19 de enero de 2000

19 de enero del 2000: muere Hedy Lamarr, actriz e inventora de la tecnología base del wifi

Hedy Lamarr vivió deseando ser reconocida, además de por su belleza, por su inteligencia e inventos, como la tecnología de salto de frecuencia, utilizada en las comunicaciones inalámbricas actuales. El mundo vino a reconocer ese legado poco antes de su fallecimiento.
19 de enero del 2000: muere Hedy Lamarr, actriz e inventora de la tecnología base del wifi
Retrato de Hedy Lamarr en 1942. Fuente: oneredsf1 (Flickr)

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Hedwig Kiesler, conocida como Hedy Lamarr, nació en Viena en 1914. Hija de judíos adinerados, desde pequeña se apasionó por la tecnología, pero eligió el arte dramático, fascinada por la libertad de las mujeres artistas. Aunque se convertiría en una estrella de Hollywood, no perdió el interés por inventar, desarrollando grandes avances que fueron eclipsados por el sobrenombre de “la mujer más bella del mundo”.

Admirada por su físico y nunca por su inteligencia, Lamarr se retiró frustrada de la vida pública. Hasta finales de los años noventa no fue reconocida por sus inventos, como la tecnología de salto de frecuencia, que permite comunicaciones inalámbricas actuales como el GPS, el bluetooth y el wifi. Con 85 años, falleció en su casa el 19 de enero del 2000.

Una inventora camino a Hollywood

Los primeros papeles de Hedwig Kiesler en el cine checoslovaco y alemán llegaron pronto, pero alcanzó la fama por el escándalo tras haber protagonizado el primer desnudo integral del cine mientras recreaba un orgasmo en la película Éxtasis, de 1933. Su familia esperaba que reencauzase su vida al casarse con Fritz Mandl, dueño de una empresa armamentística colaboradora con los regímenes fascistas de Hitler y Mussolini. Obsesionado por controlar la exposición de su mujer, Mandl la mantuvo recluida en casa.

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Aunque retomó sus estudios de ingeniería y disponía de todo lujo, a Kiesler le faltaba libertad, por lo que decidió huir. En 1937 llegó a Londres, donde conoció al productor estadounidense Louis B. Mayer, de la Metro Goldwyn Mayer. Al firmar un contrato rumbo a Hollywood, cambió su nombre para evitar ser reconocida por Éxtasis: así se convirtió en Hedy Lamarr, por la actriz Barbara La Marr. A finales de los años treinta ya era el principal icono de belleza, por lo que protagonizaría una treintena de películas, como Camarada X o Sansón y Dalila. En sus ratos libres, no obstante, mantuvo su faceta de ingeniera: mejoró los semáforos, inventó una pastilla que creaba una bebida similar a la Coca-Cola y dio la idea al ingeniero aviador Howard Hughes de diseñar alas de aviones con forma de flecha.

Asegurar las comunicaciones inalámbricas en la guerra

Atenta al avance nazi en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, Lamarr descubrió que las potencias del Eje hundían los torpedos de los Aliados por lo fácil que era interceptar las señales de radio que los guiaban. Entonces ideó la transmisión en el espectro ensanchado por salto de frecuencia: un sistema para enviar los mensajes fraccionándolos en pequeñas partes. Con el código de cambio de canales, solo el receptor podía sincronizar los saltos de frecuencia y recibir el mensaje sin interferencias y con mayor calidad.

Para diseñar la sincronización, su amigo, el compositor George Antheil, se inspiró en la conexión entre pianolas, un piano que reproduce la música perforada en un rollo de papel. Las 88 teclas serían las 88 frecuencias, y la melodía la secuencia de saltos entre frecuencias. Al sincronizar dos rollos en un barco y en un torpedo, estos podrían comunicarse mediante un mismo patrón casi indescifrable. Ayudados por un físico, desarrollaron el aparato electrónico registrado en la patente de 1941. Esta fue cedida a la Marina estadounidense, que, sin embargo, la desestimó y clasificó como secreta.

El mundo no valoró a la verdadera Hedy Lamarr

Cuando Estados Unidos entró en la guerra, Lamarr quiso colaborar con el Gobierno, pues además de sus dotes como inventora había conocido el armamento alemán durante su primer matrimonio. Sin embargo, consideraron que su contribución sería vender bonos para recaudar fondos, que llegaron a 25 millones de dólares. Mientras, el Gobierno se apropió de su patente como propiedad de un enemigo extranjero, pues Lamarr aún no era estadounidense. Rescatada en los años cincuenta, y una vez caducó, la patente se adoptó para transmisiones militares y en los barcos que bloquearon Cuba durante la crisis de los misiles de 1962.

También descontenta con los papeles que le ofrecían, reducidos al mito erótico, Lamarr abandonó la Metro Goldwyn Mayer y pasó a producir sus propias películas, lo cual no sentó bien a las productoras. Ante la amenaza de que más actrices comenzasen carreras independientes, fue repudiada. Desde los años sesenta, entre su adicción a la metanfetamina que suministraban en los rodajes y las cirugías plásticas por la presión de envejecer, desarrolló trastornos mentales que la llevaron a aislarse.

La industria de las telecomunicaciones, sin embargo, vino a reconocer a Lamarr décadas después, cuando la Electronic Frontier Foundation le otorgó en 1997 el Pioneer Award, pues su aporte era esencial para las comunicaciones inalámbricas que estaban en pleno desarrollo. Cinco años después de su muerte, en 2005, Alemania estableció el Día de los Inventores el 9 de noviembre en honor a su cumpleaños, y desde entonces se han sumado otros países.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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