La disolución de Checoslovaquia fue la división de ese país en 1993 en las actuales República Checa y Eslovaquia. Por su carácter pacífico se le conoció como el “Divorcio de Terciopelo”, el cual seguía la estela de la Revolución de Terciopelo que había terminado con el monopolio del poder comunista en el país en 1989. Hoy en día tanto la República Checa como Eslovaquia forman parte de la Unión Europea.
Del Imperio austrohúngaro a la órbita soviética
La historia de Checoslovaquia estuvo marcada por el dominio extranjero. A principios del siglo XX sus territorios formaban parte del Imperio austrohúngaro, pero el nacionalismo y el independentismo iban en aumento. Con la Primera Guerra Mundial, la Triple Entente (el Imperio ruso, el Reino Unido y Francia) prometió a los voluntarios checoslovacos apoyar la independencia a cambio de su participación.
El fundador del movimiento independentista, Tomás Masaryk, creó el Consejo Nacional Checoslovaco como Gobierno provisional. En paralelo, el presidente estadounidense Woodrow Wilson propuso sus Catorce Puntos para las negociaciones de paz después de la guerra. El décimo punto proponía el derecho a la autodeterminación de los pueblos del Imperio austrohúngaro. La Triple Entente ganó la guerra en 1918, y con la disolución del Imperio surgieron las repúblicas de Austria, Hungría, Yugoslavia y Checoslovaquia.
Sin embargo, los checoslovacos no tardarían en perder territorios. De cara a la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi se anexionó los Sudetes checos justificándolo en la población alemana presente, y el país fue obligado a ceder parte de los territorios eslovacos a Hungría dada la población con ese origen. Checoslovaquia apoyó a Alemania en la guerra, pero en los últimos años de combate la Unión Soviética ocupó Praga y recuperó parte de los territorios anexionados por las potencias del Eje. El país quedó entonces bajo la influencia comunista durante la Guerra Fría.
Hacia la disolución de Checoslovaquia
Tras la ocupación alemana, Eduard Benes volvió a ser presidente de Checoslovaquia en 1945. Sin embargo, su cercanía a las democracias liberales disgustaba en Moscú, que apoyó al Partido Comunista de Checoslovaquia para que tomara el poder en 1948. En 1960 se proclamó la República Socialista de Checoslovaquia, que nacionalizó la industria, se hizo con el control de la economía y censuró libertades civiles. El reformista Alexander Dubček llegó al poder en 1968 e intentó liberalizar la economía y la política, pero la conocida como Primavera de Praga terminó con la invasión soviética y protestas masivas.
La única gran reforma fue que Checoslovaquia se convirtió en una federación doble. Durante los años setenta, el periodo de “normalización” buscaba retornar al país a la situación previa a la Primavera de Praga, pero esto alimentó el separatismo. El desgaste del bloque del Este en los años ochenta desembocó en el Otoño de las Naciones, que pretendía acabar con el comunismo en Europa. Este movimiento inició la Revolución del Terciopelo en Checoslovaquia, que puso fin al régimen de forma pacífica en 1989.
Václav Havel fue el primer presidente democrático de la Checoslovaquia poscomunista y trató de frenar las diferencias internas mientras se debatía el futuro del país. El checo Václav Klaus pretendía recuperar la federación, el eslovaco Vladimír Meciar abogó por una confederación y el Partido Popular-Movimiento por una Eslovaquia Democrática exigía la creación de dos Estados. Una encuesta del Gobierno en 1992 reveló que solo el 36% de los checos y el 37% de los eslovacos estaban a favor de la disolución de Checoslovaquia. Aunque no se sometió a referéndum, el Parlamento eslovaco declaró su independencia en 1992. Havel no pudo frenar el separatismo y dimitió. Finalmente, el Divorcio de Terciopelo tuvo lugar el 1 de enero de 1993.
Dos países consolidados
Pese a que la disolución de Checoslovaquia no se sometió a referéndum, la República Checa y Eslovaquia continuaron sus caminos por separado. Ninguno de los Estados se considera sucesor del antiguo país, aunque la República Checa heredó su bandera. El territorio se dividió con base en las fronteras internas ya reconocidas y los bienes nacionales se repartieron de forma proporcional. Existió una unión monetaria y aduanera, hasta que ambos países ingresaron en la Unión Europea como parte de la expansión de 2004.
Eslovaquia ingresó ese mismo año en la OTAN, mientras que la República Checa lo había hecho en 1999. Los eslovacos, por su parte, se unieron a la eurozona en 2009, y los checos conservan la corona como moneda. Ambos países mantienen relaciones saludables, e incluso en 2015 se recogieron firmas para celebrar un referéndum sobre la reunificación. La iniciativa se llamó Checoslovaquia 2018, pero la votación nunca se llevó a cabo.
Fe de errores: originalmente mencionamos al Partido Nacional Eslovaco como promotor de la creación de dos Estados. Se trataba del Partido Popular-Movimiento por una Eslovaquia Democrática.






