Del comunismo al porno: cómo Praga y Budapest se convirtieron en líderes del cine para adultos

Tras la caída de la URSS, Praga y Budapest acogieron la industria pornográfica más boyante de Europa. La mano de obra barata, el derrumbe del sistema de valores vigente hasta entonces y un liberalismo económico y social salvaje atrajeron a cientos y cientos de productores. Su hegemonía, sin embargo, está ahora en entredicho.
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Del comunismo al porno: cómo Praga y Budapest se convirtieron en líderes del cine para adultos
Fuente: elaboración propia.

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“Después de apenas veinte minutos encontré al chico perfecto: un estudiante de Brno que estaba visitando a su novia en Praga. No tenía trabajo y vivía con sus padres. Afirmó no tener tiempo porque había quedado con su chica, pero cuando le enseñé el dinero capté toda su atención. Minutos después ella recibió un mensaje de texto en el que le decía que había perdido el tren”.

La escena transcurre en el parque de Petrin, el más famoso de Praga y uno de los principales atractivos turísticos de la capital checa, y forma parte de la serie porno gay Czech Hunter. En ella, el protagonista recorre las calles de la ciudad en busca de chicos dispuestos a aceptar sus propuestas sexuales, siempre a cambio de dinero, mientras él graba el encuentro en primera persona.

Sus creadores venden como casual un contenido en el que todo está preparado, pero son cristalinos con su forma de trabajar: “Perseguir a los chicos es nuestro pasatiempo. Estamos cansados de los sitios web que ofrecen mierda guionizada. Conocemos la estrategia. ¡Los chicos checos lo hacen por dinero! Es cierto: la difícil situación social en Chequia respalda nuestro hobby”.

Lejos de ser una excepción, Czech Hunter condensa las razones por las que Budapest y Praga se convirtieron en las capitales del porno europeo, tanto homosexual como heterosexual, apenas unos años tras la caída de la Unión Soviética. No en vano, su filosofía es la misma que la de XVideos y XNXX, dos de las webs porno más visitadas del mundo —la segunda y la cuarta, para ser exactos— y ambas propiedad de WGCZ, empresa establecida en Praga. Lo mismo ocurre con Bel Ami, la compañía de pornografía gay más importante de Europa central y también con sede en Praga; o Rocco Siffredi, el director italiano de cine para adultos, uno de los más reconocidos en todo el mundo, afincado en Budapest. 

Revolución de Terciopelo: democracia, KFC… y porno

“El colapso del comunismo dio paso a una nueva apertura en la sociedad, incluida una nueva libertad sexual”, explica a El Orden Mundial Joe A. Thomas, profesor de Historia del Arte en la Universidad Estatal de Kennesaw (Estados Unidos) y autor del ensayo “Pornografía masculina gay desde Stonewall”. En su opinón, “el trabajo sexual era dinero fácil para los jóvenes que estaban entrando en una nueva economía extraña sin control estatal, y los productores occidentales se mudaron rápidamente [a Europa del Este] para explotar los reducidos precios de producción, sobre todo en el salario de los actores”. “El atractivo de lo exótico también fue un factor”, añade.

El cambio fue radical: en cuestión de unos pocos años, Hungría y Chequia pasaron de regirse por un férreo sistema de control donde el porno y el sexo eran reprimidos y asociados a conductas delictivas a ser de los primeros lugares de Europa en legalizar la pornografía. Pronto, sus capitales acogieron a la industria del cine para adultos más boyante del Viejo Continente, una transición que fue bautizada como la otra Revolución de Terciopelo, en alusión al movimiento pacífico que en 1989 apartó del poder al Partido Comunista de Checoslovaquia.

La democracia llegó a las antiguas repúblicas comunistas al mismo tiempo que Santa Claus o el KFC, símbolos de un capitalismo feroz que no encontró oposición alguna en el nuevo bloque del Este. De un día para otro, el sistema de valores soviético se derrumbó. Todo era válido, incluso el porno. Más aún en Checoslovaquia, donde tampoco la Iglesia era capaz de imponer su moral: el 72% de los checos son ateos o agnósticos.

Con una mano de obra barata dispuesta a conseguir dinero fresco y un pujante liberalismo económico y social, las grandes productoras del porno no tardaron en aparecer. “Producir salía barato y tenías una gran concentración de estrellas porno de Europa del Este y Rusia, así que los productores empezaron a viajar a las dos ciudades y muchos se terminaron quedando”, razona Daniel Casado, encargado de contenidos de Cumlouder, la principal plataforma de pornografía en español.

