Stanley

La historia de Morgan Stanley se remonta a 1861, cuando el célebre banquero estadounidense John Pierpont Morgan fundó J. P. Morgan & Co., el primer banco internacional del mundo. Morgan aprovechó los vínculos de su padre, el empresario Junius Spencer Morgan, con la banca británica, así como la guerra civil estadounidense y el posterior desarrollo de la industria del ferrocarril, para amasar fortuna. A comienzos del siglo XX ya dominaba las finanzas estadounidenses.

Cuando J. P. Morgan murió en 1913, el banco pasó a su hijo, Jack Pierpont Morgan, quien lo hizo crecer financiando la reconstrucción europea tras la Gran Guerra y el avance de la industrialización en Estados Unidos. Para 1920, J. P. Morgan & Co. era un gran banco de inversión, pero, como el resto de entidades financieras de esos años, se asoció con la banca comercial para aumentar su riqueza. Los bancos comerciales empezaron así a especular con el dinero de sus clientes con la ayuda de los bancos de inversión y esto explotó con el crac del 29, cuando la Bolsa de Nueva York se hundió y los ciudadanos estadounidenses quisieron retirar un dinero que sus bancos no tenían en ese momento.

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Para evitar que esto volviese a ocurrir, el entonces presidente Franklin D. Roosevelt aprobó en 1933 la Ley Glass-Steagall, que obligaba a separar la banca comercial de la de inversión. De esta forma, los bancos comerciales no podían invertir en acciones ni suscribir valores, y los de inversión no podían utilizar depósitos corrientes para especular. Fue entonces cuando J. P. Morgan & Co. se escindió. Este se quedó como banco comercial, mientras que el nieto de J. P. Morgan, Henry Morgan, y el empresario Harold Stanley fundaron el banco de inversión Morgan Stanley Group Inc. en 1935. 62 años después, esta entidad se fusionaría con Dean Witter Discover & Co. para instaurar el actual Morgan Stanley.

Desregulación rumbo a una crisis sorteada

Con el tiempo, Morgan Stanley Group Inc. creció y para finales del siglo XX ya era más que un banco de inversión, pues con el desarrollo de la globalización y la desregulación financiera de los años ochenta empezó a prestar servicios financieros no solo a empresas, sino también a instituciones y Gobiernos. El clima de liberalización económica de esos años hizo que el control financiero de la década de los treinta fuese relajándose, hasta que el entonces presidente Bill Clinton aprobó la Ley Gramm-Leach-Bliley en 1999 para formalizar la desregulación que ya estaba en curso. Esta ley derogó la Glass-Steagall de Roosevelt, lo que permitió que la banca comercial y de inversión volviesen a unirse.

Aunque la crisis financiera de 2008 ocurrió por factores como la excesiva liquidez, los intereses bajos, la fusión de grandes empresas y la consecuente concentración financiera, también habría influido la reasociación de la banca comercial y de inversión. Esta facilidad permitió que los bancos comerciales vendiesen las hipotecas de sus clientes a los de inversión, que, a su vez, las vendían a otros inversores, lo que aumentaba su valor. Como los bancos comerciales perdieron el miedo al impago, concedieron hipotecas de alto riesgo a clientes que no podían pagarlas, alimentando así la especulación. En cuanto un número suficiente de personas no pudieron costear sus hipotecas, la burbuja pinchó y los bancos de inversión involucrados, como el gigante Lehman Brothers, quebraron.

Morgan Stanley perdió el 80% de su valor entre 2007 y 2008 y tuvo que pagar una multa de 35 millones de dólares. Si no hubiese sido por los 10.000 millones que le inyectó el Tesoro estadounidense, también habría quebrado. Para evitarlo, la Reserva Federal le exigió convertirse en un banco comercial, y desde entonces Morgan Stanley desempeña funciones de la banca tradicional y proporciona servicios financieros a empresas, instituciones, Gobiernos e individuos. En 2020 registró unas ganancias récord: 48.200 millones de dólares.

Ana Raya

Madrid, 1998. Graduada en Relaciones Internacionales (UCM) y Máster en Geopolítica y Estudios Estratégicos (UC3M). Interesada en conflictos espaciales, fronteras, mapas y geopolítica crítica.

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