En julio de 2020, siete migrantes provenientes del norte de África se escondieron dentro de un contenedor de transporte en un depósito de trenes de Serbia. Su esperanza era aparecer en unos días en Milán. Sin embargo, sus cuerpos fueron encontrados tres meses después en un puerto de Paraguay.
Su trágico relato es la historia de las rutas migratorias, un mapa en constante movimiento donde la suerte marca la diferencia entre la vida y la muerte de miles de personas. Si la frontera entre Serbia y Hungría no se hubiera blindado en 2018, cerrando la puerta a Europa a través de su territorio, esos siete migrantes probablemente habrían podido alcanzar su destino.
Claro que el viaje tampoco habría estado exento de contratiempos. La ruta migratoria con destino Europa suele comenzar en Oriente Próximo o África subsahariana, desde donde los migrantes llegan a Libia y Turquía en busca de una oportunidad para dar el salto al Viejo Continente. Cruzar el Mediterráneo es una lotería, pero es que la vía alternativa, la de los Balcanes, es también una de las más peligrosas del mundo.
Tras llegar a Grecia o Bulgaria, el camino continúa por Macedonia del Norte y Serbia. El siguiente paso era Hungría, una vía directa al corazón de la Unión Europea, pero el reforzamiento de su frontera sur desvió la ruta a Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia y, en última instancia, Austria o Italia. El último tramo del camino, que cruza montañas y bosques cubiertos de nieve y que no cuenta con instalaciones para atender a los migrantes, es extenuante.
Por si fuera poco, la policía croata, encargada de vigilar la frontera más extensa de la UE, no duda en emplear la violencia para repeler a los migrantes que tratan de internarse en su territorio. No en vano, entre enero y noviembre de 2020 el Danish Refugee Council (DRC) registró 15.672 devoluciones de Croacia a Bosnia y Herzegovina, de las cuales el 60% involucraron violencia.
Junto a Europa, los principales destinos de las rutas migratorias son Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica, Australia y algunas petromonarquías del golfo Pérsico. Sin embargo, los verdaderos puntos calientes se concentran en aquellos países donde los migrantes se agolpan a la espera de una oportunidad para alcanzar su parada final, es decir, los países de tránsito, como es el caso de Turquía, Libia, Níger, México o Colombia.
En cuanto a los puntos de origen, los conflictos armados y la inestabilidad política o social suelen ser las razones que obligan a los inmigrantes a emprender el viaje. Es lo que sucede en el Sahel, Venezuela, Centroamérica, Ucrania, Oriente Próximo y el sudeste asiático. Pero también hay contextos donde ha sido una catástrofe natural o una sequía la que ha provocado el éxodo de miles de personas, como ocurrió en Haití ―terremoto de 2010―, Somalia ―hambruna provocada por la sequía y el conflicto de grupos armados― o Mozambique ―ciclón Idai en 2019―.
Aun así, dentro del mapa de las rutas migratorias, es importante señalar que la mayoría de los desplazamientos ocurren a nivel regional, es decir, dentro de cada continente. En África, de hecho, solo el norte migra hacia otro continentes o zonas —por facilidades geográficas obvias—, mientras que en la parte subsahariana los migrantes se asientan en países de su entorno, principalmente en Nigeria, Sudáfrica, Etiopía o Costa de Marfil.
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El mapa de las rutas migratorias en el mundo es una colaboración de El Orden Mundial y Ayuda en Acción para el curso ‘El reto de la movilidad humana: pobreza, cambio climático, conflictos y situaciones de violencia como causas de las migraciones forzosas’, organizado por la Universidad del País Vasco en septiembre de 2021.