Una de las obsesiones de la Unión Europea es asegurar su independencia de Estados Unidos, Rusia y China. Para conseguir la llamada autonomía estratégica, Bruselas dio un paso clave en diciembre de 2020 al adoptar un régimen global de sanciones ante violaciones de derechos humanos con el que busca mostrar firmeza y unidad frente a otras potencias. Rusia y China han sido las primeras destinatarias del nuevo instrumento, en respuesta a la encarcelación del opositor ruso Alexéi Navalni y la persecución a la minoría musulmana uigur por parte del Gobierno chino.
Medidas centradas en Rusia y China
La Unión Europea siempre ha tratado de erigirse como garante de los derechos humanos. El nuevo régimen de sanciones trata de reforzar esa postura poniendo el foco en las personas o entidades “responsables de violaciones o abusos graves de los derechos humanos en todo el mundo, o estén implicados o sean partícipes en ellos”. Bajo este sistema, conocido como “régimen horizontal”, el señalamiento no se hace contra un país, sino contra actores concretos para evitar que la población en conjunto se vea afectada. El mensaje que cala, sin embargo, es que la UE lo ha diseñado pensando en Corea del Norte, Eritrea o, especialmente, Rusia y China, sobre los que ya se han impuesto las nuevas sanciones.
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