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Cómo afecta al narco la crisis en Venezuela

Cómo afecta al narco la crisis en Venezuela
Policía antinarcóticos colombiano. Fuente: Policía Nacional de Colombia

La crisis en Venezuela va en aumento y se empiezan a barajar posibilidades de intervención. No obstante, se hace necesario mirar qué implicaciones tendría el estallido de un conflicto en una de las regiones con mayor actividad del narcotráfico y de grupos criminales y guerrilleros de toda la cuenca del Caribe.

Desde que estallara la crisis presidencial en Venezuela a finales del mes de enero no se ha parado de especular con la posibilidad de una intervención en el país caribeño, la dificultad y riesgos que esto entraña y la resistencia que opondría el Gobierno de Maduro. Sin embargo, en Venezuela —y en la región— hay otros actores que se verían gravemente afectados, grupos que controlan el narco y el crimen organizado y que tienen una estrecha relación con las instituciones políticas. Una intervención, con su consiguiente inestabilidad, previsiblemente provocaría vacíos de poder que llevarían, a su vez, a una lucha por el control de una frontera que, además de ser uno de los principales focos de criminalidad de la región, genera cientos de millones de dólares en beneficios ilícitos.

Para ampliar: “¿Hacia un golpe de Estado en Venezuela?”, Fernando Arancón en El Orden Mundial, 2018

La posibilidad de una intervención o el estallido de inestabilidad interna en Venezuela no solo afectaría a los grupos criminales que operan dentro de sus fronteras; toda la región sufriría las consecuencias de la lucha por el control del negocio del narcotráfico. La relación entre las guerrillas, los grupos de exparamilitares colombianos y las instituciones gubernamentales venezolanas es estrecha, un factor que debemos tener en cuenta a la hora de buscar soluciones para la crisis que vive Venezuela.

La creación de una narcofrontera

Con la llegada de Chávez al poder, las redes de crimen organizado comienzan a tener una relación más estrecha con las Fuerzas Armadas y los actores estatales venezolanos. El aumento del peso del Ejército en la política después del intento de golpe contra Chávez en 2002, junto con el establecimiento de tropas en la frontera con Colombia por el temor a un ataque del Gobierno de Álvaro Uribe y el enfrentamiento con la Administración estadounidense para el Control de Drogas —más conocida como DEA—, supuso un caldo de cultivo perfecto. Además, la presión del Gobierno uribista empujó a las guerrillas y a los narcos hacia territorio venezolano, donde encontraron protección en la tolerancia del Gobierno chavista. Chávez encontraba así una buena herramienta geopolítica en las guerrillas colombianas contra el Gobierno de Uribe.

Este contexto favoreció que grupos de las Fuerzas Armadas establecieran redes criminales y conformaran organizaciones como el Cartel de los Soles, conocido por su relación con el tráfico de cocaína, minerales y gasolina. La relación entre actores estatales y el crimen organizado ha facilitado que otros grupos armados y criminales colombianos, como la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los grupos de exguerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se establezcan en el país y desarrollen su actividad.

La particularidad del narcotráfico y las redes criminales en el suelo colombo-venezolano es que no están compuestas solamente por venezolanos, sino que muchas guerrillas, exparamilitares o exmiembros de las FARC se sirven de la porosidad fronteriza y de la tolerancia de Miraflores para desarrollar su actividad. Durante años, el conflicto colombiano ha exportado la violencia y ha empujado a las guerrillas a buscar un lugar seguro mientras los Gobiernos chavistas hacían la vista gorda; así, se calcula que cerca del 40% de la coca colombiana se exporta al mundo desde Venezuela. Por otro lado, guerrillas como el ELN tienen presencia en 12 estados venezolanos y han servido en ocasiones como aliados del Cartel de los Soles; entre sus actividades están el control de las minas de diamante, oro y coltán del territorio venezolano y la gestión del tráfico de gasolina de Venezuela a Colombia —controlado principalmente por el ELN con la complicidad de las fuerzas fronterizas venezolanas—, que es fundamental para abastecer de energía la producción de coca en el distrito Norte de Santander.

La crisis del crimen organizado

Una intervención en Venezuela no es para nada sencilla y, de hacerse, se haría desde territorio colombiano. Duque y Trump ya han dejado claro que apuestan por la mano dura contra el régimen. No obstante, una intervención no solo provocaría un caos tremendo por la resistencia natural de las fuerzas de Maduro, sino que amenazaría las vías y las zonas seguras de todos los grupos criminales que operan en la zona.

