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El dilema de Angela Merkel

El dilema de Angela Merkel
Fuente: Partido Popular Europeo

Los próximos días 28 y 29 de junio tendrá lugar una reunión sobre asilo y migración que resultará decisiva no solo para Europa, sino también para el futuro político de Angela Merkel: los últimos episodios de la crisis migratoria en el continente se han traducido en un terremoto político interno en el seno del Gobierno alemán.

Corren tiempos convulsos en Europa. Aunque ya se viene advirtiendo desde hace tiempo de que la Unión padece una crisis existencial, la fractura en el continente rara vez había sido tan visible como en las últimas semanas. La deriva del buque Aquarius en aguas del Mediterráneo ante el rechazo del nuevo Gobierno italiano a abrir sus puertos ha sido la gota que ha colmado el vaso. Pese a la inmediata reacción de solidaridad del nuevo Gobierno español para evitar un desastre humanitario, a nadie se le escapa que el modelo migratorio europeo está contra las cuerdas. Tanto es así que el clima político que hoy se respira en Europa es casi peor que en los momentos más difíciles de la crisis de refugiados de 2015. Alemania no ha sido una excepción a esta dinámica. Y ello pese a que la cifra total de llegadas de inmigrantes y refugiados no ha dejado de bajar a lo largo del último año y los índices de criminalidad del país —aunque Trump tuitease lo contrario— han alcanzado su mínimo histórico de los últimos 25 años.

Para ampliar: “El mito del efecto llamada”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2018

En este contexto, los próximos días 28 y 29 de junio tendrá lugar una cumbre del Consejo Europeo en la que la política migratoria promete ser el tema central. El objetivo será tratar de limar asperezas entre los Estados miembros más afectados por la crisis migratoria y buscar soluciones comunes a los desafíos de la Unión que ni la Agenda Europea de Migración ni el sistema de cuotas de Dublín han logrado resolver. Sin embargo, aunque la cumbre se celebrará en Bruselas, muchos de sus participantes jugarán el partido en casa. El Gobierno alemán será uno de ellos. Tres años después de la puesta en marcha de la “cultura de la bienvenida” de Angela Merkel, la cuarta legislatura de la canciller alemana ha arrancado con una inusitada fragilidad interna pese al acuerdo alcanzado in extremis para repetir el Gobierno de coalición con los socialdemócratas. Con una Alternativa para Alemania al alza en los sondeos, los socios de Merkel en la Unión Social Cristiana (CSU por sus siglas en alemán) comienzan a temer por la hegemonía en su bastión bávaro, región de voto cristiano y conservador situada en primera línea de fuego con la frontera austriaca.

El inesperado estallido de una crisis interna con tintes casi fratricidas entre los democristianos alemanes así lo demuestra. Horst Seehofer, ministro del Interior de la CSU, se ha declarado en abierta rebeldía al plantear un ultimátum a Merkel para que adopte medidas que permitan restringir el acceso o directamente expulsar en las fronteras a personas que, pese a haberse registrado inicialmente en el sistema de asilo en otro país europeo, hayan tratado de trasladarse como destino final al país teutón. La premisa es clara: Alemania debe endurecer su posición en materia migratoria y evitar el “turismo de asilo” que, según la CSU, fomentan los países del sur hacia Alemania. De lo contrario, la configuración actual del Gobierno de coalición podría saltar por los aires.

Los ánimos en Berlín están caldeados. “¡No puedo seguir trabajando con esta mujer!” fue la frase filtrada y atribuida la semana pasada al propio Seehofer. El ministro del Interior ha llegado incluso a amenazar con empezar a actuar unilateralmente si la canciller no cede a sus pretensiones. La guerra interna de Merkel y sus socios unionistas ha llegado a tal punto que ya se comienza a hablar de una posible escisión de la centroderecha alemana, que podría agravarse si Seehofer es destituido. En este sentido, no se debe descartar una nueva convocatoria electoral en caso de que se produzca un —de momento improbable— golpe interno contra el liderazgo de Merkel. Sin embargo, resulta más probable pensar que una hipotética fractura entre democristianos —CSU y Unión Demócrata Cristiana—, más que enterrar políticamente a la canciller, podría terminar acercando a Los Verdes o incluso al Partido Democrático Libre a un Ejecutivo 2.0 liderado por Merkel, aunque esta vez sin los bávaros, que podrían ser los más perjudicados electoralmente en un país donde la estabilidad es prácticamente un bien en sí mismo.