A su excelente ubicación —la libertad de movimiento que trajo su ingreso en la UE supuso un nuevo impulso a partir de 2004—, la fragilidad de sus economías y las políticas liberales promovidas por sus gobernantes se sumó una epidemia de sida en Estados Unidos desde finales de los ochenta. El miedo a la imposición de restricciones a la grabación de escenas sexuales, como el uso obligatorio del preservativo, también empujó a muchos productores a hacer las maletas y dar el salto al otro lado del Atlántico, donde el VIH aparentaba tener una incidencia menor. La industria del porno en Praga y Budapest no tenía límites.

Años después, ambas capitales siguen manteniéndose en la cúspide del porno europeo e incluso mundial. Es imposible calcular su volumen de negocio, pero su producción inunda las páginas de todo el mundo. “La gran mayoría de escenas de las grandes productoras [con base en Europa] se hacen en Praga, Budapest, Barcelona y Londres, por este orden en importancia y cantidad”, afirman desde Cumloader. “Mundialmente también son muy importantes porque también hay productoras estadounidenses trabajando en ellas”.

Barcelona y el porno amateur cogen fuerza

Pero la hegemonía de Praga y Budapest hace tiempo que está en entredicho. Las condiciones laborales, el auge del porno amateur y la aparición de nuevos competidores europeos amenazan su dominio cada vez más. La popularidad de fan sites como OnlyFans, JustForFans o ManyVids, una suerte de redes sociales en las que los propios actores porno crean y comparten contenido sexual a cambio de pequeños pagos de sus seguidores, ha dinamitado el modelo y está dejando fuera de la ecuación a los estudios tradicionales.

“Ahora muchos actores entienden los estudios simplemente como una forma de marketing para su trabajo en OnlyFans. Ese es su ingreso principal y muchos de ellos dicen que están ganando mucho más dinero ahora que antes”, argumenta Joe A. Thomas. Cualquier persona con una tarjeta de crédito puede acceder a este tipo de contenido casero, de forma que “toda la producción es ahora local pero con distribución global”.

No es noticia que los trabajadores sexuales se quejen de bajos salarios y las productoras, a su vez, de escasa rentabilidad, sobre todo debido a la piratería en internet. Pero en el caso de Praga y Budapest se trata de un desequilibrio inherente a su modelo de negocio, tal y como afirma Erika Lust, directora de cine para adultos sueca y máxima exponente de la llamada pornografía feminista: “Hacer porno con bajo presupuesto significa priorizar cantidad sobre calidad. Estas ciudades han producido cientos y cientos de películas en los últimos veinte años, pero en detrimento de les sex performers que se exponen en ellas para trabajar en condiciones pobres y recibir una cantidad insignificante de dinero”.

Por otro lado, una mentalidad liberal hacia el porno no equivale a tolerancia y respeto hacia otras formas de entender la sexualidad. De hecho, Chequia y Hungría continúan siendo muy conservadoras en este sentido, a años luz de la protección de la que goza el colectivo LGTBI en Europa occidental. En ambos países el matrimonio homosexual sigue siendo ilegal y apenas el 57% de los checos y el 48% de los húngaros piensan que gays, lesbianas y bisexuales deberían tener los mismos derechos que las personas heterosexuales. Para ese liberalismo pragmático, tener sexo con alguien del mismo género es algo que se hace por dinero más que por placer.

Así, no es de extrañar que estén surgiendo nuevos centros del porno europeo, con Barcelona a la cabeza. En este caso, además de la convergencia de nuevos proyectos innovadores, como Badoink, pionero en la realidad virtual XXX, o el de la propia Erika Lust, el clima también es una baza importante. Los protagonistas de Czech Hunter no deben pasarlo nada bien, moralidad y pudor aparte, desnudándose al aire libre durante el gélido invierno checo.

Sin embargo, las últimas tendencias en la industria del cine erótico apuntan hacia una reestructuración en los equilibrios de poder que está poniendo el foco en los actores. En palabras de Lust, “más que hablar de las capitales del porno, deberíamos empezar a pensar en las capitales humanas del porno: las personas que lo hacen, sin importar dónde lo hagan”.

Álvaro Merino

Ciudad Real, 1996. Datos y visualización en El Orden Mundial. Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización (Unidad Editorial y URJC). Interesado en temas sociales (migración) y Unión Europea.