Thomas Kemmerich, el candidato del Partido Liberal Alemán (FDP, por sus siglas en alemán), fue elegido presidente del estado federado de Turingia el pasado 5 de febrero gracias a los votos del partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) y de la CDU. Las filiales regionales de la CDU y el FDP desafiaban las consignas de sus direcciones nacionales para evitar que el partido izquierdista Die Linke (‘La izquierda’), que había sido la fuerza más votada, hiciera presidente a su candidato. Este inesperado juego de alianzas desató una crisis política de gran calado y, a pesar de que Kemmerich acabó dimitiendo por la polémica suscitada, ya hay quien compara este episodio con los años 20, cuando la extrema derecha alcanzaba el poder a nivel regional gracias a unas fuerzas conservadoras a las que terminaría por controlar.
Este escándalo puso también en riesgo la coalición de Gobierno a nivel federal, pues rompía el pacto entre la CDU y los socialdemócratas del SPD de comprometerse a hacer un cordón sanitario a la extrema derecha. Además, evidenciaba la falta de liderazgo de la presidenta del partido democristiano, Annegret Kramp-Karrenbauer (conocida como “AKK”), primero porque la CDU de Turingia se había saltado sus directrices, pero también porque tuvo que ser la canciller Merkel desde Sudáfrica quien denunció la situación y logró la dimisión de Kemmerich, sugiriendo una repetición electoral.
Debilitada, AKK presentó su dimisión, defendiendo que en la CDU no caben pactos con Die Linke o con Alternativa para Alemania, por razones éticas e históricas. Para ello, AKK aseguró que es necesario que una CDU reforzada ocupe el centro del espectro político, labor que esperaba acometiese su sucesor. Además, añadía que el acercamiento a la extrema derecha debilitaba al partido, análisis que se reforzaba cuando dirigentes de AfD se jactaban de haber roto la línea de sucesión de Merkel. AfD ha criticado duramente el cordón sanitario al que está sometido, que considera poco realista: según los últimos sondeos, la ultraderecha le pisa los talones a la tercera fuerza a nivel nacional, los socialdemócratas. En conclusión, la tormenta de Turingia ha dejado al desnudo la falta de liderazgo y rumbo de la CDU, y ha supuesto una victoria política para la extrema derecha y a Die Linke que, como primera fuerza, fue la víctima de estas polémicas alianzas.
Para ampliar: “El complejo legado de la canciller Merkel”, Inés Lucía en El Orden Mundial, 2019
Cruzada cristianodemócrata
Angela Merkel anunció en octubre de 2018 su decisión de no presentarse a las elecciones de 2021. Merkel mantendría la cancillería hasta entonces, pero también renunciaba a ocupar la dirección de la CDU, abriendo paso a la sucesión. Sin embargo, esa estrategia de liderazgo dividido entre Gobierno y partido ha puesto en una posición débil a su sucesora al frente de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer. Tras su dimisión, la lucha por suceder a AKK no se ha hecho esperar. La elección del próximo líder está prevista para finales de 2020, pero es previsible que se adelante.
El nombre más sonado es el de Friedrich Merz, abogado y empresario millonario que ha oscilado entre el ámbito público y el privado a lo largo de su carrera. Merz, quien perdió frente a AKK en las primarias de 2018, no ha declinado de momento la posibilidad de volver a presentarse y no oculta su satisfacción ante la atención de los medios. Su elección supondría un giro a la derecha y un distanciamiento de la forma de hacer política de Merkel. Públicamente, Merz ha defendido el principio de no colaboración la extrema derecha, pero en su agenda está la voluntad de atraer a buena parte de sus votantes, antes favorables a la CDU y que podrían volver a serlo si el partido adoptara posturas más conservadoras.
Fuerte entre las bases pero no tanto entre los cuadros del partido, Merz pretende, por ejemplo, abordar la transición ecológica a través de incentivos para las empresas en lugar de implementar legislación coercitiva contra estas. Así pues, estas y otras políticas lo alejan inevitablemente de una posible coalición con SPD o Los Verdes, pero el empresario alega que antes de pensar en las coaliciones, la CDU debe desarrollar su propia línea ideológica.
