Derrotado en las elecciones en Hungría

El legado de Viktor Orbán: iliberalismo, ultraderecha y topo de Rusia en Europa

El primer ministro húngaro, cercano a Putin y Trump, se ha vuelto un símbolo internacional de la erosión de la democracia y de una derecha radical normalizada. Pero, sobre todo, será recordado como el hombre que minó desde dentro a la Unión Europea
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El legado de Viktor Orbán: iliberalismo, ultraderecha y topo de Rusia en Europa
El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, durante un mitin electoral en abril de 2018. | FERENC ISZA - AFP

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Viktor Orbán finalmente ha perdido en las elecciones más complejas desde que se convirtió de nuevo en primer ministro de Hungría en 2010. Su partido, Fidesz, fue derrotado ampliamente por Tisza, la formación política encabezada por el opositor Péter Magyar. Los escándalos de corrupción y clientelismo, la mala situación económica y el aumento del coste de la vida lastraron la imagen de quien, durante años, se ha erigido en el referente de la ultraderecha europea.

Pese a su derrota electoral, el legado de Orbán perdurará en Europa. Bajo su mandato, Hungría se convirtió en el ejemplo por excelencia de democracia iliberal: un sistema donde existe oposición política y se celebran elecciones, pero donde se vulnera el Estado de derecho, la separación de poderes y los derechos civiles. Por el camino, Orbán ha liderado la agenda de la derecha radical en defensa de los valores conservadores y el rechazo a la inmigración.

Pero sobre todo, Orbán ha tambaleado los cimientos de la Unión Europea. El primer ministro húngaro ha reivindicado la defensa de la soberanía nacional frente a la integración del bloque. Asimismo, ha sido acusado de ser el “caballo de Troya” de la UE, debido a su postura en torno a la guerra de Ucrania y a su sintonía con Rusia, China y la Administración Trump en Estados Unidos.

Una “autocracia electoral” dentro de la Unión Europea

Hungría ya no es una democracia, sino una autocracia electoral. Así cataloga el índice V-Dem la regresión autoritaria que ha sufrido el país con Orbán al mando. Desde su regreso al poder en 2010, el primer ministro húngaro aprovechó la mayoría de dos tercios cosechada por el Fidesz en el Parlamento para modificar la Constitución y erosionar los contrapesos democráticos. El nuevo texto, de orientación conservadora y nacionalista, debilitó la independencia del poder judicial. La Ley Fundamental de 2011 limitaba los poderes del Tribunal Constitucional y aumentaba la capacidad del Gobierno para influir en el nombramiento de los jueces y de otros cargos relevantes.

Al mismo tiempo, Orbán centralizó el control de los medios de comunicación. El Gobierno húngaro ha usado los recursos estatales para financiar a la prensa afín y reducir la presencia de medios críticos, que han pasado a manos de empresarios cercanos al Fidesz. De igual manera, el Ejecutivo afianzó su influencia sobre las instituciones educativas privatizando universidades a manos de fundaciones vinculadas al poder. A ello se han sumado las reformas del sistema electoral, rediseñando los distritos electorales para reducir las opciones de la oposición. Asimismo, el Gobierno ha empleado las arcas del Estado para crear redes clientelares locales y fortalecer su apoyo en zonas estratégicas. De ese modo, Orbán logró inclinar sucesivas elecciones a su favor.

Todas estas medidas han transformado a Hungría en el único régimen iliberal de la UE. Con ello, Orbán ha implantado un modelo a seguir para la ultraderecha a la hora de alcanzar el poder y desmantelar la democracia. Otros líderes ultraderechistas han intentado replicar su ejemplo. El caso más paradigmático fue el de Ley y Justicia (PiS) en Polonia. Durante sus mandatos, entre 2015 y 2023, la formación de Jarosław Kaczyński erosionó los pilares del sistema democrático. Prueba de ello fue su reforma judicial, que preveía la creación de una Cámara Disciplinaria para sancionar jueces por sus decisiones, y que fue declarada ilegal por el Tribunal de Justicia de la UE.

