¿Qué es el nativismo?

Las posturas nativistas, vinculadas históricamente con la xenofobia y el racismo, están en boga entre líderes, formaciones y simpatizantes de ultraderecha a nivel internacional. Donald Trump es uno de sus máximos exponentes
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¿Qué es el nativismo?
Sticker en Colorado con el Tío Sam y el texto 'bienvenidos a Estados Unidos. Ahora hablad en inglés'. Fuente: CGP Grey (Wikimedia Commons)

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El nativismo en política es la postura que defiende la prioridad de los ciudadanos históricamente dominantes de un país sobre otros y sobre los inmigrantes. Esto se traduce en la oposición a la inmigración, la preferencia de determinada proveniencia, el rechazo a otras o también a la población indígena, así como en políticas públicas orientadas a ello. A su vez, conlleva la defensa de la nación basada en una idea de raza, etnia o religión. Por lo tanto, el nativismo concibe que la ciudadanía y los derechos correspondientes son para las personas que consideran “naturales” de un territorio o cercanos a su cultura.

Esta concepción del nativismo surgió en Estados Unidos en el siglo XIX ante el rechazo a la inmigración irlandesa. La postura se extendió sobre otros países que experimentaron grandes flujos de inmigración en sus inicios, como Australia, Canadá, Brasil o Argentina, y hoy en día también está presente en Europa, India y otras partes del mundo. Aunque no es exclusiva, la comparten sobre todo líderes, formaciones y simpatizantes de ultraderecha. Las personas que defienden posturas nativistas suelen definirse como “patriotas” o “nacionalistas”. Sin embargo, el nativismo está más vinculado con la xenofobia y el racismo. 

Los nativistas rechazan la inmigración con justificaciones económicas, culturales y medioambientales. Las justificaciones económicas incluyen el empleo, con la idea de que los inmigrantes quitan el trabajo a los locales y empeoran los salarios; las ayudas del Estado, sosteniendo que reciben más de lo que aportan económicamente, o la vivienda, argumentando que reducen la oferta disponible, lo cual sube los precios. Sin embargo, la evidencia en general desmiente las cuestiones del empleo, el gasto público y los aportes.

Las justificaciones culturales del nativismo son las diferencias de idioma, religión o costumbres entre la población “natural” y los extranjeros, o el supuesto aumento de la violencia que trae la inmigración, que la evidencia también matiza o desmiente. Por último, las justificaciones medioambientales apuntan a que los inmigrantes y su descendencia van a provocar sobrepoblación o a acaparar recursos naturales que son limitados. El nativismo más extremo está relacionado con teorías conspirativas como la del gran reemplazo, un supuesto plan para sustituir a la población blanca y europea a través de la inmigración.

El nativismo por el mundo

El nativismo en Estados Unidos ha ido de la mano de sus olas migratorias y de su historial con el racismo. La primera gran ola migratoria en el país actual fue la de Irlanda a mediados del siglo XIX. Los ciudadanos estadounidenses, de origen británico y protestante, estaban consolidando la identidad nacional y expandiendo el territorio a costa de los indígenas, y rechazaban a los católicos irlandeses. Décadas después, otra gran ola migratoria fue la de China durante la fiebre del oro estadounidense, que generó rechazo entre la población de origen europeo. Entretanto, pese al fin de la esclavitud tras la guerra civil (1861-1865), se mantuvo la segregación con los afroamericanos durante un siglo más. Ya en 1924 se llegó a aprobar una ley que prohibía la inmigración de Asia y reducía la del sur y el este de Europa, y en el último medio siglo han aumentado tanto la población de origen latinoamericano como su rechazo.

Las posturas nativistas también han marcado a Estados Unidos en el siglo XXI. Los atentados de la organización terrorista Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 aumentaron el rechazo a los ciudadanos e inmigrantes originarios de Oriente Próximo, y propiciaron políticas para limitar su llegada. Más recientemente, la llegada al poder de Donald Trump en 2017, su presidencia y su regreso a la Casa Blanca para 2025 han estado marcados por posturas nativistas racistas y xenófobas, especialmente contra los inmigrantes latinoamericanos. Incluso ha amenazado con deportar a quienes están en situación irregular.

El nativismo también ha sido una política o postura consolidada en otros países marcados por la inmigración o el racismo. Por ejemplo, Australia, Brasil o Argentina promovieron la inmigración de origen europeo entre los siglos XIX y XX, entre otras razones, para consolidar el dominio de su territorio a costa de la población indígena. Esta inmigración terminó reforzando las ideas de nación y las relaciones de poder. En la Alemania nazi, el racismo favorable a la raza aria y en perjuicio de minorías como los judíos se tradujo en posturas y políticas nativistas que terminaron en última instancia en el Holocausto. Más recientemente, el nativismo también ha estado en el discurso de formaciones de ultraderecha en Francia, Alemania, España, Italia o India, sobre todo en rechazo de los inmigrantes árabes, africanos o musulmanes.

José Manuel Cuevas

Bogotá, 1996. Editor en El Orden Mundial. Doble grado en Historia y Periodismo en la Universidad de Navarra.