A Merz parece haberle salido competencia: el exministro de Medioambiente y Energía Norbert Röttgen. Como Merz, este político ha sido considerado independiente e incluso un outsider de la política. Sin embargo, a los ojos de los cuadros, Röttgen ha permanecido más leal a las instituciones políticas, tiene experiencia en el ámbito internacional, y está avezado en debates y exposición mediática.
Junto con estos nombres se bajan otros tres: Jens Spahn, Armin Laschet y Markus Söder. El actual ministro de Sanidad, Spahn, también se presentó a las primarias en 2018, pero obtuvo pocos apoyos, un 16%. Tiene 39 años y es abiertamente gay, característica relevante dadas las tendencias homófobas de otros candidatos. Es el más joven de los que se postulan y se opuso, junto con el ala más conservadora del partido, a la posición de Merkel durante la crisis migratoria. Las principales reticencias a su candidatura vienen por su falta de experiencia. Sin embargo, la canciller ha alabado en los últimos tiempos su labor como ministro y su capacidad para hacer frente a asuntos espinosos.
El candidato más cercano a Merkel tras el paso atrás de AKK es Armin Laschet. Estudió periodismo y es el presidente de la asociación regional democristiana más grande de Alemania, en Renania del Norte-Westfalia. Es liberal en lo económico y bastante cercano al FDP. Ha jugado un papel clave en las negociaciones por la descarbonización alemana aún cuando estas afectan especialmente a su estado federal y tiene experiencia europea por haber sido eurodiputado. Laschet supondría la opción más continuista respecto a la actual mandataria.
Junto a los anteriores nombres se encuentra también Markus Söder, líder de la CSU, la Unión Socialcristiana de Baviera, partido hermano de la CDU en este estado. Si Söder diera un paso al frente y ganara, su liderazgo supondría el giro más conservador. De hecho, este líder fue abiertamente beligerante con Merkel durante la crisis migratoria, y tiene posiciones más conservadoras en lo social y más librecambistas en lo económico. El líder bávaro defiende, al contrario de lo que AKK en su dimisión, que exista una separación entre la presidencia del partido y la candidatura a la cancillería para no hacer peligrar la estabilidad del Gobierno actual con un poder político bicéfalo y en competencia.
Aunque peor posicionados en la carrera, merecen mención otros nombres: Peter Altmaier, actual ministro de Economía y Energía; Julia Klöckner, que fue hace unos años favorita para suceder a la canciller, pero perdió las elecciones regionales en Renania-Palatinado y el favor político de Merkel; y, por último, Daniel Günther, ministro presidente de la región de Schleswig-Holstein desde 2017, contra el que pesa su falta de veteranía política. No obstante, la tormenta acaba de empezar: todavía pueden surgir otros nombres que peleen por estar al frente de la CDU y quizá optar a la cancillería cuando Merkel deje el poder.
Para ampliar: “Partidos verdes en Europa: el rebrote del ecologismo”, Pablo Moral en El Orden Mundial, 2019
Grandes desafíos
Ocupar el centro político no sólo responde a una inclinación personal de Angela Merkel, sino que forma parte de una estrategia de la CDU, que ha logrado agrupar fuerzas conservadoras y antiguos votantes del SPD, un partido que lleva tiempo a la deriva y cayendo en las encuestas después de ser uno de los dos grandes partidos de Alemania durante años. En este sentido, optar por posturas más a la derecha podría suponer que otros partidos, como los liberales o los verdes, le disputen el centro político. En cualquier caso, la subida de Alternativa para Alemania y de Los Verdes refleja un cambio de ciclo, aunque con grandes diferencias según la región: el fin del bipartidismo en Alemania. En ese escenario, si la CDU mantiene su veto a la extrema derecha y a Die Linke, los bloqueos parlamentarios pueden ser cada vez más frecuentes tanto a nivel regional como a nivel federal.