El laberinto alemán que podría llevar a una nueva convocatoria electoral. Fuente: The Economist

¿Qué cabe esperar entonces de Alemania en la próxima reunión europea? De momento, aunque su Gobierno ha reivindicado la necesidad de encontrar una “solución europea” al problema migratorio, todo apunta a que la veterana canciller buscará impulsar más bien acuerdos bilaterales de naturaleza financiera con países como Italia, Austria o Bulgaria que puedan servir de germen para un futuro marco común unificado de asilo. La idea, por el momento, sería emular el modelo franco-italiano del pacto de Chambéry de 1997. Pero la eficacia de la aplicación de una diplomacia de chequera teutona a la turca resulta bastante imprevisible frente a la terapia de choque reivindicada últimamente por figuras como Matteo Salvini, Sebastian Kurz o Viktor Orbán, entre otros líderes antiinmigración.

Independientemente de la postura que adopte, Merkel se encuentra entre la espada y la pared. En el plano interno, el escenario político nacional es muy complejo: si la canciller cediese demasiado a las pretensiones de las fuerzas antiinmigración en la extrema derecha europea, es posible que los socialdemócratas hagan tambalearse la gran coalición democristiana; en cambio, si la “solución europea” que Merkel planea presentar el próximo 1 de julio, tras la cumbre, ante el comité del partido es inexistente o demasiado laxa, la escisión con la conservadora Unión Social Cristiana resultaría más que probable y los nacionalpopulistas de Alternativa para Alemania no dudarían en tratar de capitalizar la coyuntura de cara a una posible convocatoria electoral.

La supervivencia política de Merkel dependerá de su habilidad para alcanzar un acuerdo aceptable para todos los actores en el plano europeo. Una negociación exitosa en Bruselas podría devolver las aguas a su cauce en Berlín. Merkel sabe que para ello cuenta con el importante apoyo de Francia, España y Portugal, deseosos de encontrar soluciones comunes a la crisis migratoria que sean respetuosas con el acervo comunitario y eficaces a la hora de gestionar los retos migratorios. En este sentido, durante la próxima cumbre el eje europeísta planteará la posibilidad de crear “centros cerrados” para inmigrantes dentro de territorio europeo que permitan agilizar la tramitación de las peticiones de asilo y asegurar un mejor reparto de responsabilidades entre los Estados miembros. También se aludirá a la necesidad de reforzar la cooperación europea con los países de origen y tránsito.

Pero el verdadero desafío será convencer a los Gobiernos antiinmigración en Austria, Italia o Bulgaria. Estos países acudirán a la cita agitando el fantasma de la reintroducción de las fronteras interiores en Europa —lo que equivaldría de facto al fin de la libre circulación de personas en el espacio Schengen— como baza de presión en las negociaciones. También es probable que se hable de reforzar el control militar de las fronteras interiores, fortalecer las exteriores o deslocalizar la gestión de los flujos de personas hacia fuera del suelo europeo. La reunión de trabajo se prevé muy delicada, pero, pese a la divergencia de posturas, todos los actores preferirán alcanzar un acuerdo de suma positiva. Si Merkel y sus aliados europeístas logran armonizar sus posiciones y articular propuestas que conjuguen pragmatismo estratégico, visión de futuro, creatividad y respeto a los valores comunitarios, no todo estaría perdido para Europa ni para el propio futuro político de la hasta ahora intocable Merkel.

Para ampliar: “El largo camino del refugiado: esclavos a las puertas de Europa”, Gemma Roquet en El Orden Mundial, 2018