El referente de la ultraderecha en el continente

Viktor Orbán también ha definido la estrategia de la ultraderecha en Europa. El primer ministro húngaro se ha presentado a sí mismo como la alternativa en Bruselas. Su sistema político en Hungría ataca los fundamentos básicos de la UE: la democracia liberal, el Estado de derecho y las libertades individuales. Del mismo modo, frente al carácter supranacional de la Unión, Orbán promueve un discurso soberanista, contrario al globalismo que representaría la UE. En esta línea, reivindica la primacía de los intereses nacionales por encima de las decisiones comunitarias.

De igual manera, Orbán ha moldeado la agenda ideológica de la ultraderecha europea. El líder del Fidesz ha abanderado los principales temas de estas formaciones políticas: la defensa de la soberanía nacional frente a la integración europea, las políticas migratorias restrictivas y la apelación a los valores tradicionales. En este sentido, la inmigración ha sido el principal caballo de batalla del mandatario magiar. La crisis de refugiados de 2015 marcó un punto de inflexión en su relación con la UE: Hungría levantó vallas fronterizas, restringió el derecho al asilo y se opuso al sistema de cuotas de refugiados entre los Estados de la Unión.

De ahí en adelante, Orbán afianzó su imagen de líder antisistema en la UE. Sin embargo, su retórica nacionalista y nativista ganó peso a medida que crecieron las formaciones de derecha radical en Europa. De hecho, el ascenso de estas fuerzas en el Parlamento Europeo ha provocado que Bruselas endurezca sus políticas migratorias. Incluso ha propiciado que algunos partidos europeos de izquierdas abrazaran ese marco restrictivo, como los socialdemócratas de Dinamarca, el SPD y la Alianza Sahra Wagenknecht en Alemania o los laboristas en el Reino Unido.

Además, Orbán ha conectado su rechazo a la inmigración con la protección de la civilización cristiana y la preservación de los valores conservadores. Esto le ha llevado también a alimentar la guerra cultural contra el liberalismo y la izquierda. Un ejemplo significativo han sido las leyes contrarias a la comunidad LGTBIQ+ impulsadas por el Gobierno húngaro. La más sonada se produjo en 2021, cuando Hungría aprobó una legislación que impedía la difusión de contenidos sobre homosexualidad y diversidad sexual en escuelas y medios. Orbán recrudeció su ofensiva contra el colectivo en 2025, al prohibir las marchas LGTBIQ+ para “proteger a los menores”. 

Con ello, Orbán ha contribuido a reconfigurar los equilibrios de poder y a determinar los debates internos dentro de la UE. Como resultado, ha logrado condicionar las políticas de los Veintisiete y ha alterado las alianzas tradicionales en el Parlamento Europeo, donde la derecha tradicional y la derecha radical se alían ahora en temas como la inmigración o el cambio climático. Además, Orbán ha asentado un nuevo eje en la UE, que divide a la Unión entre los defensores de un enfoque más soberanista y los partidarios de una mayor integración.

El mejor amigo de Putin, Xi y Trump en Europa

Sin embargo, el legado más controvertido de Orbán es su cercanía con los principales adversarios geopolíticos de la UE. La más notoria ha sido su relación con Rusia. En los últimos años, Hungría se ha posicionado como el aliado de Moscú en Europa. Una investigación periodística publicada este mes por la plataforma VSQuare reveló que el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, informaba a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, de las deliberaciones en el Consejo Europeo. También se detalló que Hungría maniobraba a favor del Kremlin para eliminar las sanciones contra ciudadanos rusos, incluida la hermana de un oligarca cercano al presidente ruso, Vladímir Putin.

