14 de enero de 2011

14 de enero de 2011: las protestas en Túnez obligan a Ben Alí a dimitir y abandonar el país

El suicidio de un joven por la falta de libertades y oportunidades desencadenó la Revolución de los Jazmines contra el Gobierno autoritario de Ben Alí. Las movilizaciones populares forzaron su dimisión y la única transición democrática entre las revueltas árabes que siguieron el ejemplo tunecino.
14 de enero de 2011: las protestas en Túnez obligan a Ben Alí a dimitir y abandonar el país
Manifestantes tunecinos en 2011 exigiendo un Estado secular. Fuente: Parlamento Europeo (Pixabay)

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Después de una requisa a sus mercancías y ahorros, el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se inmoló el 17 de diciembre de 2010 en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid como protesta contra los abusos policiales. Se convirtió en un símbolo de la frustración del pueblo de Túnez, empobrecido y con escasas oportunidades. La crisis económica de 2008 había generado un malestar general que fue el caldo de cultivo para la Revolución de los Jazmines, que demandaba un cambio en el sistema político contra el Gobierno autoritario de Ben Alí. 

Ben Alí gobernó Túnez durante veinticuatro años en los que liberalizó la economía, pero también expolió la riqueza nacional y empobreció a la población, sobre todo del interior. Al potenciar el turismo internacional, permitió la influencia de las ideas democráticas extranjeras, y pese a la falta de libertades políticas, que su régimen fuera menos restrictivo que otros de la región también permitió las primeras protestas que desembocaron en las revueltas árabes. Además, internet y las nuevas redes sociales facilitaron la organización de las movilizaciones contra la corrupción, la subida del precio de los alimentos y el desempleo, más acentuado entre los jóvenes.

La represión policial solo alimentó el descontento y la muerte de Bouazizi el 4 de enero de 2011 catalizó la revolución. Las reformas políticas y económicas anunciadas en los días siguientes, como la liberación de los detenidos o la bajada del precio de los alimentos, no convencieron a la ciudadanía, que consiguió que Ben Alí huyera a Arabia Saudí el 14 de enero. Su dimisión dio esperanzas e impulsó las manifestaciones prodemocráticas en la región. Poco después, un tribunal tunecino lo condenó por robo de grandes sumas de dinero y joyas, pero fue protegido por Arabia Saudí, donde permaneció hasta su muerte en 2019.  

Del adiós a Ben Alí a las debilidades de la transición democrática

La marcha de Ben Alí dio paso a un proceso de transición democrática, liderado por un Gobierno provisional de coalición entre antiguos ministros y líderes de la oposición. Una serie de reformas políticas, como la legalización de los partidos y la liberación de presos políticos, condujeron a las elecciones para formar una Asamblea Constituyente que democratizase la república semipresidencialista tunecina. Pero los cambios en el Gobierno estancaron la transición y retrasaron las elecciones hasta octubre de 2011.

El resultado fue una Asamblea muy fragmentada, en la que el partido islamista moderado Ennahda, pese a ser el más votado, necesitó formar un Gobierno de coalición con el partido laico y progresista Congreso para la República y el socialdemócrata Ettakatol. Sin embargo, las discrepancias en la elaboración de la Constitución acabaron con el Ejecutivo y alentaron las protestas entre una población cada vez más polarizada y preocupada por el inmovilismo político y la crisis económica. Al final, la Constitución se aprobó en 2014, demostrando que la transición seguía en marcha, con avances en libertades religiosas y en derechos de la mujer.

La fragmentación parlamentaria, sin embargo, ha persistido, generando inestabilidad. Desde las elecciones de 2011, Túnez ha tenido ocho jefes de Gobierno, lo que junto al absentismo y los enfrentamientos entre diputados ha impedido la elección del Tribunal Constitucional. El descrédito de la clase política sigue extendido y, con ello, las movilizaciones que exigen reformas políticas profundas, sobre todo desde que el presidente Kais Saied asumió plenos poderes ejecutivos en verano de 2021, en lo que la oposición consideró un golpe de Estado.

La revuelta se extendió por el mundo árabe

Los cambios en el régimen tunecino animaron a otras sociedades árabes, que tenían condiciones similares, a salir a la calle tanto en apoyo a Túnez como para demandar reformas en sus propios Estados. Aunque en algunos países, como Marruecos, la prohibición de las protestas y la promesa de ciertas reformas detuvieron el estallido de una revolución, en la mayoría actuó como catalizador de las revueltas árabes.

Sin embargo, cada país evolucionó de forma distinta, bastante alejadas del proceso tunecino. En Egipto, tras la caída del dictador Hosni Mubarak se inició una transición democrática interrumpida por el golpe de Estado del general Abdelfatá al Sisi en 2013. En Baréin, la represión también recuperó el statu quo previo, mientras que los abusos de las autoridades en Libia, Siria o Yemen fueron contestados por grupos armados y dieron inicio a las guerras civiles que destruyeron sus infraestructuras políticas y socioeconómicas, y facilitaron la expansión de Dáesh y otros grupos yihadistas.

La revolución de Túnez fue la única que avanzó hacia la transición democrática. Sin embargo, la caída de sus socios principales, como Libia, sumada a la inestabilidad regional y la ola de atentados yihadistas, que disminuyeron el turismo internacional, conllevaron el estancamiento económico durante toda la década. Las reivindicaciones sociales y económicas de 2011 siguen vigentes, manteniendo el descontento ante una democracia debilitada.

Cristina Bermejo

Aranda de Duero, 1999. Graduada en Sociología, Relaciones Internacionales, y Experta en Desarrollo. Interesada en conflictos sociales, derechos humanos y migraciones, así como en temas de género y cultura.

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