Así será una Alemania gobernada por Los Verdes

Los Verdes aspiran a ser decisivos en las elecciones federales de septiembre en Alemania. Una victoria suya, cada vez menos probable, o su entrada en el Gobierno podrían provocar no solo un giro nacional tras dieciséis años de Angela Merkel, sino también cambios en el papel alemán dentro de la Unión Europea.
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Así será una Alemania gobernada por Los Verdes
Fuente: elaboración propia.

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Si el eje izquierda-derecha parece abocado a desaparecer, ese cambio de ciclo podrá empezar a verse en Alemania en septiembre de este año. La responsable es Los Verdes, una formación ecologista y de centro que ha llegado a liderar las encuestas por delante de los conservadores de la CDU, que ocupan la Cancillería desde 2005 liderados por Angela Merkel. Aunque su empuje se ha ido desinflando desde primavera, un cambio de Gobierno en el motor de la Unión Europea podría tener efectos a nivel nacional y europeo, incluso como primer paso para un giro en el reparto de poder en otros países.

Un partido ecologista pero más de centro que de izquierdas

El proceso de construcción de Los Verdes/Alianza 90, nombre oficial del partido, ha sido largo. Se fundó en 1993 por los propios Verdes y Bündnis 90, un conjunto de formaciones que defendían los derechos civiles en Alemania Oriental. Su evolución ha sido lenta, pero ha sido capaz de institucionalizarse hasta ser una fuerza transversal, que muchos califican de centrista. De hecho, su programa va mucho más allá del ecologismo.

La transversalidad puede ser clave para el probable éxito federal de Los Verdes. Han pactado a izquierda con el SPD, como ocurrió a nivel nacional entre 1998 y 2005 en el Gobierno de coalición liderado por el socialdemócrata Gerhard Schroder, y a derecha con la CDU, como sucede desde 2011 en Baden-Württemberg con Los Verdes como primera fuerza. Por tanto, a diferencia de como suele ubicarse a estas formaciones, el partido verde alemán no está anclado a la izquierda del espectro político.

La lucha contra el cambio climático es su principal bandera, pero no la única. Los Verdes han sabido canalizar una preocupación por el clima cada vez mayor con propuestas como reducir los gases de efecto invernadero en un 70% para 2030, bastante por encima del 55% que busca el Gobierno actual de acuerdo con la línea también marcada por la UE. El foco del partido está en acelerar la “transición energética” a las renovables y los coches eléctricos. Más allá de esto, se declaran un partido feminista, abogan por una mayor intervención del Estado en la economía y quieren aumentar las inversiones sostenibles. Además, se proponen terminar con la “polarización social”, y muchos de sus miembros han sido blanco de insultos y críticas por parte de militantes de extrema derecha.

Gracias a su postura centrista, Los Verdes se han aprovechado de la crisis en la CDU y de un SPD que no se recupera. Se han convertido en un partido pragmático que ya no va hacia el votante de un estatus socioeconómico alto, sino que busca ser “realista”, como dicen desde la propia formación. En los últimos años han entrado en una fase de adaptación al sistema, pasando del anticapitalismo a ser más una fuerza de corte liberal. Además, son un partido político con experiencia de gobierno no solo a nivel federal, sino también en muchos estados regionales. Abandonando la antigua etiqueta de partido de izquierdas antiélites, Los Verdes se han convertido en el partido preferido de la clase media alemana.

Más allá del programa, Los Verdes también parecen haber acertado con la elección de su líder. Hasta ahora optaban por una bicefalia, como el partido ultraderechista AfD, pero en las elecciones de septiembre presentarán por primera vez a una sola candidata: Annalena Baerbock. A sus cuarenta años, Baerbock tiene el doble reto de ganar las elecciones y, aún más difícil, convivir con el recuerdo de Angela Merkel, que dejará el poder tras dieciséis años y en un pico de popularidad. Las encuestas, sin embargo, auguran unas elecciones muy disputadas, y el efecto Baerbock ha perdido fuelle en las últimas semanas. La candidata incluso ha recibido críticas por no incluir en su declaración de bienes el cobro de la paga de Navidad del partido.