Los grupos criminales transfronterizos han convivido durante estos años, sin grandes enfrentamientos entre ellos, nutriéndose de la red de control institucional que existía en el país. Podríamos decir que ha existido un acuerdo tácito de no agresión mientras se respetaran los espacios y objetivos de cada uno. Sin embargo, la amenaza de perder el control de las rutas de tráfico ilícito llevaría a una ruptura del delicado acuerdo de mínimos entre los grupos que operan en el suelo colombo-venezolano. Una intervención o conflicto interno en Venezuela llevaría a un “Sálvese quien pueda” y a la lucha por el control del mercado del crimen organizado. Ya se han vivido en alguna ocasión enfrentamientos entre las fuerzas del ELN y las vinculadas al Gobierno venezolano, por lo que ante una mayor presión no serían de extrañar los enfrentamientos directos entre grupos criminales.

Este enfrentamiento no se daría solo entre los grupos guerrilleros y las mafias de exparamilitares o ex-FARC con presencia en la zona, sino también entre las organizaciones venezolanas vinculadas al Gobierno chavista. La inestabilidad derivada de una intervención o fruto de un aumento de la crisis interna haría tambalearse todo el sistema cleptocrático y corrupto bajo el que operan grupos como el Cartel de los Soles o las Fuerzas Bolivarianas de Liberación o boliches —una guerrilla prochavista que opera en la frontera con Colombia— y que muchos vieran amenazado su sustento y el control de las redes criminales.

El contexto del narcotráfico y las redes criminales en la región colombo-venezolana corre el riesgo de feudalizarse si se lleva a cabo una intervención o estalla un conflicto interno en Venezuela. Los principales grupos y organizaciones armados que controlan las redes son el Cartel de los Soles y el ELN. Ambos comparten una característica que les ha permitido expandir y diversificar su actividad, pero que supone un riesgo: la descentralización de sus ramas y la falta de jerarquía interna. Frente a organizaciones más pequeñas de exparamilitares —como los Urabeños, que operan en la frontera norte de Colombia y tienen una organización más estructurada—, los Soles y el ELN destacan por la autonomía de sus células.

El mercado florece en el caos

Una crisis interna en Venezuela llevaría al enfrentamiento entre los grupos criminales, pero también al fortalecimiento de las rutas de narcotráfico y un afianzamiento de los actores implicados. En un contexto de inestabilidad, los grupos criminales pueden servirse del aún mayor vacío de poder para afianzar las rutas y las zonas donde desarrollar su actividad. Una crisis interna venezolana no solo daría la oportunidad de expandir el control territorial a las organizaciones criminales, sino que les daría acceso a armas y a una población con necesidades que puede incorporarse a sus redes de tráfico como forma de obtener un ingreso rápido.

Además, si la inestabilidad es fruto de una intervención desde la frontera colombiana, se corre el riesgo de provocar una contrarreacción de los grupos guerrilleros y que estos se hagan más fuertes en los estados fronterizos, con un alto porcentaje de plantación de coca y, por tanto, estratégicos para las redes criminales de la zona. La más que probable participación de Colombia en la intervención daría mayor razón de ser a las guerrillas como el ELN, que podría esgrimir el discurso de resistencia frente al Gobierno de Duque, y haría que el ya dañado proceso de paz y reincorporación con los exguerrilleros de las FARC empeorara.

Una de las aristas más peligrosas de este escenario de inestabilidad es la conexión que existe entre el Cartel de los Soles, las fuerzas fronterizas venezolanas, las guerrillas y las organizaciones criminales. En un contexto de crisis se corre el riesgo de que parte del armamento de las Fuerzas Armadas de Venezuela acabe en manos de redes y grupos que luchen más por defender su actividad criminal que por el Estado nacional. La entrada en los grupos criminales de armas pertenecientes al Ejército venezolano supondría una amenaza para todos los países de la región.

Una intervención en Venezuela supone una alteración del delicado equilibrio regional entre las fuerzas transfronterizas. El estallido de inestabilidad en el país, bien por una intervención exterior o como resultado de la crisis política y social que actualmente vive, tendría consecuencias en el crimen organizado en toda la región. En un momento en el que la tensión entre los Gobiernos de los dos países va en aumento, conviene pararse a pensar qué implicaciones tendría un conflicto y cómo se debe encarar esta crisis.