La colaboración entre Hungría y Rusia obedece principalmente a sus relaciones energéticas. La Federación Rusa es el mayor suministrador de gas y petróleo a Hungría. Según el Centro para el Estudio de la Democracia, un think tank europeo con sede en Sofía, el petróleo ruso representó el 90% de las importaciones húngaras de crudo en 2025. Casi todo ese petróleo fluye a través del oleoducto Druzhba, que cortó su suministro a Hungría y Eslovaquia tras un ataque con drones en enero. Bruselas ha señalado a Rusia por el ataque, pero Orbán ha apuntado a Ucrania. En consecuencia, Hungría ha bloqueado un préstamo de 90.000 millones de euros de la UE a Kiev.

El último veto de Orbán resume la postura que ha adoptado Hungría en la guerra de Ucrania. Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, Budapest se ha desmarcado de sus aliados europeos. Se ha negado a imponer sanciones que afecten a la importación de petróleo o gas rusos y se ha opuesto a enviar armamento militar al Ejército ucraniano. En los últimos días, Orbán ha elevado el tono contra Kiev, acusándole sin pruebas de intentar sabotear un gasoducto en Serbia. 

El discurso hostil de Orbán hacia Ucrania, alimentado por la presencia de una importante minoría húngara en la región ucraniana de Transcarpatia, ha inspirado a otros partidos ultraderechistas en Europa. La Agrupación Nacional francesa, la Liga en Italia o Alternativa para Alemania han rechazado la ayuda militar a Kiev. Al igual que Orbán, todos ellos han mantenido lazos con Rusia.

LA INVERSIÓN CHINA EN EUROPA

La inversión china en Europa

Del mismo modo, Hungría ha profundizado su relación con China. Budapest es el socio más destacado de Pekín en la UE. El Estado húngaro concentra el 31% de la inversión extranjera directa de China en Europa, principalmente en el sector de las baterías para vehículos eléctricos. Además, el país acoge varios proyectos de la Nueva Ruta de la Seda como la terminal ferroviaria East-West Gate, que pretende conectar a China con el centro y el oeste de Europa.

Finalmente, Orbán se ha erigido en el socio preferente de Estados Unidos en Europa tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Ambos comparten afinidad ideológica: tienen pulsiones autoritarias, priorizan defender la soberanía y la nación, desconfían de las organizaciones supranacionales, lideran una batalla cultural contra la izquierda, son de línea dura contra la inmigración y tienen cercanía con Rusia. Incluso el vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, viajó a Budapest para apoyar a Orbán en las elecciones. Además, ese acercamiento de Washington a Hungría se da en pleno quiebre con Europa. A los ataques verbales de Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2025, los aranceles de Trump y sus amenazas sobre Groenlandia se suman ahora las críticas contra los países de la OTAN, en contraste con el apoyo a Orbán.

Sin embargo, los vínculos de Orbán y sus aliados europeos con el presidente estadounidense pueden convertirse en un problema electoral para las formaciones ultraderechistas en Europa. De hecho, la guerra iniciada por Estados Unidos e Israel en Oriente Próximo ha obligado a sus líderes a distanciarse del mandatario republicano, ya que sus ataques en Irán cuestionan dos principios esenciales para la ultraderecha: la defensa de la soberanía nacional y el rechazo a las intervenciones extranjeras. Asimismo, la hostilidad de Washington ha reafirmado la necesidad de una Europa unida y autónoma, lo que amenaza con aislar aún más a Orbán dentro de Europa.

En cualquier caso, el impacto político de Orbán no desaparecerá incluso después de que deje el poder. Pese a su derrota en las elecciones, el primer ministro húngaro quedará como uno de los símbolos de la erosión de la democracia y del auge y la normalización de la ultraderecha en Europa. Pero, sobre todo, será recordado como el hombre que minó desde dentro a la UE.

David Gómez

Guadalajara, 1999. Doble grado en Relaciones Internacionales y Periodismo por la URJC. Ciencias Políticas en la Università degli Studi di Firenze. Apasionado de la geopolítica, el deporte y el cine.