Viktor Orbán finalmente ha perdido en las elecciones más complejas desde que se convirtió de nuevo en primer ministro de Hungría en 2010. Su partido, Fidesz, fue derrotado ampliamente por Tisza, la formación política encabezada por el opositor Péter Magyar. Los escándalos de corrupción y clientelismo, la mala situación económica y el aumento del coste de la vida lastraron la imagen de quien, durante años, se ha erigido en el referente de la ultraderecha europea.
Pese a su derrota electoral, el legado de Orbán perdurará en Europa. Bajo su mandato, Hungría se convirtió en el ejemplo por excelencia de democracia iliberal: un sistema donde existe oposición política y se celebran elecciones, pero donde se vulnera el Estado de derecho, la separación de poderes y los derechos civiles. Por el camino, Orbán ha liderado la agenda de la derecha radical en defensa de los valores conservadores y el rechazo a la inmigración.
Pero sobre todo, Orbán ha tambaleado los cimientos de la Unión Europea. El primer ministro húngaro ha reivindicado la defensa de la soberanía nacional frente a la integración del bloque. Asimismo, ha sido acusado de ser el “caballo de Troya” de la UE, debido a su postura en torno a la guerra de Ucrania y a su sintonía con Rusia, China y la Administración Trump en Estados Unidos.
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