Venezuela fue, durante tiempo, uno de los países más ricos y prósperos de América Latina. Sin embargo, la situación económica, política y social de los últimos años ha provocado una profunda crisis humanitaria que ha llevado al país a convertirse en uno de los principales emisores de emigrantes del mundo. La crisis de refugiados y migrantes de Venezuela estalló en 2008, y desde ese momento entre 5,6 y 7 millones de personas han abandonado sus fronteras, aunque con importantes diferencias dentro del mapa del país.
Las causas de este éxodo masivo se asientan en el rápido derrumbe las estructuras económicas y políticas, así como en la escasa capacidad de la instituciones para garantizar estabilidad y seguridad ciudadana. En este contexto, tanto las regiones rurales como las zonas más pobres se han mostrado más resilientes al derrumbe del Estado venezolano, mientras que los problemas más graves se han concentrado en lugares con importantes clases medias y áreas urbanas, que han perdido su poder adquisitivo y se han visto expuestas a la inseguridad.
Por esto motivo, el origen del grueso de la migración se encuentra en el arco demográfico de Venezuela, que cubre importantes ciudades como Caracas, Barquisimeto, Valencia, Maracay o La Guaira. Desde aquí los migrantes toman la ruta de las tierras altas a través de la cordillera andina, donde atraviesan la ciudad de Mérida hasta la población semifronteriza de San Cristóbal. En este punto, los migrantes y refugiados se dirigen a cruzar el río Táchira hacia Cúcuta, la primera ciudad colombiana tras la frontera.
La barrera montañosa y selvática que dibujan los Andes en esta zona, con su sierra del Perijá, hacen impracticable el paso de la frontera por otro punto. Esto ha convertido a Cúcuta un inmenso centro de recepción de inmigrantes. No obstante, los diferentes cierres fronterizos han forzado a los migrantes a buscar otras rutas a través de las montañas, donde se han instalado las redes criminales procedentes de Colombia, principalmente en el Parque Nacional del Catatumbo Barí (Colombia) y en el de Perijá (Venezuela).
Otras rutas secundarias del mapa de la crisis migratoria son aquellas que se dirigen desde la costa de Venezuela a los países vecinos. Desde Maracaibo, por ejemplo, un significativo número de migrantes siguen una ruta secundaria bordeando los Andes por la desértica península de La Guajira.
Desde la península de Paraguaná muchas pateras han salido con dirección a los pequeños países autónomos de Aruba y Curazao, donde los migrantes venezolanos representan ya entre el 10% y el 15% de la población de las islas, sometidas a una enorme presión. En el extremo oeste del país, en la península de Paria, los migrantes hacen lo propio para alcanzar la isla de Trinidad.
Cocaína, oro y coltán: la guerra oculta entre Venezuela y las guerrillas colombianas
Por su parte, la barrera selvática que supone la Orinoquía, así como las malas comunicaciones de la región sur, han dejado esta región fuera de las grandes rutas de emigración de los venezolanos. Sin embargo, paralelo al río Orinoco corre el arco minero venezolano, muy rico en oro, y también es donde se ubican los yacimientos petrolíferos del país.
Esto ha despertado el interés del narco y la guerrilla colombiana, que cada vez más presionados por el ejército colombiano, han ido penetrando en Venezuela, y que además han encontrado en el Orinoco una vía rápida y fácil para mover la cocaína hacia el Atlántico.
Esta situación ha sido especialmente intensa en el estado de Apure, donde el ejército venezolano se ha desplegado para luchar con alguna de estas mafias. El conflicto en la región ha afectado a la población civil, sobre todo en el entorno del pueblo de La Victoria, con miles de refugiados y desplazados que han cruzado la frontera, demarcada por el propio río Apure, para refugiarse en Colombia.
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El mapa de la crisis migratoria de Venezuela es una colaboración de El Orden Mundial y Ayuda en Acción para el curso ‘El reto de la movilidad humana: pobreza, cambio climático, conflictos y situaciones de violencia como causas de las migraciones forzosas’, organizado por la Universidad del País Vasco en septiembre de 2021.