Hay quien señala que situar a AfD y Die Linke al mismo nivel es un error: mientras este último ha denunciado los abusos de la época comunista en la República Democrática Alemana y no pretende volver a ese modelo, la ultraderecha hace gala de un discurso contrario a los derechos humanos. El germen de la extrema derecha alemana está en la crisis de 2008, durante la que se construyó un relato en el que los países del sur vivían por encima de sus posibilidades y ponían en peligro a las eficientes economías noreuropeas con su “laxa política presupuestaria”, y en especial a la más fuerte, Alemania. En ese contexto, la extrema derecha se hizo fuerte en las zonas más desiguales y con mayor paro, capitalizando el descontento con esa crisis. Alternativa para Alemania se fundó en 2013 como un partido euroescéptico, conservador y ultranacionalista. De los enemigos europeos del sur se pasó a la “amenaza” migratoria musulmana con la crisis migratoria de 2015.
Para ampliar: “El dilema de Angela Merkel”, Diego Mourelle en El Orden Mundial, 2018
El origen de AfD está directamente vinculado con la crisis actual de la CDU, pues este partido fue en parte fundado por antiguos miembros del partido decepcionados con la gestión de Merkel de la crisis de 2008. El ejemplo más significativo es su actual líder, Alexander Gauland, aunque no es ni mucho menos el único. Otros altos cargos democristianos han mostrado cercanía a esos postulados aunque no hayan abandonado el partido, como es el caso de Horst Seehofer, ministro de Interior y antiguo líder de la CSU.
Los recientes atentados de extrema derecha que ha sufrido Alemania han aumentado esa tensión, como el asesinato de Walter Lübcke en junio de 2019: era uno de los compañeros de partido de Merkel que más la defendió durante la crisis migratoria. El último ejemplo es reciente: el atentado de Hanau del pasado 19 de febrero, en el que un terrorista ultraderechista asesinó a once personas en un café frecuentado por inmigrantes musulmanes. Merkel calificó el racismo que había motivado el atentado como “un veneno que está presente en nuestra sociedad”; la todavía presidenta de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, que solo unos días antes había anunciado su renuncia, vinculó directamente el atentado con la necesidad de mantener el veto a AfD.
La elección del nuevo presidente del partido promete abrir todavía más esa división interna en la CDU, y podría incluso poner en riesgo el Gobierno. Un presidente más conservador generaría fricciones con Merkel e incomodaría a sus socios de coalición, los socialdemócratas, y no habría que descartar un adelanto electoral a nivel nacional. La crisis de Turingia y la intuición de un giro conservador ya han empezado a pasar factura en las urnas: las elecciones en Hamburgo del pasado domingo 23 de febrero dieron a la CDU el peor resultado de su historia en esta ciudad-estado y supusieron una subida de los socialdemócratas y, en particular, de los verdes, que buscan capitanear el nuevo centro político. Las urnas también castigaron a los liberales y estuvieron a punto de dejar fuera a la ultraderecha, aunque es difícil extrapolar los resultados de Hamburgo a otras regiones donde AfD es mucho más fuerte.
Por otro lado, el sólido liderazgo de Angela Merkel podría desaparecer precisamente cuando Alemania se enfrenta a graves retos: la amenaza de una crisis económica y el terrorismo de extrema derecha a nivel nacional, o la negociación del brexit o la implantación del 5G a nivel europeo, entre otros. Un escenario de bloqueo político tras las elecciones podría debilitar la posición europea de Alemania y dar más peso a Francia, ahora que Macron tiene un claro afán de liderazgo europeo, a pesar de estar pasando por sus propias dificultades internas. Las elecciones alemanas marcarán inevitablemente el devenir político europeo, incluso cuando la presidenta de la Comisión, la democristiana Ursula von der Leyen, sea una antigua ministra del Gobierno de Merkel. La polarización política, el fin de los grandes consensos y el euroescepticismo podrían convertirse en los nuevos elementos centrales de la política alemana.
Para ampliar:“El eje franco-alemán, en horas bajas”, Blas Moreno en El Orden Mundial, 2019