¿Qué quieren hacer Los Verdes en Europa?

Los Verdes alemanes están en disposición de liderar una “revolución de terciopelo” ecologista en Europa: un cambio pacífico y paciente tras cuatro décadas de transformación interna. Bruselas mira desde la distancia, pues una victoria ecologista en Alemania provocará cambios importantes en la política europea. Los Verdes son europeístas pero transformadores: abogan por una UE más social y defienden, por ejemplo, la emisión de deuda conjunta, como se ha hecho de manera excepcional con el fondo de recuperación contra la pandemia. También quieren abandonar algunos de los principios defendidos por Alemania en los últimos años: no son partidarios de la austeridad y, de hecho, defienden la reforma de las reglas de déficit y deuda, asociadas a la Gran Recesión de 2008.

Un Gobierno verde también traería cambios en política exterior. Los Verdes son muy críticos con Rusia y se oponen al gasoducto Nord Stream 2, que permitirá exportar gas ruso directamente a Alemania; el proyecto explica en parte la tibieza de Merkel con Moscú. El partido también se desmarca de China, denunciando el trato del Gobierno chino hacia la minoría uigur. Ahora que los choques de la UE con Rusia y China son más patentes que nunca a través de sanciones, una Alemania más crítica daría firmeza a la política exterior europea, que todavía tiene flaquezas.

Los Verdes, además, han estado muy en contra de la deriva populista del primer ministro húngaro, Viktor Orbán, y de la negativa de Polonia a acoger refugiados. Ya adoptaron esta postura en 2015, en plena crisis migratoria, cuando la propia Baerbock dejó claro su rechazo a estas políticas. Tampoco son partidarios de mantener una relación estrecha con Turquía, a la que han acusado de organizar, junto a Rusia, una campaña para debilitar a Baerbock. Por el contrario, el partido sí pretende centrar buena parte de sus esfuerzos en política exterior en facilitar la integración de los Balcanes en la UE.

A nivel europeo hay otro factor importante: el futuro del eje franco-alemán se juega en los próximos dos años. La llegada al poder de Baerbock no provocaría grandes cambios con Francia al menos hasta 2022, pues el presidente francés, Emmanuel Macron, también se ha sumado a algunas tesis ecologistas. Sin embargo, la relación podría cambiar tras las elecciones presidenciales francesas de 2022, para las que las encuestas dan opciones a la ultraderechista Marine Le Pen.

Liderar el Gobierno quizá no, pero sí formar parte de él

La era de las mayorías absolutas está llegando a su fin en Europa, de ahí que Los Verdes ya calculen con qué formación podrían compartir un futuro Gobierno federal. Vistas las encuestas, la fórmula más lógica sería una coalición con la CDU post-Merkel. Armin Laschet ha cogido el testigo de la canciller al frente del partido, en una apuesta continuista. Es un político centrista, sobrio y que representa al ala moderada del partido. La otra opción es la llamada “coalición semáforo”, formada por verdes, liberales —de color amarillo— y socialdemócratas. 

Quedan dos meses para la cita con las urnas en Alemania, pero el ascenso verde ya ha cambiado la campaña. Casi con total seguridad participarán en la formación del próximo Gobierno, como formación principal o como socio menor en una coalición con la CDU, su principal rival. En cualquier caso, Los Verdes marcan el camino en Europa, demostrando, eso sí, que se tardan décadas en construir una alternativa de gobierno verde y que esta no solo puede vivir del ecologismo.

Emilio Ordiz

Entre Asturias y Madrid. Periodista. Máster en Unión Europea. Especializado en el estudio de los populismos y los discursos euroescépticos. Me interesa la integración europea, el Estado de derecho y la geopolítica. Con un ojo puesto en los Balcanes.