La lucha geopolítica por controlar los servidores que sostienen internet
Internet se sostiene gracias a los centros de datos, instalaciones que concentran los ordenadores por los que pasa toda la red, incluyendo las páginas visitadas, las imágenes descargadas o los mensajes de cada chat. Con el boom de la tecnología digital, estos templos de los datos son cada vez más numerosos, y controlarlos se ha convertido en una baza geopolítica.
Cada vez generamos más contenido digital. Si en 2015 se crearon, almacenaron, y consumieron 15,5 zettabytes de datos, el equivalente a 15,5 billones de gigabytes, esta cifra se multiplicará casi por diez en 2024. Y esos datos deben guardarse en algún sitio. En los últimos años se ha popularizado una tecnología que permite almacenarlos en internet: la nube, que no es más que filas de ordenadores a los que se puede acceder de forma remota, apilados en centros de datos, también llamados granjas de servidores.
Los centros de datos prestan un servicio de almacenamiento, procesamiento e incluso de computación a millones de usuarios. Además, permiten a empresas ahorrar mucho dinero guardando sus datos u ofreciéndoles acceder a programas informáticos en remoto a cambio de una cuota.
Pero, pese a estos grandes avances, el mercado está controlado por unas pocas compañías, lo que puede suponer un grave problema. En junio de 2021 un fallo en una empresa de servidores dejó sin funcionar las páginas de Amazon, Twitch, The New York Times o El País durante una hora. El mercado de la nube no deja de crecer a medida que aumentan los servicios accesibles online y las personas con conexión a internet, y con él crece la importancia geopolítica de los servidores que la sostienen.
Las ciudades de servidores se expanden por Asia
Un solo punto concentra casi el 70% del tráfico diario global de internet: Ashburn, en Virginia, Estados Unidos. Esta pequeña ciudad a apenas cincuenta kilómetros de Washington D. C. comenzó a ser popular en la industria de internet en los años noventa, cuando algunas empresas del sector empezaron a operar desde ahí. Les atraía el bajo coste de la energía, un 20% más barata que la media del país, los incentivos fiscales y concesiones de terrenos públicos, y la proximidad a la capital y a los principales núcleos de población de la costa este, donde se concentraban la mayoría de sus clientes...
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